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TEMAS DE LA SEMANA

Educación: El riesgo de tomar lo que dice el doctor

El desconocimiento permite medicar sin diagnóstico serio.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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pastillas

Un señor, una señora o un joven ve un guardapolvo blanquísimo y piensa, rápidamente, que sabe, que sabe sobre sexualidad humana y que, por lo tanto, va a poder indicarle y resolverle los problemas sexuales que le aquejan. Nadie pregunta y todos suponen. Suponen que son empleados de una farmacia, o un maestro que sale de la escuela cercana, o un empleado de un frigorífico, o un médico que va a ingresar al hospital cercano… La blancura de la prenda es un “pasaporte” al saber sexológico.

Este error se encuentra muy difundido en este país, y los productores de medicamentos lo saben y lo aprovechan para sus fines comerciales. La inmensa mayoría de los medicamentos exhiben en su envase la frase “venta bajo receta”. Y todos sabemos que se expenden analgésicos, antibióticos, antiespasmódicos, antigripales, antitusígenos y docenas de comprimidos, ampollas y tabletas con el requisito simple de solicitarlos. Y es más… casi siempre sin evocar el nombre del medicamento. En el mostrador, frente al impecable guardapolvo blanquísimo, se exponen dos o tres síntomas y el guardapolvo blanquísimo despacha presuroso. No preguntó nada, no tomó la presión arterial, no evaluó el conjunto sintomático, no hizo diagnóstico diferencial. No palpó, ni auscultó. Nada. Despachó. El guardapolvo era un empleado joven, que había entrado hacía tres meses.

En las consultas por problemas sexuales el “despacho” se vuelve mecánico. Para los “compromisos”, el famoso citrato de sildenafil (“Viagra”); para la anorgasmia femenina, el último gel con aminoácidos; para la falta de deseo sexual, un frasco de hormona masculina inyectable.

El fenómeno tiene su explicación. No hay Sexología Clínica en los currículums universitarios de Medicina o Psicología. Esto puede asombrar, pero es verdad. Y ésta es la simple razón, por la cual no aparecen sexólogos clínicos, en las cartillas de las instituciones prepagas, o sindicales, u obras sociales. Las cartillas se elaboran siguiendo las especialidades y las materias de la Facultad. Este hecho tiene consecuencias interesantes. Como el sexo vende, interesa y llama la atención, numerosos profesionales, que nunca en su vida se han interesado o siquiera estudiado materias de Sexología Clínica, amparados en su autorización legal y legítima, indican, recetan, opinan y asesoran sobre temas de sexualidad. Nuevamente, un guardapolvo blanquísimo da respaldo legal al comprimido “salvador”. Los productores y vendendores de medicamentos, muy agradecidos. Los pacientes ansiosos, deprimidos por desventuras sexuales sin resolver, ignoran quién les indicó lo que tomaron, qué es lo que producirá en sus organismos y en su psiquis. Otra vez la magia en nombre de la ciencia. Y el país, sigue con un índice altísimo de analfabetismo sexual.

Es necesario que se cumpla estrictamente la Ley de Educación Sexual, que se incluya una materia de Sexualidad Humana en las carreras de Medicina y de Psicología. Hasta que no llegue ese momento, el público deberá siempre suponer que los guardapolvos tienen conocimiento. Mientras tanto, tomar un medicamento no garantiza que se ha consultado –humana y científicamente– por un problema sexual.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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Diario Z
Médico sexólogo clínico. Director del Programa de Sexología Clínica del Hospital de Clínicas. Jefe de Cátedra Libre Sexología Clínica.