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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

El patrón de la vereda

Bares y restaurantes invaden el espacio público con mesas, sillas y sombrillas.

Por daniel-castelo
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La Ciudad tiene un total de dieciocho millones de metros cuadrados ocupados por vere­das, lo cual, se supone, es espa­cio ganado para el ciudadano de a pie, que transita por una Bue­nos Aires que, sin embargo, se le vuelve cada día más hostil. Aun tráfico caótico y una contamina­ción visual apabullante, el pea­tón debe sumar a sus padeceres diarios una tendencia que pare­ce crecer sin freno, y que tiene que ver con comercios gastronó­micos que avanzan sobre el es­pacio público, sobre las veredas, recortando el margen de quie­nes caminan.

La defensora del Pueblo por­teña, Alicia Pierini, calificó la si­tuación como «escandalosa» y afirmó que «los comerciantes no pueden invadir las veredas, se tra­ta de una ocupación indebida del espacio público».

Desde el Gobierno de la Ciu­dad, en tanto, el Ministerio de Ambiente y Espacio Público que comanda Diego Santilli recibe cada mes cerca de dos mil recla­mos por ocupación indebida de veredas. La respuesta institucional es casi inexistente: 80 inspectores recorren de forma cuatrimestral los -vale la reiteración- 18 mi­llones de metros cuadrados con los que cuenta la Reina del Plata. números tangibles, equivale a que cada inspector debe contro­lar por sí solo la friolera de 2.250 veredas.

Hay que pagar

La Ley 2998, aprobada en 2009, reglamenta la ocupación de veredas por parte de los lo­cales comerciales y, entre otros ítems, se encarga de los bares y restaurantes en un apartado es­pecialmente dedicado al uso de espacio público por parte de los comercios que colocan sus mesas y sillas en las veredas.

Un local ubicado en una zona de cobertura que incluye los barrios de Belgrano, Recoleta, Palermo, Puerto Ma­dero y el Centro debe pagar $338,10 men­suales por cada mesa con sus correspon­dientes sillas. En caso de pertenecer a ave­nidas menos transita­das, el valor a abonar es de $241,50. Si el comercio se encuen­tra en calles pequeñas o barrios que no per­tenecen a la categoría conside­rada como ABC1, el costo es de $70,15 por mesa.

Lo curioso es lo ínfimo que resulta el monto a pagar, tenien­do en cuenta que el precio del cubierto promedio en los comer­cios gastronómicos de los ba­rrios que más pagan de canon, es de entre 60 y 70 pesos.

Según un relevamiento reali­zado por Diario Z, un local con un nivel aceptable de comensa­les diarios obtiene por cada mesa ubicada en la vereda más de $400 por jornada. Es decir que los $338,10 por mes que marca el canon se pagan con un ingre­so por «mesa afuera» de más de doce mil pesos en el mismo pe­ríodo de tiempo.

Tal como indica la normativa que lleva adelante la cartera a car­go de Santilli, los comercios que desean colocar mesas y sillas en la vereda, además de exhibir o pre­sentar la documentación básica requerida, deben, una vez obteni­do el permiso y realizado el pago del canon, respetar normas ta­les como instalar mesas que no midan más de 75 x 50 centíme­tros, o con un diámetro de hasta 60 cm. Las mesas deben estar si­tuadas sobre el borde de la vere­da y no junto al local, además de que el espacio que deben dejar li­bre para la circulación de los pea­tones es de 1,80 metro.

Si bien los responsables de los comercios consultados por Diario Z dijeron estar al día con la ley, la realidad indica que más allá de lo que dice la fría letra de los articulados le­gislativos, las normas que deben cumplir para la instalación de mo­biliario en la vía pública están le­jos de ser respetada.

Una recorrida por la Ciudad deja en claro que los barrios más comprometidos en este punto son Palermo, Recoleta y Belgra­no, en este caso especialmente el sector de Las Cañitas (con la ca­lle Báez, a la cabeza, transforma­da en territorio tomado por res­taurantes chic).

«Antes salía de mi casa y para llegar a la esquina lo único que tenía que esquivar era lo que de­jaban los perros y los dueños no recogían. Ahora tengo que pa­sar entre las mesas y pedir per­miso a los que están tomando algo o comiendo», dice con fas­tidio Marcela, vecina de un restó de moda de Palermo Hollywo­od, la zona más sobrepoblada por locales gas­tronómicos en toda la Capital Federal.

Allí, sobre todo entre los negocios cerca­nos a la Plaza Ju­lio Cortázar, las mesas apabu­llan al caminan­te. Moverse en­tre las múltiples sillas ubicadas sin el menor crite­rio vecinal es casi un deporte de riesgo, a la vez que en horas de alta concentración de gente (fi­nes de semana por la noche, so­bre todo) resulta una utopía in­tentar tomar algo en una de esas mesas sin alienarse. Por supues­to, para los vecinos con discapa­cidad motora transitar la zona es imposible. Por otro lado, el col­mo se encuentra en locales que no conformes con la sobrepo­blación de mobiliario, colocan mesas que hasta duplican los ta­maños permitidos.

Javier Miglino, titular de la organización vecinal Defenda­mos Buenos Aires, pone el acen­to también en los puestos de flores y los kioscos de revistas. Asegura que desde la asunción de Mauricio Macri al frente de la Jefatura de Gobierno «proli­feraron los puestos de flores un ciento por ciento, hay esquinas por las que ya no se puede pa­sar», señala, y pone como ejem­plo la ubicada en República de la India y Cerviño, donde con­viven un local de comidas rápi­das con un gigantesco puesto de venta de flores.

«Hay veredas en las que ape­nas dejan 50 o 60 centímetros para pasar», señala Miglino, re­marcando una situación que se repite a lo largo de todos los ba­rrios a causa de la invasión des­medida de las veredas por parte de los comercios. Según afirma, el antecesor de Santilli en la car­tera de Espacio Público, Juan Pa­blo Piccardo, les había prometido que de los 30 inspectores que re­cibió en el Ministerio, iban a pa­sar a haber unos 300. Evidente­mente, los 80 con los que cuenta en la actualidad distan mucho para hacer frente a una realidad que parece descontrolada ante un Estado que en este punto de­muestra una clara impotencia institucional.

Fuente Redacción Z
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