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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

El otro subsuelo sublevado, por Eduardo Blaustein

Descenso de producción de combustibles y aumento de la conflictividad por minería a cielo abierto.

Por Eduardo Blaustein
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No por la meteorología sino por la política, febrero se está calentando lo suyo. Falta que la oposición termine de desperezarse y elongar -da la sensación que ni eso- y podremos decir que comenzó definitivamente el año político, dejando en segundo plano al año playero. Varias cosas se enciman y entran en zona de definiciones. Ninguna es menor:

• La quita de subsidios en el transporte público, con el Gobierno como temiendo sus propios anuncios en la materia.

• Las eventuales acciones de presión contra las petroleras (básicamente Repsol/ YPF) para que incrementen su producción, acciones que fueron previstas en el documento que firmaron la semana pasada el Estado nacional, las provincias productoras y los gremios ligados a la actividad.

• Tal parece que las provincias mineras también están estudiando el modo de responder a los conflictos y movilizaciones derivadas de la minería a cielo abierto, especialmente en La Rioja y Catamarca.

• Hablando de un febrero relativamente caliente, nunca se sabe en una sociedad discutidora como la nuestra cuándo puede variar la sensación térmica. El aumento en las dietas de los legisladores, difundido cuando comenzaron las paritarias (aunque se anunció a fin del año pasado) y cuando se vienen posibles subas en los servicios, puede generar un malestar social que hace tiempo no se respira. Observación: cualquier periodista estrella de radio y tevé que se santigua ante ese aumento que se dieron nuestros legisladores, gana entre bastante y mucho más que ellos. Algo parecido sucede con infinidad de gerentes de empresa. Inequidades, hipocresías.

• Una eventual suba, como la que se rumorea, del mínimo imponible del impuesto a las ganancias ayudaría no sólo a adelantarse o compensar en parte un eventual malestar sino a descomprimir algo más la relación entre el Gobierno y parte del sindicalismo, acaso tachando de la lista una de las reivindicaciones planteadas desde el sector que lidera Hugo Moyano, al igual que las dos CTA. Hablando de Moyano, tal parece que Omar Viviani, alguna vez leal a otros liderazgos, cada día se aparta un paso más del camionero.

• Hablando de sindicalismo, el tiempo pasa y cada vez falta menos para junio, el mes en que deben renovarse las autoridades de la CGT. A este paso pinta que el Gobierno saldrá relativamente tranquilo de ese frente de conflictos.

La foto, la peli

La lista de temas mencionada, con lo que tiene de arbitraria y modificable, muestra que jamás en política hay que quedarse en las fotografías del día, la semana o el mes. Menos aún descansar arriba de esas imágenes. El Gobierno, generalmente superactivo, viene de anotarse unas cuantas a favor desde las elecciones: paró las corridas del dólar, comenzó a recortar subsidios sin que saltaran térmicas, pelea por mantener el superávit comercial con medidas en general atinadas, administra sin mayor costo el conflicto con Moyano, aumentó notoriamente las jubilaciones mientras siguió bajando el desempleo, inició una acertada ofensiva diplomática por Malvinas. Esos goles y los que se hizo en contra la oposición redundaron en una mejora de la imagen presidencial, incluso por encima de la que se medía en octubre pasado.

El Gobierno viene de ese tramo de película a favor pero ahora -como siempre- se vienen nuevos suspensos, conflictos, desafíos, algunos de ellos originados en lo que no se hizo bien. Hasta el mal apurón final para que todo el mundo se hiciera de la tarjeta SUBE, las cosas venían calmas. El último spot que de alguna manera echa la culpa a los usuarios y los apura aún más es una pieza comunicacional poco feliz. La falta de información oficial acerca de cómo y a quiénes se aplicará la (eventual) quita de subsidios y cuánto valdrá el transporte ayuda a crear confusión.

Ahora bien: si se pondera el cuidado que los gobiernos kirchneristas han tenido por salvaguardar y acrecentar la capacidad adquisitiva de la gente, más su sensibilidad en la relación con los sectores populares, habrá que creer que lo que venga no será el mazazo asestado por Mauricio Macri parejamente a todos apenas recibió la administración de los subterráneos (a la hora de escribir estas líneas, el hombre amenaza de un modo un tanto extorsivo con devolver lo que acaba de serle cedido). Pero como el gobierno nacional no termina de hablar claro sobre la cuestión y viene dejando el manejo comunicacional del tema en Juan Pablo Schiavi, quien intenta hacerlo en pavorosa soledad, la cosa, esta foto en particular, se pone borrosa.

Lo que se mueve por abajo

Hay sectores del kirchnerismo a los que les fascina -bien que hacen según sea la circunstancia- afirmarse en viejas liturgias y literaturas, como la expresión que habla del «subsuelo de la Patria sublevado». El subsuelo se está rebelando en estos meses, pero no el social sino el geológico. Lo quiera o no, incomodado por sentirse cuestionado «por izquierda», el Gobierno comienza a afrontar con algunas dificultades el bruto descenso de la producción de combustibles, así como la conflictividad social por la minería a cielo abierto que por ahora se mantiene focalizada en un par de provincias.

Que las provincias mineras recién ahora impulsen la iniciativa de articular encuentros y políticas comunes, y que sólo por iniciativa del gobierno nacional se haya reactivado la Organización de Estados productores de Hidrocarburos (Ofephi), habla de hasta qué punto en este país se sanatea y/o declama cuando se habla de federalismo. Dicho de otro modo más suave: que estas cosas recién surjan ahora revela hasta qué punto son débiles las provincias cuando se trata de relacionarse con las corporaciones.

¿Se entenderá que la participación popular, como la registrada en La Rioja, puede ayudar a fortalecer la institucionalidad y dotar de más consistencia política a esas provincias a la hora de plantarse frente a los intereses privados? La pregunta es ingenua cuando se trata de confrontar con parte de lo que somos, especialmente en aquellos distritos donde las tramas de poder son más bien opacas y se tejen a espaldas de la gente.

Una vez en los 90, en plena intervención federal, una docente correntina le dijo a este cronista: «Aquí no llegó la Revolución Francesa». Quizá la frase repetida desde Capital Federal, donde tampoco andamos tan bien, suene jactanciosa. Especialmente en geografías donde anida (y/o se manipula) un cierto sentimiento paranoico cuando los porteños meten las narices.

Esta vez al menos está muy claro: los que vienen protestando largamente y con buenos argumentos son catamarqueños y riojanos profundos.

DZ/km

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