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El ocaso de los locutorios

De los más de 20 mil locales que operaban en 2000, hoy se mantienen abiertos unos 6.000.

Por Patricio Eleisegui
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A los tropezones, y sin disimular su condición de resabios de otros viejos y mejores tiempos, los tradicionales locutorios enfrentan el día a día con un único objetivo a cumplir: evitar la desaparición. Sucede que más allá de su ingreso en el segmento de la conectividad a internet, el sector no ha hecho más que achicarse en los últimos diez años, y hoy evidencia una disminución en la cantidad de locales cercana al 70 por ciento.

La expansión de la telefonía fija y móvil, sumada a la suba en la penetración de la banda ancha, pone de rodillas un nicho que, lo aseguran los empresarios del sector, se encuentra muy cerca de perecer. Desde la entidad que aglutina a los propietarios de estos emprendimientos incluso no tienen reparos en afirmar que «el locutorio que todos conocíamos ya no existe».

Según estimaciones de la Cámara Argentina de Locutorios, en la actualidad quedan apenas 6.000 comercios de este tipo distribuidos en todo el país, mientras que a principios de la década ese número merodeaba los 20 mil locales instalados. De la primera cifra, sólo 1.050 operan en Capital Federal.

«El sector se ha desfigurado por completo. Sólo la posibilidad de transformarse en cíbers o en centros de copiado y kioscos permite que muchos lleguen a fin de mes manteniendo un cierto margen de rentabilidad. Pero para ser sinceros, los empresarios del segmento presentimos que ya no hay posibilidades de revertir la situación», comentó Bernardo Montenegro, presidente de la entidad.

«La expansión que se dio con la privatización de las telecomunicaciones generó una sobreoferta que, luego, no pudo sostenerse ante la llegada de más servicios telefónicos al hogar. Por otro lado, los dueños tampoco respetaron cuestiones como la distancia que había que mantener entre un locutorio y otro, y demás detalles. Todo derivó en un cóctel que ahora casi se ha vuelto irreversible», añadió.

Tres años después del desembarco de gigantes como Telefónica de España, las «telcos» liberaron la entrega de licencias de explotación dando origen, entre otras consecuencias, a la proliferación indiscriminada de cabinas en áreas geográficas reducidas pero de gran concentración de potenciales clientes. «La falta de un nuevo control en ese sentido rebajó fuertemente el nivel de rentabilidad. A eso hay que sumarle que, además, las telefónicas redujeron el valor de las comisiones y en paralelo subieron costos del negocio como los alquileres», señaló Montenegro.

Para Enrique Carrier, titular de la consultora Carrier & Asociados, el achique que evidencia el negocio de los locutorios responde «a que en su momento pudo más el sentido de la ganancia rápida antes que la posibilidad de pensar en una fuente de rédito a largo plazo».

Como muestra, basta un botón: un locutorio en Once tenía una facturación de 100 mil pesos en 2000: hoy, apenas llega a los 30 mil.

DZ/KM

Fuente Redacción Z
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