Tiempo en Capital Federal

24° Max 11° Min
Despejado
Despejado

Humedad: 45%
Viento: Sureste 27km/h
  • Lunes 25 de Octubre
    Despejado17°   29°
  • Martes 26 de Octubre
    Parcialmente nuboso19°   31°
  • Miércoles 27 de Octubre
    Despejado20°   29°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

El rock pos Cromañón

Las severas normas de seguridad para locales de música se cumplen poco y se controlan menos.

Por daniel-castelo
Email This Page

Buenos Aires cambió para siempre la noche del 30 de diciembre de 2004, cuando 194 personas murieron envenenadas por gases tóxicos. El hecho sintetiza algunas de las peores miserias que los laureles de la argentinidad al palo supieron conseguir. Además del castigo y la venganza que seguirán declamándose más allá de cualquier justicia, una de las consecuencias de la tragedia fue el recorte que sufrieron los músicos para encontrar lugares de expresión. La situación es compleja porque la normativa se endureció luego de Cromañón. La primera reacción fue a los tumbos, contra locales que debieron cerrar por no cumplir con casi ninguna regla, aunque también contra los que apenas faltaban a alguna norma menor.
Con los años y más allá de la sanción de leyes influenciadas por la tragedia (la última y más concreta, en mayo de 2007), los locales destinados a conciertos de rock han disminuido, a la vez que entre los «empresarios de la noche» (todo un mundillo) se difundió un sistema que perjudica a los grupos o solistas under. Obligados por un juego de oferta y demanda perverso, los músicos no sólo tienen pocos espacios para expresarse, también deben pagar por ellos.
«Los mejores lugares son los más caros», cuenta Cintia Contreras, productora del grupo de rock Fradiavolo, quien destaca la solidaridad entre los músicos independientes.
«Cuando una banda consigue un buen lugar, arregla con otra y se comparten gastos, si no es así el grupo pierde siempre, sea por los gastos o por la calidad de sonido del lugar», dice. En cuanto a costos, se maneja un mínimo de $ 300 por un show corto, de unas 7 u 8 canciones, «y que no sean largas», subraya Marco, de la agrupación punk Zombiz.
En otros casos, si los músicos pretenden subir la apuesta y tocar una hora, la tarifa puede llegar a mil y hasta $ 1.500. No pocas bandas tocan en lugares clandestinos, sin ninguna medida de seguridad. Algunos locales que cerraron en 2005 y reabrieron poco después, funcionan como si ninguna ley se hubiese aplicado. Quizá no esté de más, entonces, apelar a la definición lanzada por Hernán «Cabra» de Vega, líder de Las Manos de Filippi (cara activa de Músicos Unidos por el Rock) quien se refiere a los dueños de los locales nocturnos como «pequeños garcas bolicheros».

Como si nada

Por otro lado, pese a que desde la Legislatura se avanzó en normas para que los empresarios implementen medidas de seguridad correctas, son cada vez más las denuncias por irregularidades y las quejas contra lugares que parecen haberse convertido en talibanes de la contaminación sonora. Según la Agencia Gubernamental de Control (AGC) hay 118 los bares y boliches habilitados para ofrecer shows y fiestas. De esos, tres (Sodoma, de Recoleta; La Sureña, de Flores, y Bella Roma, de Saavedra) están suspendidos. Sin embargo, los números extraoficiales son bien distintos y llegan hasta los 800, entre los que se cuentan los «clubes de cultura», figura creada en 2005 por el gobierno de Ibarra para espacios de hasta 500 m2.
Según la AGC, para ofrecer shows, un local debe contar con dos salidas de emergencia señalizadas y sendos matafuegos, además de que no puede haber material inflamable y, sobre todo, la capacidad ocupada del lugar no puede superar las tres personas por metro cuadrado.
Hoy, la ausencia de salidas de emergencia es la falta más difundida. Los músicos que deben recurrir a lugares «irregulares» aceptan cualquier condición. Pero no hace falta recorrer mucho, con sólo darse una vuelta por los barrios, especialmente Palermo o San Telmo, el incumplimiento de las normas salta a la vista. Otra de las obligaciones que dejó de cumplirse es la relacionada con la organización de fiestas. «Un poco antes de pasar, los inspectores me avisan, entonces le pido a la gente que deje de bailar por un rato», cuenta el dueño de un local de Palermo, en el que se terceriza la organización de festejos. El negocio funciona así: un interesado en armar un evento contacta un lugar, se ocupa de la difusión y eventualmente de la música. Lo recaudado por las entradas queda para los organizadores y la barra para el local. También están los autodenominados «multiespacios», que no son otra cosa que galpones o centros culturales sin mayor actividad, alquilados desde $ 400 la noche. En algunos casos se permite que quienes arriendan también manejen la barra.
Un dato alarmante es que el Gobierno de la no actualiza la información online sobre el Código de Planeamiento Urbano desde hace varios años, situación peligrosa que se ve potenciada, además, porque el texto no se imprime desde 2007, algo que es aprovechado por los inescrupulosos para hacer de la letra chica de sus «contratos de palabra», una norma.

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario