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TEMAS DE LA SEMANA

‘El bar no tenía salida de emergencia’

Entrevista exclusiva con Denisse Domke, víctima del derrumbe del boliche Beara de Palermo.

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Fue una noche atípica, de las pocas en la que Denisse Domke, de 19 años, y dos amigas de­cidieron salir a bailar, aprovechan­do que habían sido invitadas a la «fiesta privada» de Beara por uno de los organizadores del bar en el que se derrumbó el entre­piso, que causó la muerte de dos adolescentes. La joven nacida en Santa Rosa, La Pampa, vive con una amiga en un departamento en Recoleta, desde hace un año y medio. Estudia comunicación en la UBAy no suele salir a bai­lar. Hoy agradece a Dios estar con vida y poder contar la trágica no­che que la marcó por el resto de sus días.

¿Fueron a Beara a ver el grupo Ráfaga o habían sido invitadas por alguien?
Sabíamos que tocaba la banda de cumbia, pero en realidad fuimos porque nos había invitado uno de los dueños, que nos avisó que en el bar estaría Tiago (uno de los protagonistas de la tira de Telefé Casi ángeles). Ése fue el dispara­dor que hizo que con mis amigas decidiéramos ir a bailar, porque generalmente no salimos, preferi­mos juntarnos en la casa de algu­na a charlar o mirar películas. Así que a las dos y media estábamos en la puerta del local.

¿Cómo hicieron para ingresar si se supone que sólo era gratis hasta las dos de la madrugada?
Cuando llegamos a la puerta ha­bía cuatro o cinco chicos que es­taban esperando; nos acercamos para preguntar por la persona que nos había invitado. El patovi­ca decía que había que pagar la consumición que costaba veinte pesos, entonces nosotras le man­damos un texto al chico que nos había invitado y él salió a buscar­nos. Recién ahí el hombre de la puerta nos dejó pasar.

¿Había mucha gente adentro del local?
Bastante. Eran cerca de las tres de la madrugada cuando empezó a tocar Ráfaga. Había un montón de gente abajo y algunas amigas que estaban arriba dijeron que sentían como que vibraba el boliche.

¿Qué pasó cuando terminó de tocar la banda?

Algunos se fueron porque sólo iban a ver tocar al grupo. Noso­tras subimos al entrepiso, don­de es el sector Vip. Como no ha­bía nadie que controle, comenzó a subir muchísima gente, enton­ces fue cuando decidimos bajar porque no alcanzaba a escucharse bien la música. Me llamó la aten­ción porque la vez anterior que ha­bía ido, un patovica decidía quién podía ingresar al entrepiso y quién no, pero ese día nadie controlaba y por eso todo el mundo estaba arri­ba. Cuando estábamos abajo nos dimos cuenta de que estaba Tia­go, el actor de Casi ángeles, y mis amigas empezaron a decir que vol­viéramos a subir para sacarnos una foto. Entonces los que estaban en el piso inferior se dieron cuenta de que estaba el actor y, sobre todo las chicas, empezaron a amon­tonarse en el Vip para acercarse. Yo odio el amontonamiento, pero mis amigas insistieron y subimos. Arriba era insoportable, no se po­día caminar. Estaban todos apre­tados. Te juro que al segundo que subimos las tres nos miramos y diji­mos «acá nos venimos abajo», por la cantidad de gente que había, y al segundo se derrumbó. Una de mis amigas y yo caímos con el en­trepiso y la otra alcanzó a agarrar­se de la baranda y quedó colgada. Se cortó la luz y todo quedó a os­curas.

¿Qué alcanzás a recordar de esos momentos?
Fue horrible. Unos chicos me al­zaron y me llevaron hacia la parte de atrás, donde llevaban a todos los heridos. Intentaban despe­jar el lugar, en la oscuridad ab­soluta, para poder ayudar a los que habían quedado atrapados en los escombros. Todos lastima­dos, ensangrentados, y yo no pa­raba de temblar, toda dolorida y golpeada. En la parte posterior del local había una puerta que creíamos que era de emergencia, pero estaba cerrada con un can­dado enorme que todos intenta­ban romper con lo que encontra­ban pero era imposible. Todo era gritos y figuras que arrastraban a otras en lo poco que se alcanza­ba a ver. La puerta daba a un pa­tio interno. Tenía mucho miedo de que se prendiera todo fuego y no poder salir de ese lugar. Nun­ca viví algo así.

¿Qué es lo que más te asustó?
El darme cuenta de que el bar no tenía salida de emergencia. Lo que creíamos que era una forma de es­capar de ese lugar, sólo nos lleva­ba al patio. Encima, la única puerta que, ante una tragedia, daba a la calle, era la puerta de entrada, que era muy angosto. Todo se compli­có porque para acceder a la en­trada principal, y única salida, hay un pasillo angosto en el que, en el momento que quedó todo a oscu­ras, se hizo un embudo por el cual no podíamos salir.

¿Cómo están hoy vos y tus amigas?
la que quedó colgada de la ba­randa no le pasó nada. Lo de mi otra amiga fueron contusiones y raspones, nada, para lo que pasó. Yo tengo un esguince en el brazo, unos golpes en la cabeza y raspo­nes por todo el cuerpo, poco, por eso me dieron el alta enseguida en el hospital Fernández, a donde me llevó el SAME. Por suerte las tres la sacamos barata, podría ha­ber sido peor, de hecho, costó la vida a dos chicas que podríamos haber sido nosotras si mis amigas no hubieran insistido en subir. No volvería a Beara. Ahora, del miedo que me quedó ni quiero salir.

Fuente Redacción Z
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