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El bar de la Biblioteca del Congreso se llama “Bar Piglia”

Ricardo Piglia escribió gran parte de su obra en bares y reivindicó la Biblioteca del Congreso como espacio de escritura, de investigación y también como refugio durante la dictadura militar.

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Piglia

Este martes a la tarde a las 19.30 el bar de la biblioteca del Congreso tomará el nombre del autor de Respiración artificial, considerada novela clave de la dictadura militar. La inauguración consistirá en un homenaje a Ricardo Piglia, que nació en Adrogué en 1941 y falleció en Buenos Aires enero pasado. Ensayista, crítico, docente, escritor, Piglia recibió los premios Formentor y Rómulo Gallegos, entre otros. El homenaje tendrá lugar en la sede de la calle Alsina 1835, espacio cultural de la Biblioteca y, simultáneamente, tendrá lugar el lanzamiento del ciclo literario “Palabra viva”; que coordinará por la escritora y periodista María Moreno.

La idea de bautizar al bar de la Biblioteca con el nombre de Ricardo Piglia, surgió con el escritor en vida; iba a ser él quien diese inicio al ciclo literario como primer invitado. Para ello, Piglia escribió unas palabras acerca de la importancia del rol de la Biblioteca del Congreso de la Nación en su vida y en la política. La presidente de la Comisión Administradora de la Biblioteca del Congreso de la Nación, la diputada María Teresa García, encabezará la inauguración.

María Moreno escribió el siguiente texto como convocatoria al acto

“Te invitamos a la inauguración del bar Piglia en la Biblioteca del Congreso

¿Por qué bautizar “Piglia” a un bar? La pregunta debería ser otra: ¿Cómo no llamarlo así? Porque para Ricardo Piglia los bares de las ciudades en que vivió fueron también escritorio abierto –allí escribió los borradores de sus novelas, tomó apuntes para las colecciones de libros que dirigió, bosquejó ensayos destinados a las revistas literarias de las que participó–, sala de encuentro con otros conspiradores de la trama cultural y política –David Viñas, José Szabón, Roberto Jacoby, Héctor Schmucler… –, biblioteca personal –para leer desde Dostoievsky a García Márquez o estudiar el fetichismo en “El capital de Marx” (confitería La Modelo de La Plata) y refugio de activista como cuando, durante una manifestación de protesta contra la invasión de EE.UU. a Santo Domingo, ante el ataque de los cosacos, corrió desde Congreso hasta La Opera de Corrientes y Callao. La primera entrada de “Los diarios de Emilio Renzi”, Nuestros años felices, se titula ‘En el bar’ y comienza con el protagonista acodado en la barra de El Cervatillo.

Toda su obra parece el fruto de un deambular entre lugares como El Rayo, La Modelo, el Teutonia, Don Julio, La Paz, el Ramos, La Opera, el Florida y otros bares que no nombra pero que se cruzan en sus desplazamientos entre La Plata y Buenos Aires . Y él lo sabía . En el primer tomo de los diarios declara:

“Tengo una gran experiencia en la disposición de los cafés en los que he trabajado. Son para mí un anexo del lugar donde vivo, una mezcla de escritorio y de sala de recibo. Sé a qué hora los bares están vacíos y se pueden ocupar sin problemas, gozando de la tranquilidad de un lugar limpio y bien iluminado. Como siempre, en casos así, vengo con el libro que estoy leyendo y con un cuaderno de notas y eso me alcanza para pasar la tarde”.

Poco antes de morir Ricardo Piglia envió un texto donde rinde su homenaje a la Biblioteca del Congreso como espacio de investigación y lectura –en sus salas estudió la vida de Enrique Lafuente, miembro del Salón Literario, personaje en quien se basaría para crear el Enrique Osorio de Respiración artificial– pero también como guarida nocturna para disidentes políticos, autodidactas apasionados pero sin tiempo, pobres en busca de los mates cocidos servidos a la madrugada por empleados amables y eficaces, cuando la dictadura militar parecía detenerse ante ese espacio que contenía para ellos la seguramente intimidante palabra ”Congreso”. “No sé por qué pensaba que los militares no iban a irrumpir en el recinto. Quizá, creía yo ilusionado y sin ningún fundamento, que los iba a intimidar el nombre del lugar”, nos escribió.

Fuente Especial para Diario Z
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