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TEMAS DE LA SEMANA

El arte de la memoria, a 34 años del golpe de Estado

En los ex-centros clandestinos de detención se trabaja para mantener viva la memoria.

Por fernando-casas
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Si uno no supiera lo que pasó acá… el lugar es lin­do», dice el escritor Juan Incardona. El lugar es la ex ESMA, Juan se ofrece a acom­pañar al cronista de Diario Z. Las calles internas del ex Centro Clan­destino de Detención, Tortura y Ex­terminio (Ccdtye) ESMA son apaci­bles, están escoltadas por árboles que ensombrecen este mediodía de marzo. «Aquélla es la enfer­mería», señala Juan adonde lleva­ban a las mujeres a parir los bebés que aún hoy buscan las Abuelas.

Juan coordina el área de letras del Espacio Cultural Nuestros Hijos (Ecunhi), el último grito de memo­ria de la Asociación Madres de Pla­za de Mayo. Afines de enero de 2008 desembarcaron en el edificio donde funcionó el ex Liceo Naval, lo reacondicionaron y comenzaron a dictar cursos y talleres divididos en cuatro áreas: teatro, música, artes visuales y letras. Además, brindan recitales, hay presentaciones de li­bros, teatro, proyecciones de films que no se consiguen en el circuito comercial y documentales. El área eventos se lleva a cabo en el Audi­torio, un salón rectangular impac­tante. Hay un escenario y, enfrente, una escalinata donde el taller Abue­los Muralistas representó la imagen de Juan Salvo, célebre protagonis­ta de El Eternauta de Héctor Oes­terheld, uno de los cinco mil dete­nidos que pasaron por la ESMA. «Ex ESMA», corrige Marcelo Du­halde, director de Prensa del Ar­chivo General de la Memoria, que funciona en otro edificio: en las 17 hectáreas que ocupa el lugar, sólo cuatro de las 34 construcciones es­tán habitadas: el nombrado Ecun­hi de las Madres, el y el Centro de la Memoria Ha­roldo Conti (que ocupan el lugar donde funcionaba la Escuela de Guerra Naval) y el Espacio para la Memoria, ubicado en el pabellón central, hoy llamado Cuatro Co­lumnas, donde estaban las aulas de instrucción técnica de los sub­oficiales y las oficinas del director.

Desde allí salen las visitas guiadas al Casino de Oficiales. En el edifi­cio en refacción del Haroldo Conti conmemoró la fecha la presidenta Cristina Fernández y entregó men­ciones a cuatro padres de Plaza de Mayo. El Conti cuenta con la Biblio­teca Obispo Angelelli y la Cinema­teca Raymundo Gleizer, además de organizar seminarios y muestras permanentes. Integra el Archivo General de la Memoria, dependien­te de la Secretaría de Derechos Hu­manos de la Nación, que alberga el mayor archivo destinado a preser­var, investigar y difundir los críme­nes del Estado en todo el siglo XX.

Pronto habrá más edificios re­cuperados: Canal Encuentro, la Unesco y los Familiares de Des­aparecidos y Detenidos por Razo­nes Políticas tendrán el suyo. No es sencilla la asignación de lugares a los organismos, y toda con­vivencia entre distintas orga­nizaciones políticas tiene sus idas y vueltas. La historia de las internas entre quienes lu­chan por la misma causa data desde el mismo momento en que las Madres se dividieron en 1985 en Línea Fundadora y Asociación. La ex ESMA, des­mantelada íntegramente el 30 de septiembre de 2007, es re­gulada por un ente triparti­to -cuyo nombre es Espa­cio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos-, com­puesto por Nación, Ciudad y organismos de derechos hu­manos. Mónica Escudero, de Familiares, revela: «Estamos en trámites con la UBA para empezar a dictar allí la ca­rrera de Derechos Humanos, pero lleva tiempo». La encontra­mos en el Centro Cultural Recole­ta, donde hasta mediados de abril se expone la muestra Informe Or­letti, del sobreviviente uruguayo Enrique Rodríguez Larreta hijo.

Automotores Orletti

En septiembre de 2009 fue el último de los Ccdtye que se recupe­ró para la memoria. Ubicado en Ve­nancio Flores 3519, esquina Emilio Lamarca, del barrio de Floresta, está en pleno trabajo de reconstrucción. Funcionó apenas comenzada la dic­tadura hasta noviembre de 1976, cuando los argentinos José Mora­les y su compañera lograron fugar­se. Ante el escándalo del barrio, el lugar fue cerrado y
sus prisioneros trasladados. Aún no se especificó cuán­tos detenidos hubo, sí que en su mayoría eran extranjeros. Uruguayos, chilenos, paragua­yos y hasta cubanos pasaron por allí, en el marco del Ope­rativo Cóndor, llevado a cabo por militares de casi todos los países latinoamericanos. «Una suerte de multinacional del horror», dijo la periodista y es­critora Stella Calloni, al tomar el micrófono en el acto por la recuperación del lugar, en el que también estuvo Macare­na Gelman García, la nieta de Juan Gelman.

Un sobreviviente de aquel infierno, el ex sindicalista uru­guayo Sergio López Burgos, estuvo hace unos días en el país para declarar en la causa. Antes de tomar la palabra en la apertura de la muestra so­bre Orletti en el C. C. Recoleta, le contó a Diario Z: «Estuve 14 días detenido allí, fue tremendo, col­garon a Santucho delante nues­tro de un gancho que cuelga de una viga… el tipo estaba totalmen­te torturado, demacrado». Aún no hay actividades en el lugar ni está abierto pero se está trabajando en su reconstrucción.

El Olimpo

También El Olimpo funcionó en el barrio de Floresta, ubicado en el predio enmarcado por las calles Ra­món L. Falcón, Olivera, Lacarra, Fer­nández y Rafaela. La construcción de principios del siglo XX, era una terminal de tranvías; en la década del 60 se convirtió en la cabecera de la línea de ómnibus 5, que aún pasa por el lugar, hasta el comienzo de la dictadura, cuando quedó ads­cripta a la órbita de la Policía Fede­ral. Este centro clandestino -uno de los pocos acondicionados específi­camente para tal fin-, operó des­de el 16 de agosto de 1978, día en que los detenidos llegaron de otro «chupadero», el Banco de La Ma­tanza, llevados en medio de la no­che en la caja de un camión del ejército, engrillados de dos en dos, semidesnudos, cada uno con sus pertenencias. En El Olimpo fueron privados de su libertad al menos 500 personas, hasta fines de ene­ro de 1979, cuando dejó de funcio­nar. La causa Atlético-Banco-Olim­po, que juzga a represores de varias fuerzas, se tramita en los tribunales de Comodoro Py, y es uno de los juicios orales y públicos que pueden presenciarse desde febrero pasado.

En junio de 2005, se cristalizaron 2010los proyectos que organismos de derechos humanos y vecinos pre­sentaron para el desalojo de la Po­licía Federal. Así se abrió al público en jornadas de tres días entre el 25 y 27 de ese año. Hubo muestras fo­tográficas, talleres y un panel con ex detenidos. Desde entonces, fun­ciona una Mesa de Trabajo y Con­senso que nuclea a más de diez agrupaciones, entre ellas, H.I.J.O.S, R.E.I.R y el Centro de Participación Crítica y Política. Participan activa­mente en los juicios, en trabajos de investigación, visitas guiadas y dic­tados de talleres que bien pueden ser de historia, guitarra o teatro, además de contar con la Bibliote­ca Popular Carlos Fuentealba. El pa­sado martes 23, por segundo año consecutivo, los alumnos de la veci­na escuela Nº 2 Máximo Sabá Vic­toria, conmemoraron el Día Nacio­nal de la Memoria por la Verdad y la Justicia dentro
del predio.

Club Atlético

El Club Atlético está debajo de la Autopista, sobre la avenida Pa­seo Colón. Imposible no verlo cuan­do uno circula a pie, en auto o en colectivo. Imposible que los niños no pregunten, que uno no pien­se en el horror detrás de esas pa­redes. Funcionó durante 1977 en el edificio de suministros de la Po­licía Federal, en Paseo Colón entre San Juan y Cochabamba, y albergó a un total de 1.200 secuestrados. Constaba de un salón azulejado con acceso disimulado al subsuelo. La escalera conducía a una sala provista de una mesa de ping pong que usaban los represores, antes o después de recorrer las 40 «leone­ras» -celdas-, y llevar a los deteni­dos a alguna de las tres salas de tor­tura donde trataban de quebrarlos para obtener información.

ESMA, Orletti, Banco, Olim­po, Atlético, la memoria sabe todo cuanto sucedió allí. También en Vi­rrey Ceballos 628 -a sólo dos cua­dras del Departamento Central de Policía-, la casa de la calle Franklin 943 y en tantas comisarías de la Ciudad donde el terrorismo de Es­tado fue el denominador común.
Cada ex centro clandestino en nuevas manos sigue investigando la tozuda verdad. Pisar muerte con vida, cambiar silencio por expre­sión, y violación y tortura por con­tención, documentación, archivo. Ése es el arte de la memoria.

 

Fuente Redacción Z
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