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El Bárbaro: Refugio para noctámbulos

Un grupo de plásticos fundó en los 60 este bar mítico, nido de la bohemia local.

Por Julián López
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El Barbaro bar El Barbaro bar

En Tres Sargentos 415, pleno barrio de Retiro, está uno de esos bares que son parte de la historia más interesante de la ciudad, un bar que es notable y no sólo porque así lo decidió la Legislatura. Es notable porque quienes vivimos en Buenos Aires, o quienes nos visitan, sobre todo si pertenecen al universo de las artes visuales, tenemos alguna historia para contar, alguna noche de cerveza, maníes y compañía en ese ambiente cálido e informal.
Además de buena luz, además de la cantidad de obra expuesta y de la atención personalizada el Bárbaro tiene un recorrido digno de ser contado. En 1969, después de un viaje por Estados Unidos, Luis Felipe Noé volvió con la idea de poner un bar que nucleara a los artistas. Desde hacía rato en Buenos Aires, y en toda la Argentina, se vivía un período muy intenso de las artes –ni hablar en términos sociales y políticos: estaba en pleno auge la dictadura del general Juan Carlos Onganía– y Yuyo, el apodo con que lo conocen a Noé, junto a los pintores Ernesto Deira, Rómulo Macció y Jorge de la Vega, sus compañeros de lo que en 1961 se conoció como la Nueva Figuración Argentina, montaron el bar con el mismo nombre con que lo conocemos hoy.
Daniel Mon es otro de los fundadores del Bárbaro y nos recibió ahí mismo, de mañana, en medio de ese ambiente nocturno mientras los empleados desplegaban su faena cotidiana. Con acento asturiano, a pesar de que llegó al país a principios de los 50, Mon desgranó el relato con lujo de detalles: “Yo era cajero y mozo de la confitería Jockey Club donde iban los escritores y los artistas de ese momento. Ahí conocí a Yuyo y algunos años después me llamó para que dirigiera el Bárbaro”.
¿Usted se encargaba de la parte gastronómica del Bárbaro?
En realidad me encargaba de todo, me lo tiraron un poco así y “arreglate”, lo digo con mucho cariño porque le tengo un gran respeto a Noé, es mi mejor amigo. Los otros artistas colaboraron mucho para ponerlo, el mismo Deira nos regaló esta boisserie que compró en una demolición y es una hermosura, era de la biblioteca de Luis Sáenz Peña. Jorge de la Vega pintó los vidrios de afuera, muchos artistas colaboraron para hacer este nido.
¿Y enseguida funcionó?
¿Si funcionó enseguida? Tuvimos que poner un portero para que no dejara pasar más gente, no podíamos más, nos asfixiábamos. Me acuerdo una vez que Tato Bores me encontró en la barra y se quejó de que recién había podido entrar al bar pero que ésa era la tercera o la cuarta vez que iba y lo rebotaban.
¿Siempre estuvieron en Tres Sargentos?
No, hasta 1980 estuvimos a la vuelta, sobre la calle Reconquista, era un local más chico y entonces nos mudamos. Pero allá y acá siempre fue un éxito total.
El Bárbaro durante mucho tiempo fue un verdadero criadero de ideas que pudo atravesar sin problemas los violentos avatares políticos del país y dar cobijo a los escritores y artistas plásticos. No es exagerado pensar que en sus reuniones nacieron proyectos que después darían que hablar porque entre sus visitantes se cuentan nada menos que Antonio Gadés, Manuel Mujica Láinez, Vittorio de Sica hijo, Jorge Luis Borges, Marta Lynch y Eduardo Mallea. “En fin –dice enfático el encargado– aquí han venido todos. Y lo puedo certificar porque de cada uno de ellos tengo algo.”
Hoy el Bárbaro reserva los sábados al mediodía para los artistas que siguen llenando el lugar en un rito propio y durante los demás días recibe a los muchos oficinistas de la zona y a los turistas. De noche sigue recibiendo a quienes quieran tomar una copa y charlar con quien sea, el ambiente propicia el encuentro y de eso también da fe Daniel Mon. “La gente tiene una enorme necesidad de hablar y a lo largo de estos casi 45 años me han confesado de todo”, secretea. “Hace poco vino un periodista y me propuso escribir un libro en el que contara todas mis historias con los clientes de tantos años. Usted se equivoca conmigo, le contesté, yo soy sordo, ciego y mudo, jamás contaría la intimidad de mis clientes”, asegura como el más experto cuidador de historias.

Bárbaro queda en la peatonal Tres Sargentos 415 y está abierto de lunes a sábados de 8 a 1 de lunes a jueves y los viernes y sábados de 8 a 3 am.

 

dz/lr

Fuente Redacción Z
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