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El riesgo de convivir con la chatarra

La historia del cementerio de autos junto a la villa Rodrigo Bueno.

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La historia oral de la villa Rodrigo Bueno, ubicada sobre Costanera Sur y a metros de la Reserva Ecoló­gica, cuenta que el barrió nació hace 28 años. El cementerio de autos, una línea recta y fina que lo bordea de punta a punta como si fuera un río, vino varios años después. “Los te­rrenos se los cedió la misma Reserva Ecológica a la Policía Federal. La idea era frenar el avance de la gente y que no se pueda construir más sobre ese lado”, cuenta Diego Armando Gon­zález, dueño de un almacen ubicado a unos cincuenta metros del cementerio de autos y delegado de la manzana 3 del barrio desde marzo.

“Soy el único delegado argentino”, cuenta el hombre que llegó desde Misiones a Buenos Aires hace 16 años y lleva 11 viviendo en el barrio. Una lesión le frustró su carrera como futbolista cuando ya jugaba en la reserva de Vélez Sarsfield, pero hoy tiene la esperanza que de que sus hijos mellizos –que a los 8 años ya hacen inferiores en Boca- algún día sí puedan cumplir ese sueño.

En 2004, cuando los vecinos hicieron la primera denuncia para pedir que se retire el cementerio de autos ubicado junto a la villa, él acaba de llegar al barrio y no tenía chicos. En 2010, cuando tras la de­nuncia de la Defensoría del Pueblo la Policía Federal retiró “un poco más de la mitad de los coches y sólo quedaron algunos rezagos”, sus hijos ya tenían cin­co años y llevaban bastante tiempo jugando entre la chatarra y los autos viejos.

“Los estudios que hizo el Hospital Argerich a chicos menores de 13 años decían que muchos tenían plomo en sangre y hasta tenían síntomas de intoxicación como vómitos, dolores de cuerpo o cabeza y ronchas en la piel. Yo ahí lleve a los mellizos a una clínica y le hice unos estudios pagos, que a uno le dieron positivo y al otro no. Desde entonces no es que los tenga encerra­dos, pero al menos intento que no se acerquen a los autos. Acá en el barrio tampoco hay un estudio bueno del agua. La verdad es que yo no les doy de la canilla, se supone que es la misma que toman en Puerto Madero pero a veces viene turbia. Hay filtraciones”, cuenta.

Los depósitos son de la comisaría 22 y de la 30, que tiene su predio vallado. El camino que corre pa­ralelo al cementerio es también la principal vía de en­trada de mercadería a la villa, ya que la otra entrada es por un pasillo estrecho por el que no pasan los vehículos. En el extremo que da a la avenida España al 1.800, hay una garita de la policía que impide la descarga de materiales de construcción, cuya entrada está prohibida. “Está claro que somos un grano en el orto de Macri, porque estamos en la zona más cara de la ciudad”, explica el almacenero y se ríe.

González dice que él y otros vecinos tienen senti­mientos encontrados respecto al cementerio. “En par­te, gracias a que la Policía está acá, es un barrio seguro y de gente trabajadora. A la vez, está claro que la única forma de que los chicos no se enfermen es alejando el foco de contagio. Pero por lo bajo, muchos creen que es mejor que no los retiren porque si no se van a ocupar esas tierras sin dar tiempo a que las limpien. Y eso en parte es cierto, porque donde se quitaron los autos, inmediatamente alguien construyó”.

DZ/km

Fuente Redacción Z
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