Tiempo en Capital Federal

24° Max 15° Min
Despejado
Despejado

Humedad: 53%
Viento: Este 24km/h
  • Miércoles 1 de Diciembre
    Cubierto17°   22°
  • Jueves 2 de Diciembre
    Nubes dispersas18°   25°
  • Viernes 3 de Diciembre
    Cubierto19°   24°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 30/11/2021 21:43:03
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

El Cabildo: nacido con Buenos Aires es uno de sus símbolos máximos

En 1580, apenas fundó la ciudad, Juan de Garay ordenó su construcción frente a la Plaza Mayor.

Por jose-montero
Email This Page

El Cabildo de Buenos Aires es el símbolo máximo del Bicentenario y uno de los monumentos más importantes del país. También es, apenas, una representación de lo que fue. Del edificio original donde se gestó la Revolución de Mayo se conserva poco. Con los siglos sufrió múltiples reformas, demoliciones y cambios de estilo.

Además, quedó muy reducido al momento de abrirse la Avenida de Mayo y la Diagonal Sur. Pero, con más o menos arcadas, blanco o amarillo, el Cabildo fue, es y seguirá siendo dibujado hasta el infinito por generaciones de argentinos en cuadernos escolares, porque ahí nació nuestra historia como país.

Las Ordenanzas de Poblaciones dictadas por el rey Felipe II de España en 1573 establecían cómo debía fundarse una ciudad en las colonias. Una de las disposiciones era que al Cabildo tenía que asignársele un solar frente a la Plaza Mayor.

Por eso, cuando Juan de Garay funda Buenos Aires por segunda y definitiva vez en 1580, le otorga al Cabildo un cuarto de manzana, mirando hacia el Fuerte y muy cerca de la Catedral. Sin embargo, el predio permanecerá baldío durante 28 años.

La construcción se demora por falta de recursos pero la institución comienza a funcionar en los domicilios particulares de los cabildantes.

Hay otro problema: el Cabildo debe servir como sede de juzgados y de cárcel. A falta de sitio, los presos también van a dar a las casas de integrantes del Cabildo o a viviendas alquiladas.

En 1604, el gobernador Hernandarias acondiciona dependencias del Fuerte para que allí funcionen el Cabildo y la Aduana. Finalmente, en 1608, el alcalde Manuel Frías propone la edificación de una sala de reuniones y calabozos en el lugar asignado por Garay, con fondos recaudados por la entrada de naves en el Riachuelo.

Las paredes se hacen de barro, y el techo, de tirantería de madera y caña totora. Ricardo Ostuni, en su trabajo El Cabildo de Buenos Aires, breve historia de su construcción y reformas, define al primitivo edificio como «una casucha baja y oscura», de una sola planta, y precisa que estuvo terminada recién en 1612.

Al año siguiente comienzan los agregados. Se ve que la cárcel queda chica muy pronto, porque se levantan nuevos calabozos. En el techo empiezan a ponerse tejas. Se añaden habitaciones para vivienda y oficina del escribano, un cuarto para el portero y su esposa y otros más para alquiler, forma de obtener recursos para gastos corrientes.

La falta de mantenimiento y la precariedad de la construcción hacen que el Cabildo se deteriore en pocos años. En 1631 ya no se puede sesionar ahí y los miembros se reúnen en la casa del gobernador Francisco de Céspedes. Se analiza, incluso, la posibilidad de vender el predio, pero finalmente se resuelve hacer un nuevo edificio.

Este segundo Cabildo tiene arcadas y dos torres, ubicadas una en cada extremo, pero son demolidas en 1692 por razones de seguridad. La construcción sigue siendo endeble.

Se hacen infinidad de parches y arreglos, pero son soluciones transitorias. En 1711 se da la autorización para una tercera construcción. La burocracia no ayuda. Se presentan varios proyectos, los mandan a Madrid pero vuelven rebotados. Los años pasan.

Aparece entonces el jesuita Andrés Blanqui, llegado de Roma en 1717. Este sacerdote hace el trazado del nuevo edificio y comienza su construcción. Por eso los historiadores lo consideran el autor indiscutido del Cabildo que, reducido y transformado, llega hasta nuestros días.

«Las obras arrancan en 1725 por más que la fachada del Cabildo ostente la leyenda de 1711», precisa Ostuni.
El Cabildo de Blanqui tiene dos plantas en forma de U.
Abajo se ubican la capilla y las oficinas para el escribano y los cabildantes. Atrás están las habitaciones del personal y las celdas. En la planta alta, la Sala Capitular. La fachada, sobre un muro de gran espesor, es de arquitectura simétrica, con once arcos de medio punto en cada piso. La torre es cuadrada y termina en cuatro pináculos y una pequeña cúpula con techo de lata.

Pero una cosa son los planos y otra el avance de las obras. Van muy lentas. Toman nuevo impulso en 1747. Con algunas modificaciones con respecto al proyecto de Blanqui, la torre se levanta recién en 1764 y se azuleja un año después, para la época en que se coloca el primer reloj, de origen español.

Hay nuevos agregados, sobre todo en el sector de cárcel, en 1783 y en 1805. Para la época de la Revolución de Mayo, las puertas y ventanas son del color natural de la madera. Se las pinta de verde después de 1852.

En 1830 se reduce el balcón y se conserva el sector ubicado sobre los tres arcos centrales. En 1860 se coloca un nuevo reloj, esta vez traído de Londres por encargo de la Municipalidad. Para emplazarlo se modifica la torre por dentro y por fuera. Ya que están, colocan un globo de metal dorado sobre la cúpula, un pararrayos y una veleta con los puntos cardinales.

Ahora el Cabildo funciona como Casa de Justicia. En 1879 se decide una gran refacción para introducirle rasgos afrancesados. El encargado del proyecto es Pedro Benoit, el mismo que un año después comenzará el trazado de la ciudad de La Plata.

Se eleva la torre para agregarle diez metros más de altura. La cúpula es recubierta con azulejos y adornada con una estatua que representa a la Justicia. Se reforman las columnas y balcones. En la coronación de la fachada se coloca una balaustrada, y sobre ella, doce estatuas más.

No obstante, el proyecto de Benoit no es realizado en su totalidad. En 1881 la cúpula es vidriada e iluminada a gas por dentro, con lo que sirve como faro para los buques que navegan el Río de la Plata.

El espectáculo nocturno dura poco. En 1889, la torre es demolida, y su reloj, trasladado a la iglesia de San Ignacio, como parte de las obras que tiran abajo tres arcadas del ala norte del Cabildo para abrir la Avenida de Mayo.

La piqueta amenaza la totalidad del Cabildo en 1905, cuando se piensa en barrerlo y construir en su lugar el Palacio Municipal. Eso no ocurre pero el viejo edificio pierde, en 1931, otros tres arcos, en el ala sur, por la apertura de la diagonal Julio Argentino Roca.

En 1933, cuando ya estaba mermado en más de la mitad de su fachada, queda a salvo de nuevas destrucciones al ser declarado monumento histórico nacional. En 1939, el Poder Ejecutivo designa una comisión para restaurar el Cabildo y devolverle una imagen similar a la que tenía en 1810.

Tomando como antecedente una pintura del Cabildo realizada por Carlos Enrique Pellegrini en 1829 y otros documentos, el arquitecto Mario Buschiazzo lleva adelante la tarea.

Las obras se inauguran en 1940 y el Cabildo queda con el aspecto que presenta en la actualidad.

DZ/sc

 

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario