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El refugio del fumador

Tabaquerías y clubes, la opción para pitar sin prohibiciones.

Por helena-segat
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Si usted es de los que se sienten cada vez más hostigados por las prohibiciones de encender ciga­rrillos donde antes era aceptado, puede que las últimas novedades le provo­quen fugas de humo hirviente por las ore­jas. Desde hace pocos días entró en vigor la ley que prohíbe el consumo de tabaco en todos los espacios privados donde funcio­naban los «sectores para fumadores».

Está visto que fumar en Buenos Aires, cuyo presupuesto sanitario se gasta en un 12% para curar enfermedades vinculadas con el tabaquismo, será algo cada vez más parecido a una excentricidad. Sin embargo, quienes por diversos motivos se resistan a abandonar el cigarrillo, la prohibición pue­de resultar una oportunidad para conocer un circuito histórico y a la vez casi secre­to: las tabaquerías y sus clu­bes de fumadores.

Las más tradicionales están alrededor del centro porteño, como Casa Lotar, Tabacom o la clásica Taba­quería Inglesa. El propieta­rio de esta última explica: «La membresía para pasar a fumar en nuestros salones no se cobra a los clientes habituales, pero el pre­cio mensual ronda los 50 pesos». Fumar un buen cigarro en Tabaquería Inglesa (Para­guay 553) combina lo sibarita con lo esté­tico: además de 120 lockers donde cada cliente puede guardar hasta el momento oportuno sus cigarros -cubanos, dominica­nos, nicaragüenses, hondureños o de otros países-, el lugar cuenta con un salón fuma­dor abierto en medio de un bello jardín y otros dos salones cerrados, equipados con una barra de tragos -las bebidas espirituo­sas suelen ser un buen acompañante- con televisores.

En estos espacios, por lo general equi­pados con extractores de humo, la presen­cia de nuevos curiosos comienza a notarse. «El ejecutivo de una empresa, al que ya no le permiten fumar en su oficina, viene a tra­bajar desde acá», explican en Tabaque­ría Inglesa. «Además de cigarros, también ofrecemos tabaco para armar o para la pipa», explica Pablo Weill, de Vuelta Abajo (Vuelta de Obligado 1932), en Belgrano. «Muchos pien­san que las tabaquerías son espacios para una elite, pero hay buenos cigarros desde tres pesos», explica y cuenta que son cada vez más los jó­venes interesados en reempla­zar los cigarrillos industriales por los puros artesanales.

Entre los clientes de una tabaquería céntrica, hay quienes objetan la idea de una ciudad libre de humo: «Prohibir el humo de los cigarrillos no sirve cuando el gasoil mal quemado de cualquier colectivo daña­do contamina más que todos los cigarrillos de un año», dispara un hombre de unos cincuenta años, mientras le da una exten­sa bocanada a un puro. La posibilidad de descubrir el antiguo placer del buen tabaco puede abrir todo un mundo nuevo.

DZ/km

 

Fuente Redacción Z
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