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TEMAS DE LA SEMANA

El día en que la noticia la hicieron los ciudadanos

Ó de cómo algunos medios se equivocaron. Por Stella Martini.

Por stella-martini
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La Patria cumple 200 años. Fiesta del Bicentenario. Muy a pesar de aves agoreras, que las hay, en realidad fue más que una fiesta, los argentinos nos atracamos con un fiestón. Porque el pueblo tomó, en el mejor sentido, las calles de la ciudad durante cinco días y siempre el día siguiente se reunían más. Se habla de seis millones de personas circulan­do, ¿por qué no fiesteando? Hoy algunos diarios mentaron récords de asistencia histórica haciendo comparaciones inútiles y todas las cuentas les salieron mal. También escuchamos en las trasnoches televisivas la exaltación de algún cantor consagrado como el único comentario posi­ble. Y hasta asistimos a la sorpresa clasista: tanta gente común y tanta «buena educación» urbana. Sobre todo, en aquellos que viajaron de lejos, donde las urbes se transformarían en tiendas bárbaras.

La fiesta fue un acontecimiento marcado por todos los valores que hacen a la mejor noticia. La noticia resultante fue, con honrosas ex­cepciones, pequeña, mezquina, con ese tufillo a nota de «color». Cosa anacrónica. En cualquier manual de periodismo, el mal desempeño se premia con un «no publicable» o con la baja en los ratings. Porque mu­chos se lo perdieron. El fiestón, digo. Ese remolino apretujado y son­riente de familias y de amigos, de chicos y de ancianos, adolescentes gritando ¡viva la patria!, en el pogo posterior al Himno Nacional, en la medianoche del 24; una madre cambiando el pañal de su beba sobre la manta echada en el pavimento de la 9 de Julio ayer nomás con el sol; la flaquita esa con frío antes del recital del Fito envolviéndose en una ban­dera que alguien le había prestado; los ojos deslumbrados de los que no conocían la avenida más ancha del mundo ni sabían de megapantallas o de Fuerza Bruta.

Se la perdieron. No hay perdón para la cobertura que escamotea la realidad, que llena de pintoresquismo lo que fue la fiesta más importan­te en términos de política ciudadana en la Argentina.

Y el problema que tienen quienes se la perdieron es que cuando se dieron cuenta, bajar dos cambios fue un problema, hablaron del en­tusiasmo de la «gente» y reiteraron la estética del desfile del 25 por la noche. Y asegurar que hubo «gente», no individuos ni ciudadanos -de este o de otro país-, y que por ellos hubo festejos, que la convocatoria no la hizo nadie, que no hubo méritos salvo en la alegría de los que go­zaron el fiestón. Como si las celebraciones se sirvieran del espontaneís­mo o seis millones de personas se hubieran autoconvocado así porque sí. El registro televisivo se sirvió de la tecnología para saludarse auto­rreferencialmente, compitiendo por la cantidad de cámaras o la mayor altura del ojo digital. Pero casi no se agendaron las series que cruzaron esos días los múltiples hechos, el gran acontecimiento: salir a festejar juntos y revueltos, como se cruzan los sentidos en la cultura popular, el aroma de las comidas en los stands, con las risas en los espectáculos, los aplausos y el agitar de las banderas, los gritos ya roncos vivando a la Argentina con la calidez de los abrazos y las lágrimas de la emoción más genuina ante los acordes de la canción patria.

Por eso se la perdieron. Porque lo inédito y novedoso, lo que impli­ca a un muy alto número de personas y aparece como de alto interés social, porque lo que es más significativo en una etapa de nuestra his­toria hacen de una noticia un notición, el alerta televisiva y la tapa de un matutino. Lo que cualquier buen periodista y todo medio esperan ansiosamente.

Muchos de los grandes medios se perdieron de ilustrar ellos mismos una gran lección de periodismo: la cobertura del festejo del Bicentenario reunió todos los tópicos que suman importancia y relevancia nacional, y eso es hacer información política. Y, quizás, valdría recordar que la práctica política es lo que hace a una nación libre, porque permite la construcción de ciudadanos curiosos, pensantes, interesados, críticos. Ayer nuestra prensa no estuvo a la altura del pueblo que hizo la historia aún por fuera de ellos ni la del Gobierno que lo convocara.

Fuente Especial para Diario Z
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