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TEMAS DE LA SEMANA

El Pro debate cómo romper sus límites

Mauricio Macri no logró volver enamorar a sus propios electores de la ciudad, que muy probablemente estén valorando la “gestión local” antes que sus cualidades presidenciales.

Por Laura Mendoza
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El primer gran test electoral, transitado el domingo pasado en medio de una tempestad, dejó un sabor amargo en el macrismo y probó una vez más que la teoría de la pureza étnica partidaria insuflada por el teórico Jaime Durán Barba es, al menos, dos cosas: una tendencia autodestructiva; y también motivo de castigo del propio electorado al que no pudo fidelizar.

Pruebas al canto: los candidatos de Cambiemos, sumados sus porcentajes, no alcanzaron a superar los votos que ya habían sumado en total Horacio Rodríguez Larreta y Gabriela Michetti en las Paso locales del 26 de abril. La respuesta a este interrogante es obvia: Mauricio Macri no logró volver enamorar a sus propios electores de la ciudad, que muy probablemente estén valorando el rubro “gestión local” más que las cualidades presidenciales del Ingeniero.

Nadie, es cierto, tiene comprado ni cautivo el voto de la ciudadanía, aspecto que se profundizó con la crisis política del 2001 y se plasmó en el “que se vayan todos”. Pero en el caso de la exigua performance del Pro –comparado con las expectativas- se vio claramente que las indefiniciones y volteretas discursivas pueden no ser gratuitas: el discurso de la obra pública eficaz deja de serlo cuando asoma el flan ideológico.

Con los resultados a la vista –la foto del domingo muestra un escenario de balotaje a pesar de los casi 15 puntos de diferencia que Daniel Scioli le sacó a Macri- la mesa chica del macrismo entró en estado deliberativo. ¿Las encuestas propias fallaron? Sí, porque su instrumento es básicamente el teléfono, al que no todos acceden. ¿Es posible una negociación tardía con los renovadores de Massa, que aparecieron en el firmamento para romper la estrategia de la polarización? ¿Y qué se puede negociar?

Desairados por Macri, los del Frente Renovador apuestan a ser ellos quienes protagonicen la pelea con Scioli en el balotaje, aunque intentarán al menos un acuerdo post 25 de octubre, fecha de las elecciones generales, como están pidiendo José Manuel de la Sota y Julio Cobos, ambos partidarios en su momento de la gran Paso opositora. De la Sota y Cobos no se cansan de decir por estos días que aquella hubiera sido la solución y señalan los casos de Jujuy, Mendoza y Santa Cruz donde la aglomeración logró vencer al kirchnerismo. Las Paso demostraron que el sectarismo del Pro les jugó en contra no solo en Santa Fe y Córdoba, sino en el propio bastión de la Capital Federal. Todo lo cual indica que Macri, si quiere llegar al balotaje, deberá romper los límites partidarios autoimpuestos por una estrategia que, a la luz de los resultados, parece salida más de un laboratorio genético que de la realidad de un país con un electorado que no regala nada.

DZ/sc

Fuente Redacción Z
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