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TEMAS DE LA SEMANA

El Obelisco, un símbolo de modernización

La licenciada en Artes y doctorada en Teoría e Historia del Arte de la UBA, Catalina Fara, analiza los cambios del paisaje urbano de la avenida Corrientes y alrededores en las décadas del 20 y del 30.

Por Roberto Durán
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Pasa con muchos monumentos y edificios. Pasa en estas grandes ciudades y también en otras más pequeñas. A veces, de tanto ver algo, dejamos de prestarle atención. Como si la repetición de una imagen la vaciara de sentido. ¿Cuántas veces un habitante de esta ciudad pasa por el Obelisco? ¿Alguna vez nos preguntamos algo sobre ese monumento de hormigón armado, hueco por dentro, que se hizo para celebrar los 400 años de la fundación de la ciudad? ¿Qué cosas de este bloque de 67 metros nos remiten a la ciudad actual? Licenciada en Artes y doctorada en Teoría e Historia del Arte de la UBA, Catalina Fara es autora del trabajo “Coqueta, vivaz, risueña, como una piba porteña”, en el que analiza los cambios del paisaje urbano de la avenida Corrientes y alrededores en las décadas del 20 y del 30.

El Obelisco se inauguró en el año 36. ¿Cómo era el contexto político y cultural de esa Buenos Aires?
El Obelisco, de alguna manera, fue la culminación de un proceso de modernización de la ciudad. Esas obras, impulsadas por Marcelo T. de Alvear, fueron la ampliación de la Plaza de Mayo, la apertura de la Avenida de Mayo y de las diagonales. En el momento del Centenario, se agregaron algunos monumentos, como el Teatro Colón y el Correo. El gran proyecto pendiente era la avenida norte-sur –o sea la 9 de Julio–, que se hace bajo la intendencia de Julio Molina y Vedia. Dentro de los festejos por los 400 años de la primera fundación de Buenos Aires se planeó la construcción de un monumento.

¿Qué otras acciones se realizaron en esa década en torno a esa modernización?
Bueno, un ejemplo claro de estos cambios urbanísticos son los rascacielos. El edificio Kavanagh –de hormigón armado como el Obelisco–, se inaugura en el 36 y es un ícono de la Buenos Aires moderna. Los edificios altos, como el Comega y Safico, se convierten en la cara que quiere mostrar la ciudad. Antes, se miraba a París. A partir de los 20 y 30, los modelos aspiracionales pasan a ser Nueva York y Chicago. La modernidad estaba puesta en esas construcciones.

Todas esas obras implicaban la destrucción de una ciudad relativamente nueva.
Esa otra ciudad va desapareciendo en pos de una nueva y moderna. Era la ciudad del Centenario porque la colonial ya había desaparecido. Se estaba destruyendo en pos de algo nuevo. Cuando el Obelisco aún se estaba construyendo, al mismo tiempo se remodelaba Corrientes. Para hacer el Obelisco se derribó la Iglesia de San Nicolás, un sitio paradigmático porque le da nombre al barrio y porque dicen que fue el primer lugar de Buenos Aires donde flameó la bandera argentina. La idea era exhibir a Buenos Aires ante el mundo como una ciudad moderna, pujante y renovada. En el Centenario, la ciudad quiso alojar la celebración. Pero en el 36 Buenos Aires se celebra a sí misma. Y el Obelisco es el gran símbolo de esa celebración. El mensaje es claro: “Queremos este modelo para el futuro”.

¿Alberto Prebisch, a cargo de la construcción, encarnaba esa idea de modernidad?
Claro. Él fue un arquitecto alineado con los lenguajes de vanguardia; no sólo me refiero a la arquitectura sino también a las artes plásticas. Es un hombre muy cercano al grupo de Martín Fierro, Jorge Luis Borges, Xul Solar y Emilio Petorutti. La cuestión del nacionalismo se mezcla con la irrupción de las vanguardias. Prebisch trae un lenguaje despojado, que tiene que ver con el racionalismo. Es interesante lo que hace con el Obelisco; como símbolo, existe desde el antiguo Egipto. Él toma ese símbolo clásico y lo transforma en algo moderno, a través de los métodos constructivos. La construcción se hace en hormigón armado, que era lo último de la tecnología en ese momento. Y despoja a la obra de cualquier tipo de decoración. En suma: figura y materiales puros para transformar un objeto antiguo.

¿Es cierto que cuando le preguntaron a Prebisch qué significaba el Obelisco dijo “nada”?
Está ese mito, que aparece en muchos relatos. Quizá buscó despojarlo de todo significado, que no sea el conmemorativo por los 400 años de la fundación de Buenos Aires. También hay en esas palabras un contenido político. Alrededor de la construcción del Obelisco hubo grandes polémicas sociales y políticas. Tené en cuenta que se construyó en sólo cuatro meses, por decreto y sin consultarlo con el Concejo Deliberante. Durante mucho tiempo se lo tomó como un monumento autoritario. Quizá las palabras de Prebisch buscaban bajar esa polémica.

Además de eso, recibió duras críticas y hasta llegó a tener una orden de demolición.
Se lo quiso demoler desde el primer momento. El escritor Ezequiel Martínez Estrada lo llamaba “adefesio que no sirve para nada” (alguna vez escribió: “Moderno trasunto del altar común en la edad de piedra, cuya reminiscencia de un culto fálico ha sido captada por el pueblo bajo, tan propenso a revivir estados arcaicos de la psique”). El arquitecto Alejandro Bustillo también lo atacó desde lo estético; él veía con malos ojos a esta corriente del racionalismo. El diario La Prensa también fustigó al monumento.

Los parisinos también repudiaron la construcción de la Torre Eiffel. ¿En qué momento el Obelisco se convirtió en un ícono de la ciudad?
Vos nombraste a París y fijate que el ingeniero Gustave Eiffel quiso desarmar la torre cuando terminó la Exposición Universal de 1889. Apenas se inauguró, el Obelisco se convirtió en un elemento paradigmático de la ciudad. Una ciudad que dice: “Acá estoy”. Una ciudad que se celebra a sí misma, sin importarle el resto. Hay cierto ombliguismo. Se puede pensar el federalismo a partir del Obelisco. Con ese monumento, la ciudad se planta como centro del país. Por un lado, hay una operación oficial para instalarlo como símbolo de la ciudad. Pero también, paralelamente, comienza a aparecer en publicidades de muebles, bebidas y otros productos.

¿También se instaló la idea de que el Obelisco es para festejar y la Plaza de Mayo para protestar?
Son cosas que se van construyendo con el tiempo, que carga de significado a los monumentos. El Obelisco y la Plaza de la República se fueron convirtiendo en un espacio de celebración, con más fuerza después de la dictadura. Esa misma carga simbólica hace que, como símbolo, perdure en el tiempo.

Y que otros nunca lleguen a serlo. Pienso en la idea del ex presidente Carlos Menem de hacer del Puente de la Mujer el nuevo símbolo de la ciudad.
Claro. Nunca pasó nada en el Puente de la Mujer. Me refiero a nada que uno pueda relacionar con algún hecho histórico importante.

Me quedé pensando en las palabras de Prebisch. Un monumento que no significa nada y que es hueco por dentro. Toda una definición.
No lo había pensado. El Obelisco de Washington es un monumento macizo. El nuestro es hueco. Pero lo hueco, en realidad, es una destreza constructiva y de la estructura metálica interior. No creo que Prebisch lo haya pensado como una cosa simbólica. Otros dicen también que nosotros podemos ver al Obelisco desde la ciudad, pero que nadie puede ver a la ciudad desde el monumento, como ocurre en París con la torre. Nunca fue la idea hacer una construcción habitable.

DZ/ah

 

Fuente Redacción Z
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