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El mosquito del dengue se expande en la Ciudad

Científicos de la Facultad de Ciencias Exactas afirman que el número de aedges aegypti se duplicó entre 1998 y 2014 en el ámbito porteño. Los controles no fueron eficaces.

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Los mosquitos transmisores del dengue son cada vez más numerosos en la Ciudad de Buenos Aires. Las conclusiones son del Grupo de Estudio de Mosquitos (GEM) del Instituto de Ecología, Genética y Evolución, perteneciente a la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y al CONICET.
El estudio abarcó 200 puntos de la ciudad y analizó la presencia del mosquito Aedes aegypti  en ellos durante 16 años. También se vinculó esa presencia con el clima.

La evidencia es que la cantidad de mosquitos es cada vez mayor,  que avanzan sobre nuevas zonas de la Ciudad y que ha aumentado el período de riesgo epidemiológico.

El trabajo de estos científicos ha sido publicado por una prestigiosa revista, el Bulletin of Entomological Research. Como el Aedes Aegypti es propio de climas tropicales, la investigación aporta datos poco conocidos de su presencia y evolución en clima templados.

El Aedes aegypti, mosquito transmisor del Dengue, Zika, Chikungunya y  de la fiebre amarilla urbana, reapareció en Misiones y Formosa en los años 80. En Buenos Aires fue detectado nuevamente  en 1995.

“Estudiamos doscientos sitios que abarcan toda la ciudad de Buenos Aires durante dieciséis años, entre 1998 y 2014, y encontramos que, a lo largo de ese período, cada vez hay más abundancia del mosquito y, también, que cada año el número de lugares en donde se detecta su presencia es mayor”, explicó Sylvia Fischer, investigadora del Grupo de Estudio de Mosquitos (GEM). “Si uno acumula todos los años que analizamos, comprobamos que el mosquito estuvo al menos una vez en todos los lugares estudiados, lo que significa que ya colonizó toda la ciudad”, alerta.

También se ha ampliado el tiempo de “riesgo epidemiológico”: “Hace dieciséis años teníamos alta abundancia del mosquito recién a fines de enero o principios de febrero, y ahora tenemos abundancias altas desde mediados de diciembre. Es decir, se amplió en más de un mes la ventana de tiempo en la que hay alto riesgo epidemiológico”, subraya Fischer, y advierte: “Si no hacemos nada, esto empeorará, no es que queda igual”.
Los científicos colocan “ovitrampas” en toda la Ciudad, que reemplazan semanalmente. “Estas trampas sirven como sensores de oviposición para detectar la puesta de huevos, pero no para capturar mosquitos, y no representan ningún riesgo para los vecinos”, aclara Fischer.   “En 1998, durante el pico máximo de mosquitos, el 40% de las ovitrampas fueron positivas y en 2014 ese número creció al 80%”, explica Fischer. Esto significa que en estos días los porteños estaríamos conviviendo con el pico máximo de mosquitos.

La investigadora plantea dos hipótesis para explicar la expansión del Aedgis: la primera es que la investigación comenzó prácticamente en el momento en que el mosquito llegaba a la Ciudad. La otra hipótesis es inquietante:  Fischer dice que “otra explicación posible es que el Aedes aegypti esté empezando a adaptarse para poder completar su ciclo de desarrollo a temperaturas más bajas, es decir, estaría pudiendo sobrevivir en condiciones que en otras partes del mundo no lo está haciendo. Eso lo estamos viendo a partir de una línea de investigación que iniciamos hace poco”, revela. “De hecho, lo hemos encontrado en San Bernardo, en Villa Gesell y en Dolores, lugares cuya temperatura media anual está varios grados por debajo de la de Buenos Aires”.

Para Fischer queda en evidencia que las medidas de control no funcionaron. “Son todas medidas fragmentadas”, opina y explica: “El momento ideal del descacharrado es durante el invierno, momento en el cual solo hay huevos y no hay mosquitos adultos. No obstante también es importante hacerlo ahora”.

“A principios del 2016, le mostramos a las autoridades recién asumidas del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires los gráficos del aumento de abundancias, y seguimos trabajando con ellos durante todo el 2016 y continuamos haciéndolo”, comunica Fischer.

Fuente: nexciencia.exactas.uba.ar

Fuente Especial para Diario Z
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