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TEMAS DE LA SEMANA

El drama de la obesidad infantil

La Ciudad exhibe las peores estadísticas respecto de otras capitales latinoamericanas.

Por daniel-castelo
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Nueva York conserva el triste récord de poseer un local de comidas rápidas cada 150 metros. Buenos Aires está lejos de semejante marca pero, sin embargo, es la capital del país latinoamericano más afectada por la obesidad infantil.

En la Argentina, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 20% de la población infantil tiene exceso de peso y el 5% es obeso. La Ciudad, con el 26 y el 7 por ciento, respectivamente, supera la media nacional.

Uno de los datos que hacen entender el estado de situación es el consumo de vegetales, muy por debajo de lo recomendable. Según un informe del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesmi), en Buenos Aires se consume mucho menos de la mitad de lo recomendado por la OMS. Entre menores de nueve años, se ingieren 155 gramos diarios, frente a los 400 ideales.

En cuanto a la percepción del problema, las cifras son aún más preocupantes. Una encuesta reciente entre madres de niños con sobrepeso, indica que sólo el 23,7% tiene sospechas del problema y apenas el 1,6% considera que el riesgo de obesidad es real. A esto se suma que el 45% de las madres de niños con sobrepeso severo niega la situación, a la vez que el 72% piensa que sus hijos comen adecuadamente.

Comemos mal, y los chicos lo hacen con nosotros. Una prueba irrefutable lo ofrece el tipo y cantidad de alimentos que se ingieren. Según el Ministerio de Salud de la Nación, a medida que los niños crecen, sus padres les proveen mayor cantidad de grasas, azúcares y proteínas que las recomendables, que en dosis altas son perjudiciales e inducen al sobrepeso y la obesidad. En cuanto al consumo de frutas, es habitual en apenas el 43% de los menores de dos años, número que se reduce al 33% entre los sectores más humildes.

En tanto, es impactante el cada día más exacerbado consumo de golosinas, snacks y gaseosas, a lomo de una publicidad feroz y con kioscos rebosantes de opciones. La cantidad de golosinas impacta en la calidad de la dieta, ya que los dulces aportan calorías que no son acompañadas por nutrientes. Alfajores, caramelos, chupetines, helados, chocolates, suman calorías y fijan grasas. El 25% de los niños de menos de dos años consume snacks y golosinas en forma casi habitual, porcentaje que aumenta entre los que no reciben leche materna.

En cuanto al sobrepeso en niños que luego se dispara y se hace difícil de controlar, la estadística de la National Heart, Lung and Blood Institute, de Estados Unidos, indica que cuando los signos de sobrepeso llegan antes de los diez años, el problema puede ser más complejo durante la adolescencia.

Sedentarismo

El Cesmi señala que el tiempo que un niño dedica a ver televisión es un ítem no menor entre las causas de la obesidad. Según sus datos, un chico de entre 9 y 10 años mira cuatro horas al día de TV, y entre los 11 y 15 años, cinco horas o más. A esto se suma el uso cada vez más extensivo de internet (sobre todo en Capital Federal). Los números crecen en el nivel socioeconómico y cultural bajo, con picos, en algunos casos, de más de ocho horas diarias frente al televisor.

El mundo

Según Unicef, el 35% de la población infantil mundial presenta problemas de sobrepeso. Los datos, grosso modo, indican que son 2.000 millones de niños y adolescentes. La cifra crece cada año un 4% y diversos estudios han centrado a los malos hábitos alimenticios como la causa central del problema.

En Sudáfrica y los Estados Unidos, el 25% de las niñas tiene sobrepeso. En el sur de Europa, el 30% de los chicos, y en el norte, el 15 por ciento.

Programa porteño insuficiente

La ciudad instauró en 2003 el Programa de Vigilancia Nutricional, que engloba patologías como déficit y exceso de peso, para las cuales aplica un seguimiento sobre la madre y su hijo.

Según el Ministerio de Salud porteño, en la actualidad hay un equipo interdisciplinario que controla, sigue y orienta a la población, en función de la patología que se presente y, en caso de ser necesario, se deriva a los programas alimentarios respectivos.

Por estos días se lleva a cabo en los hospitales la detección, seguimiento y atención integral de niños, niñas, adolescentes y embarazadas con malnutrición. En los colegios públicos, en tanto, a lo largo de este año hubo un solo control.

Sin embargo, el nivel de actividad del gobierno de Mauricio Macri no alcanza y las estadísticas propias son nulas. En abril de este año se realizó una denominada Encuesta Antropométrica a Embarazadas, pero, cinco meses después, aún no se terminaron de procesar los datos. Es más, la única información oficial al respecto, y que data de 2007, es que el porcentaje de obesidad en niños de hasta cinco años es de 9,6. Por esto, se hace imposible elaborar un plan efectivo, al depender en lo concreto sólo de la información brindada por Nación u organismos internacionales.

 

Fuente Redacción Z
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