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TEMAS DE LA SEMANA

El avance del cemento sobre el espacio público

El Gobierno porteño permite el avance de nuevos proyectos inmobiliarios sobre la Reserva Ecológica.

Por Clarisa Ercolano
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Un emprendimiento in­mobiliario multimi­llonario avanza len­tamente pero a paso firme sobre el pulmón verde más importante de la Ciudad: la Re­serva Ecológica de Costanera Sur, un terreno de 360 hectáreas con­siderado fundamental para el equi­librio ecológico de Buenos Aires.

Apenas una semana antes de que prestara declaración ante el juez Norberto Oyarbide por la causa de las escuchas telefónicas que derivó en su procesamiento. Mauricio Ma­cri suscribió y le puso la firma junto a Eduardo Elztein (titular de la me­gaconstructora Irsa) a un proyecto de ley para urbanizar 70 hectáreas dentro del predio de la ex Ciudad Deportiva de Boca con interven­ción en la Reserva Ecológica Costa­nera Sur, que incluye el dragado de un canal dentro de los terrenos pro­tegidos y una forestación para «ta­par» la villa Rodrigo Bueno, corrien­do un telón delante de la pobreza.

El dato fue confirmado a Diario Z por el legislador de Proyecto Sur Adrián Camps de la Comisión de Planeamiento Urbano, quien agre­gó que «ese escrito es intratable, autoriza a Irsa a hacer lo que quie­re, a no invertir casi, es un acuerdo tan leonino que sería una vergüen­za tratarlo». Desde el bloque lidera­do a escala nacional por Fernando «Pino» Solanas no dudan en asegu­rar que la administración PRO quie­re avanzar sobre el espacio público, incluyendo la Reserva. La construc­tora tiene la obligación de abrir ca­lles e incluir plazas y espacios públi­cos dentro de su proyecto.

«Imagínese que en el medio de El Palmar, alguien se ponga a cons­truir una torre de departamentos», opina Emilio Grass, integrante de la ONG Amigos de la Reserva, un gru­po de vecinos preocupados por el futuro de la única reserva natural urbana de la Ciudad, que obnubi­la a inmobiliarias y futuros propie­tarios por su ubicación privilegiada, de cara al Río de la Plata y además cerca del Centro. El metro cuadrado podría llegar a costar, según especialistas, entre 5 mil y 6 mil dólares.

Siguiendo la línea coste­ra, pero en cercanías de la ex Ciudad Deportiva de Boca, Irsa, había adquirido terre­nos por 50 millones de dó­lares en 1997, durante el go­bierno de Carlos Menem. La idea insignia, que volvió a cobrar valor luego de la fir­ma estampada por el jefe de Gobierno, es levantar el complejo de departamentos y oficinas Santa María del Plata que promociona en su web site como un «nuevo barrio para la ciudad» y que además, incluye la instalación de hoteles, teatros, paseos comer­ciales y restaurantes de primera ca­tegoría. Los canales de comunica­ción entre islas ya fueron rellenados artificialmente para preparar el te­rreno. Además, habrá marinas para veleros y yates. En ese sentido, los vecinos de la zona denuncian que, de llevarse adelante, las consecuen­cias serían nefastas: «No importa si es al lado de la Reserva pero fue­ra del predio, la construcción perju­dicará al ecosistema por la entrada y salida de camiones, las excavacio­nes y los movimientos del suelo sin contar que la proximidad del nue­vo barrio traerá más problemas con la población animal de una reserva que estará atrapada entre ladrillos y cambiará drásticamente las con­diciones ambientales». «Flanquear la reserva con un collar de torres es terrible, la contaminación sono­ra y visual es mayúscula. La Reser­va Ecológica está protegida por la Constitución pero no por sus fun­cionarios», se queja Grass.

En una recorrida por las inmo­biliarias top de Puerto Madero, se comprueba que ofrecen la Reserva como un plus al que sólo los que pagan los 200 mil dólares de base podrán acceder. Este diario, haciéndose pasar por interesados en las unidades, dialogó con las agentes inmobiliarios de Tizado y Baudiz­zone-Lestard. Nadie habló de ha­bilitaciones ni permisos, todos se enfocaron en remarcar los numero­sos desarrollos que se prevén en la zona, a la que por el momento se puede acceder sólo como inversio­nistas. Fuentes confiables, asegura­ron sin embargo que hay personas que ya compraron en su totalidad unidades a construir.

Elio Brailovsky, ex defensor ad­junto del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires y escritor y profesor universitario piensa que este avan­ce sobre los terrenos públicos debe­ría tener un tratamiento prioritario: «Además de pensar en los patitos de la Reserva, hay que reparar en todos los porteños».

Si lo que la ONG ambientalis­ta califica como «collar de torres» prospera, los edificios actuarán como una cortina que impedirá el ingreso a la Ciudad de los vientos que provienen del río y sirven para refrigerarla. «El calor en el Micro­centro sería mayor», señala, y dice sin vueltas: «Sería el cambio urba­no más grande desde Juan de Ga­ray en adelante. Garay había pensa­do una ciudad de calles y espacios abiertos para todos».

Brailovsky recordó que, la idea primigenia de Irsa, era un barrio completamente cerrado pero los vecinos, constituidos en audiencia pública, lograron frenarlo. «Como la audiencia ya se hizo, Macri pue­de volver con la idea del perímetro cerrado tranquilamente», advirtió.

Pulmón abandonado

Los terrenos fueron ganados al río y rellenados artificialmente, pero con los años se estableció en forma espontánea una gran cantidad de especies vegetales típicas del Lito­ral y la ribera rioplatense, y la fauna característica de las lagunas y ba­ñados pampeanos. El área fue de­clarada Parque Natural y Zona de Reserva. Este pulmón urbano fue incorporado a la lista de Humedales de Importancia Internacional, crea­da a través de la Convención Ram­sar como reservorio de flora y fau­na propia de la llanura pampeana. Pero además, desde el año pasado, el Colegio de Médicos Veterinarios de la Ciudad viene reclamando sin éxito que se incorpore personal a ese predio para que puedan aten­der y monitorear a las especies y to­mar medidas en caso de que se ge­neren emergencias.

Según datos de la Asamblea Permanente por los Espacios Ver­des Urbanos (Apevu) la situación de las áreas verdes, estimada en 1,9 metro cuadrado por cada porteño es crítica si se la compara con los 10 que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Caminar por los senderos de la reserva y llegar hasta el río es una actividad que permite desconec­tarse del ruido y del esmog sin ne­cesidad de salir de la Ciudad. Esto podría ser un imposible opinan quienes se oponen al proyecto. Si el desarrollo inmobiliario no es mo­nitoreado de cerca consideran un riesgo latente que un espacio de to­dos los porteños se convierta en el privilegio de unos pocos.

Grass recuerda que Los Amigos de la Reserva surgieron luego de la construcción de un edificio-torre de 47 pisos, erigido en Azucena Villa­flor y avenida De los Italianos y la noticia de que éste era sólo el ini­cio de ejecución de una obra que alcanzaría un total de otras once torres de igual tamaño. «Lamen­tablemente descubrimos que exis­ten proyectos tanto o más invasivos y perniciosos que el de esas torres, como la construcción de una cal­zada pavimentada dentro del pre­dio de la Reserva, instalaciones para emprendimientos gastronómicos y hasta infraestructura para amarre de embarcaciones.

La boca llena de negocios
Por Alejandro Tarruella

Detrás del proyecto Santa Ma­ría del Plata está Eduardo Elsz­tain, presidente y accionista ma­yor del grupo económico Irsa, una de las inversoras más importantes de la Argentina que realizó obras de enorme gravitación en el caos del urbanismo porteño de las últi­mas décadas. Ha sido socio de im­portantes financistas internaciona­les; el más conocido de ellos es el húngaro norteamericano George Soros. Elsztain es argentino y nació en Buenos Aires el 26 de enero de 1960, estudió en el Nacional Bue­nos Aires y posteriormente no ter­minó su carrera en Ciencias Econó­micas de la UBA.

Elsztain es un hombre de esca­sa exposición pública e importantes relaciones internacionales. Así fue que en 1989, viajó a Nueva York a reunirse con Georges Soros. Soros había ganado fama como financis­ta que había hecho parte de su for­tuna especulando en los mercados contra la libra esterlina. Como socio de Soros, Elsztain incorporó Alto Pa­lermo, Patio Bullrich, Paseo Alcorta, Desing Center y Abasto, mientras sumaba explotaciones agropecua­rias con la empresa Cresud. Entre los hoteles incorporados a su red, se encuentran el Intercontinental, el Llao-Llao de Bariloche, el Sheraton Libertador y edificios como el «Ru­lero», de la Avenida del Libertador, en el barrio de Retiro, y el Laminar Plaza, de Catalinas Norte.

Los negocios comunes duraron diez años y en 2000, la relación se quebró a raíz de que Soros estaba especulando con bonos de la deu­da argentina, a días de la crisis que expulsaría a Fernando de la Rúa.

La inversión en bienes raíces es una tradición familiar inaugura­da en 1943 por su abuelo Isaac al fundar IRSA. Cuando Eduardo se hizo cargo de la empresa en 1990, su capital era de 100 mil pesos. En esa década, Irsa se fue a Brasil e in­cursionó en los shoppings y la ad­ministración de edificios y oficinas comerciales. Al irse Soros, Elsztain se asoció en emprendimientos con Sam Zell, uno de los mayores pro­pietarios de inmuebles en Estados Unidos y Michael Steinhard, opera­dor de fondos de inversión y fue so­cio de Edgar Bronfman, alguna vez propietario de los estudios cinema­tográficos de la Universal.

A fines de los 90, la participa­ción de Irsa en Altos de Quilmes demandó 45 millones de dólares por el 50 por ciento de la propie­dad. En 1997, Irsa contaba con sie­te centros de compras: Paseo Alcor­ta, Alto Avellaneda, Alto Palermo, shoppings en Salta, en Guayma­llén, Mendoza, Galerías Pacífico y el Abasto, en construcción en ese momento. Hacia 1997, la compra del predio de la Ciudad Deportiva de Boca Juniors, el hotel Llao-Llao y Paseo Alcorta había demandado al grupo un desembolso de 150 mi­llones de dólares. Sin descanso, ha­bían sumado a sus bienes, campos de Swift y Armour en Buenos Aires, con 87 mil cabezas de ganado.

Los terrenos de la ex Ciudad Deportiva de Boca Juniors costa­ron 22 millones de dólares; allí pla­neaban construir 3.200 viviendas y un embarcadero en los 260 mil me­tros cuadrados de terreno. En 2004 la empresa desembolsó 20 millo­nes de pesos para su inversión en el shopping que posee en Rosario, luego de comprar los 25 mil metros cuadrados de tierras del ferrocarril en 1998. La licitación salió por unos 25 millones de pesos.

Al lanzar Irsa Cyrella con capi­tales brasileños para su proyecto Horizons en Vicente López, se pro­dujo la reacción de la comunidad contra las obras previstas. Se habla­ba en ese momento de continuar la instalación del proyecto inmo­biliario en los barrios porteños del Abasto, Parque Patricios (obsérve­se la reparación total de la aveni­da Patricios por Macri, favorecedor del grupo). La inversión inicial fue de 85 millones de dólares con un costo estimado en 2.400 dólares el metro cuadrado.

Hacia 2005, Elsztain pagó 27 millones de dólares y se quedó con la torre Microsoft en Catalinas Nor­te. Para esos años, se sostenía en ámbitos financieros que era uno de los empresarios con mayor núme­ro de relaciones a nivel planetario. En el Foro Económico de Davos sor­prendió al asumir la defensa de la Argentina ante ataques de Anne Krueger, número dos del FMI. Ese año fue nombrado tesorero del in­fluyente Consejo Judío Mundial que presidía Edgar Bronfman. Por todo eso, no sorprendió verlo con­vertido en el principal accionista del Banco Hipotecario, que se compró con 1.200 millones de dólares que aportó Soros en 1999.

Elstzain tiene a su familia en la administración de sus negocios. Alejandro, su hermano, llegó a ge­rente general de Irsa y Cresud, en tanto Daniel conducía los centros comerciales. Entre sus amigos de la juvenilia, se destacó Marcelo Min­dlin, vicepresidente de la empresa desde 1991 y hasta la llegada de Kirchner al gobierno, cuando pasó a revistar en el fondo de inversiones Dolphin, al que estaría vinculado hoy el gobierno de Macri por me­dio de su funcionario en Educación, Mario Enrique Terzano. En 2005, Mindlin y Dolphin se relacionaron a la compra de Edenor cuando ya no militaban en las filas de Elsztain.

Al terminar 2006, se anunciaba que un tal Jorge Pérez había apor­tado a Irsa 50 millones de dólares para el proyecto de la Ciudad De­portiva de Boca convirtiéndose en un socio destacado. Pérez resultó ser un argentino, número 198 de los hombres más ricos de los Esta­dos Unidos según la revista Forbes. En Florida tenía el récord de 55 mil viviendas construidas. En su visita a Buenos Aires para observar el pro­yecto ofreció para la promoción del lanzamiento a figuras como Donald Trump y el actor George Clooney.

La empresa practica una pla­nificación rigurosa. Fue Jorge Cru­ces, uno de los gerentes de Irsa, quien anunció en el Salón Inmo­biliario de Madrid, en mayo de 2007 que la empresa iba a levan­tar cuatro shoppings más. Uno era el Panamericana-Phillips, en actividad, sobre 174 mil metros cuadrados, Alto Caballito, Alto Rosario y Alto Neuquén, empren­dimientos que se van concretan­do. También anunció que en Dár­sena Norte, zona de Retiro, se erigirá un centro comercial de ofi­cinas y hotelerías sobre unos 350 mil metros cuadrados. La estra­tegia del grupo parecer ser ga­nar amigos en los gobiernos invo­lucrados y luego levantar muros sin realizar cambios en las infra­estructura como es el caso de las cloacas. Tal vez por esa combina­ción, el balance de 2008 arrojó ingresos de 631 millones de pe­sos en Alto Palermo, 560 millones en Alto Avellaneda, 385 en Patio Bullrich, 433 en Mendoza Plaza y 271 en Alto Rosario. Los números, que son la sal de la existencia de esos conglomerados, decían que en los ejercicios de 2007 al 2009, Alto Palermo obtuvo ingresos por 483 millones, 640 y 642, respecti­vamente con ganancias de 64 mi­llones en 2007 y 80 en 2008.

La compra de un terreno de 3.200 metros cuadrados en Beru­ti entre Bulnes y Coronel Díaz, el 27 de junio de 2008, en unos 17 millones de dólares (5.500 dóla­res el metro cuadrado), reforzó la tendencia actual de actuar en un rubro que produjo en Estados Unidos y otros países, la temible burbuja inmobiliaria.

A mediados de enero de este año, se anunciaba que uno de los socios de IRSA, la chilena Parque Arauco, le vendería su participa­ción de casi un 30 por ciento en Alto Palermo, que agrupa a siete shoppings porteños y cuatro en provincias. La suma pactada as­cendía a 126 millones de dólares y el valor del grupo Alto Palermo, trepaba a los 430 millones de dó­lares. Así, el 94 por ciento de esos centros, iba pasando a manos de la empresa madre.

Se cuenta en la intimidad de la familia, que en 2005 Irsa com­pró una estancia en el lago Na­huel Huapi con base en el bos­que de arrayanes que da a Villa La Angostura. Se dice, además, que Elsztain ayuda a diferentes entidades de la colectividad ju­día incluyendo colegios y sinago­gas, y ha ocupado cargos en fun­daciones internacionales como la Hiller, nacida en 1917 en los Esta­dos Unidos.

La filantropía es parte de su compromiso religioso de fuerte carácter en su familia. Se argu­menta que la ayuda es un renglón apenas perceptible de una acu­mulación que no deja rastros en las declaraciones impositivas, un asunto tan antiguo como la lluvia que cae sobre los tejados.

 

Fuente Redacción Z
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