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TEMAS DE LA SEMANA

El asesino del deseo

El estrés no sólo empeora nuestra salud y calidad de vida sino también nuestra vida sexual.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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El estrés es una de las preocupaciones más frecuentes en los tiempos que corren. Problemas de dinero, grandes responsabilidades, presiones laborales y dificultades en el seno familiar, separaciones, el cansancio y el modo de vida acelerado, son situaciones que pueden provocar en las personas predispuestas el tan famoso estrés.

Entre los trastornos más frecuentes, se encuentran las alteraciones en el deseo sexual, eyaculación precoz, problemas de erección, coito doloroso, falta de lubricación vaginal y anorgasmia en la mujer.

Según importantes investigaciones científicas, el estrés es la principal causa de disfunción sexual tanto en hombres como en mujeres. Mientras que el sexo es la mejor vacuna contra el estrés, el estrés, sería el peor enemigo del sexo. Pero veamos un poco más detenidamente cómo afecta el estrés al sexo. El estrés hace que aumenten los niveles de cortisol en sangre; esta hormona reprime algunas de las funciones orgánicas, pero también las sexuales.

Aprender a manejar el estrés

Se ha demostrado ampliamente los estragos que genera el estrés. No hay arista del cuerpo o de la mente que no se haya desfigurado con su toque y su presencia. No es novedad que el agobio cotidiano y la vorágine en la que se sobrevive diariamente domina el apetito sexual. De esta manera, el deseo y la respuesta sexual se ven seriamente comprometidos.

Generalmente cuando estamos estresados o agobiados por algún problema o preocupación, este hecho nos impide disfrutar del sexo plenamente. Para revertir esto, necesitamos dejarnos llevar por las sensaciones y liberar nuestra mente de esas preocupaciones, algo muy fácil de decir, pero difícil de hacer, aunque tenemos al menos que intentarlo, para que el estrés no comience a hacer estragos en nuestra salud.

Como ya hemos comentado en artículos anteriores, son pocas las personas que consultan con un especialista, ante la aparición de alguna situación que altera o modifica su vida sexual. Con respecto a esto, tenemos que decir que ante el primer signo de alarma tanto en el plano físico como sexual, es importante prestarle atención, ya que posiblemente la causa esté dada por el estrés.

Una buena salida sería aprender a manejar el estrés, practicando ejercicios basados en la relajación, la respiración y la reflexión, para identificar cuáles son aquellas situaciones que nos están molestando y si no podemos eliminarlas de nuestra vida, por lo menos aprender a convivir con ellas.

Por otra parte, priorizar aquellas cosas que realmente tienen valor y así podremos mejorar nuestra calidad de vida. Renunciar al costado más animal del ser humano es atentar contra la salud y dejar que se diluya la pasión y el estímulo en la pareja suelen ser negligencias caras de pagar. El primer paso para que esto no ocurra es aprender a liberar tensiones.

Consecuencias de la falta de sexo: cómo evitarlas

Los especialistas coinciden en que cargarse de tensiones es malo para la salud a corto y largo plazo. Es preferible tener encuentros eróticos que agendas repletas de compromisos que solamente producen agobio y falta de productividad laboral, para eso es recomendable: trabajar la autoestima, quererse es cuidarse y ocuparse de uno mismo; encontrar tiempo para la relación y relajación; huir de la monotonía sexual; incluir juegos eróticos capaces de despertar los instintos más primitivos que estimulan el contacto y que predisponen a un segundo encuentro.

El sexo es un buen liberador de energía, más que las citas, los eventos sociales y los compromisos de trabajo. Cuanto menos intimidad se tenga, más frustración, más inseguridad y más sobrecarga de estrés tendrá nuestra vida. Se puede recurrir a una terapia sexual individual o de pareja para intentar hallar una solución y así reactivar la pareja y no morir en el intento.

Fuente Redacción Z
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