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TEMAS DE LA SEMANA

El mundo que se viene encima

Por Eduardo Blaustein. El alerta amarillo en la economía nacional con pronósticos contradictorios

Por Eduardo Blaustein
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Que el gobernador Daniel Scioli haya decidido pagar en cuatro cuotas el medio aguinaldo de centenares de miles de trabajadores estatales habla no sólo de su eventual impericia en la gestión sino también de un alerta amarillo en el tablero de la economía nacional.

A la hora en que se escriben estas líneas comienzan las protestas y movilizaciones en la provincia, incluyendo el doble paro de los docentes. Esos paros, se sabe, tienen un doble impacto en la opinión pública porque perturban las rutinas de las familias que tienen hijos en las escuelas y colegios.

A Daniel Scioli le va a costar salir de este brete con gigantografías color naranja o con esas frases suyas que no dicen nada. En realidad, en estos mismos días, no está diciendo nada y los últimos anuncios según los cuales se descartó la posibilidad de privilegiar el pago del medio aguinaldo de los salarios más bajos, tanto como los relacionados con la reducción de horas extra o una merma de la obra pública, corrieron por cuenta de otros funcionarios bonaerenses.

Detrás de los problemas financieros de las provincias -no sólo la de Buenos Aires- subyacen asuntos estructurales y tradiciones políticas. El intríngulis de la coparticipación, complejísimo de desatar, no fue afrontado por ningún gobierno desde los 90. Más allá de cuán viable pueda ser la siempre invocada reforma fiscal progresiva (es más simple declamarla en los papeles que hacerla funcionar), es de rutina que los gobernadores no se atrevan a recaudar imponiendo tributos a quienes más tienen, ya sea por el perfil conservador que arrastran o pactos de convivencia no firmados. Sucedió con la provincia de Buenos Aires: sólo ante el doble apriete de un cuadro difícil y de la presión del gobierno nacional, Scioli osó elevar con moderación lo que tributan los dueños de la tierra.

Cuando llegan los tiempos de estrechez se busca el respaldo de Nación. Si el gobierno nacional estaba o no en condiciones de darle otra mano financiera a Scioli o si optó por condicionarlo al no entregarle más fondos es algo que sólo conocen quienes manejan los números más finos de la recaudación y las proyecciones económicas en un mundo que cruje.

El modo kirchnerista
«El mundo se viene encima», «Tenemos que cuidar el mercado interno y el empleo», o las referencias permanentes a las crisis y ajustes en Europa es el modo que adoptó el kirchnerismo nacional para no terminar de decir que este año económico va a ser cuesta arriba. Hay noticias preocupantes sobre cierres de establecimientos agropecuarios o suspensiones de personal en fábricas, muy a menudo ligados a las dificultades de exportación en un mundo que, como la Argentina, se cierra. Hay otros indicadores de consumo y construcción que caen. El escenario político cruzado con el económico se parece al de 2008-2009, también un período de pico de crisis global del que era imposible aislarse. En aquel tiempo se sumó, impactando en el escenario político argentino, la sequía y la Gripe A.

Pero hay también diferencias sustanciales: el kirchnerismo revalidó como nunca en octubre pasado su consistencia política. La oposición no puede volver a camuflarse como Grupo A ni alcanza siquiera a asomar proyectos que le den alguna espesura. Las dificultades y/o desgastes más fieros para el oficialismo provienen desde fuera de la política partidaria y de sus fallas (inflación, Moyano, Dragones, inseguridad, los medios opositores). La recaudación fiscal aparece, dificultosamente, sostenida en el mercado interno. También se plantean dudas nuevas: en términos de reactivación económica o de generación de empleo, ¿darán los tiempos de gestión para que el Plan Procrear de construcción de viviendas, los nuevos créditos para jubilados o las inversiones ferroviarias o petroleras tengan un efecto virtuoso? En todos los casos, lo que se juega es la sintonía fina. Los pronósticos confunden o son intencionados: mientras las portadas de ciertos diarios ya hablan de crisis y los economistas de la City de recesión, expertos de la Cepal sostienen que las cosas no son tan graves y que el que viene será un mejor año, con una previsión de crecimiento del 4% para América Latina.

El ruido y el medio plazo
En ese sentido, los conflictos ya sea con Scioli o Moyano, más las tragedias derivadas de la inseguridad, se convierten en pérdida para el Gobierno cuando, con ayuda de los encuadres mediáticos, aparece como atorado en esos problemas en lugar de poniendo a trabajar la maquinaria estatal o desatando las fuerzas de la producción y el trabajo. En las últimas semanas se dejó de hablar de iniciativas fuertes como el relanzamiento de la política petrolera o el plan Procrear. En el primer caso, hay escasa comunicación sobre lo que se está haciendo. Fuentes que trabajaron en la petrolera dicen que el todavía flamante CEO de YPF, Miguel Gallucio, no gozaría de la autonomía que necesita para manejar los recursos de la empresa y hacerla crecer. En otro terreno de gestión, el del transporte público, no se supo de nuevos avances en la creación del ente metropolitano. A la vez, trascendió que el Gobierno estaría por hacer anuncios relevantes sobre inversiones en las líneas Sarmiento y Mitre. Algo similar sucede con las inversiones provenientes de China para la mejora del Belgrano cargas.

El ruido de los paros y movilizaciones de Hugo Moyano, debilitado por errores propios, va quedando atrás. Lo que se vislumbra es lo previsto: una nueva partición de una CGT que hace añares que no está unida. Curioso paisaje: habrá dos CGT, dos CTA, más el espacio gremial que lidera Luis Barrionuevo, más el fenómeno creciente de quienes buscan abrirse de sus sindicatos madre: desde los metrodelegados a los Dragones. Cómo imaginar ante esos fragmentos, las disputas judiciales que vengan en torno del confederal de la CGT, o la violencia estallada en Cerro Dragón un mejor debate acerca del modelo sindical ideal o la democratización de los modos de representación. Menos posible es imaginar una mejor construcción real de ese complejo sistema de representaciones. Como en la política partidaria, el proceso, desde siempre y a futuro, trasciende largamente los nombres propios con que se deleita el periodismo, entre otros el de Hugo Moyano.

 

DZ/sc

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