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TEMAS DE LA SEMANA

El millonario e invisible aporte de las amas de casa

Aunque su tarea representa un aporte del 15.5% al PBI, no reciben una retribución acorde.

Por tomas-canosa
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Llevan adelante un hogar, se ocupan de que los niños vayan al colegio, preparan la comida, realizan las compras y permiten que los otros integrantes de la familia lleven adelante sus ocupaciones. Sin embargo, su trabajo es invisible para cualquier asiento contable. Las amas de casa concentran la mayor parte de su tiempo en realizar tareas que son indispensables para las familias y para la actividad económica de un país. El trabajo que realizan es una de las actividades más dinámicas de la economía y representa el 15,5% del Producto Bruto de la Ciudad de Buenos Aires, según estimaciones del Sindicato de Amas de Casa de la República Argentina (Sacra). Su contribución es superior a la que genera el comercio o la industria manufacturera.

En la Argentina existen 3,5 millones de personas que trabajan exclusivamente como amas de casa y le dedican un promedio 7 horas y 20 minutos al cuidado del hogar. Se hacen cargo de los niños y ancianos, preparan la comida y realizan otras tareas que consumen tiempo y son esenciales para el sostenimiento de la vida.

Sin embargo, estas actividades sólo son consideradas desde un punto de vista económico cuando las realiza alguien contratado para tal fin. Por ejemplo, si alguien contrata a una persona para que limpie la casa, como existe un intercambio monetario, ese aporte está contabilizado dentro del PBI. Pero si después se esa misma persona forma un hogar en donde es un ama de casa la que se ocupa de las mismas tareas, la actividad se vuelve invisible, al no percibir un salario. Ese trabajo no figurará en ningún registro contable, por lo que se considera, de hecho, improductivo.

La secretaria general de Sacra, María «Pimpi» Colombo y el economista Alejandro Rupnik realizaron un informe en 2006 para cuantificar el aporte de las amas de casa a partir del ingreso promedio de las mujeres. El objetivo era analizar el trabajo doméstico como un «cuidado indirecto», porque cuando una madre lleva a sus hijos al colegio o cocina o hace las compras, permite que el resto de la familia se desarrolle. También porque los costos del cuidado de la salud se transfieren a las mujeres, sin que sean reconocidos ni social ni económicamente, y la tarea termina actuando como «un subsidio oculto que las mujeres otorgan sin que su contribución a la salud, a la disminución de la pobreza y al desarrollo sostenible se haga visible».

Una de las principales conclusiones del estudio es que el aporte no remunerado equivale a 10.200 millones de pesos, sobre un Producto Bruto de la Ciudad de Buenos Aires de 65.536 millones. Así, las amas de casa generan un aporte superior al del comercio (11,3%) y al de la industria manufacturera (10,6%). Desde el sindicato confirman que las cifras se mantienen en los mismos niveles y sostienen que es importante cuantificar ese aporte en la economía, porque permite que sus acciones sean más reconocidas.

Actualmente, las mujeres producen el 60% de los bienes y servicios que consume la sociedad, mientras que los hombres perciben el 61% de los salarios. Y a pesar de los logros de las mujeres en el mundo laboral, las tareas del hogar no se reparten de manera equitativa. Si bien en los últimos años aumentó la cantidad de hombres que realizan cualquier tipo labor dentro de la casa, la distribución dista de ser simétrica. El 63% de los varones colabora de algún modo, mientras que el 93% de las mujeres hace al menos una tarea, según estadísticas de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Del informe titulado «Las mujeres cuentan, contemos el trabajo de las mujeres» que realizaron Colombo y Rupnik se desprenden dos particularidades de este empleo no remunerado, que no se dan en el resto de la economía del país:

• Las mujeres comienzan desde muy chicas a colaborar en el hogar y con el correr de los años le dedican cada vez una mayor cantidad de horas. En cualquier trabajo remunerado la situación es totalmente distinta, el ingreso se da más tarde y en torno a los 55 años comienza a declinar.

• A diferencia del resto de las actividades, la intensidad no desciende durante el fin de semana. El promedio de horas trabajadas es el mismo durante la semana que los sábados y domingos.

¿Por qué no se contabiliza?

«La convención de las cuentas nacionales establece que sólo se tomen en cuenta lo que se produce para el intercambio, y por lo tanto no se incluyen los intercambios domésticos», explicó el profesor de Cuentas Nacionales de la UBA Javier Lindenboim. En diálogo con Diario Z, el economista agregó que hace algunos años comenzó el debate acerca de cómo contabilizar el trabajo pero no se alcanzó ningún consenso.

Hace más de 20 años, el director de la consultora SEL, Ernesto Kritz, realizó un estudio para calcular el aporte de las amas de casa. El especialista aseguró que actualmente el aporte debe ser menor que décadas atrás, porque aumentó la cantidad de mujeres que tienen un trabajo remunerado. Kritz recomienda contabilizarlo y agregarlo como un cálculo complementario a las mediciones sobre la actividad económica. La Cepal destacó hace tres años el valor social y económico del trabajo femenino no remunerado y también ratificó la importancia de hacer visible su aporte.

Trabajo no remunerado e ingreso

El trabajo no remunerado no puede pensarse independientemente del nivel de ingresos. A medida que el poder adquisitivo de la familia crece, el aporte de las amas de casa tiende a disminuir. Mientras que la situación en los sectores más carenciados es totalmente distinta: cuanto más pobre es un hogar, mayor es el trabajo no remunerado que puede ir desde coser un par de medias hasta preparar la comida. A partir de este escenario, desde Sacra emprendieron una lucha para que las amas de casa puedan alcanzar una serie de beneficios.

Después de 10 años, la entidad consiguió crear una obra social que puede tener cualquier ama de casa. También fueron las mayores beneficiadas de la moratoria previsional implementada por el ex presidente Néstor Kirchner en 2006. La medida permitió que se incorporasen mayores al sistema jubilatorio, pero que no cumplían con la cantidad de años de aportes suficientes. De los 2,3 millones de personas que se sumaron, más del 85% eran mujeres que se dedicaban principalmente al cuidado del hogar.

Fenómeno mundial

El aporte de las amas de casa no se contabiliza en la mayoría de los países del mundo. El escritor español Juan José Millas se sorprendió cuando se enteró que la contribución femenina no estaba registrada y le dedicó un libro a la historia de dos amas de casa María y Mercedes.

El autor sostiene que si las mujeres «abandonaran de un día para otro las tareas domesticas de forma que tuvieran que hacerse cargo de éstas la mitad visible (o sea, la que recibe un salario), la economía mundial sufriría gravísimos desajustes pues son millones de horas que se van en hacer la compra, en asear la casa, en cocinar, en limpiar».

Fuente Redacción Z
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