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Educación: el hombre fuerte de Macri a la sombra de Posse

Es Andrés Ibarra, ex gerente general de Boca.

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Tiene un bajísimo perfil. De hecho, no suele conceder entrevistas, no acostumbra a hablar en los actos de inauguración de escuelas y apenas se muestra en las imágenes que retratan los fotógrafos del Gobierno de la Ciudad.

Se trata de Andrés Ibarra, subsecretario de Gestión Económico Financiera y Administración de Recursos del Ministerio de Educación porteño. En rigor, bajo esa larga denominación, es quien administra la cartera y el encargado de las obras públicas en los colegios.

Porteño, de 52 años, a diferencia de la mayoría de funcionarios de segunda línea conoce a Mauricio Macri desde hace más de 15 años y tiene una comunicación directa con él.

A tal punto que, mientras estuvo Mariano Nadorowski en la cartera educativa, en el macrismo reconocían que era prácticamente un ministerio partido en dos: las obras por un lado y la política educativa por el otro. «Estaba al tanto de todo y siempre Andrés mantenía informado de sus trabajos al ministro», cuentan allegados al subsecretario.

Sin duda es el hombre fuerte en Educación y esto se verá plasmado en las próximas semanas cuando, tras la asunción de Abel Posse, se transforme en el secretario general del Ministerio. Desde ese cargo actuará como coordinador operativo en el manejo integral de todas las áreas, según adelantaron a Diario Z fuentes oficiales.

Licenciado en Economía de la Universidad Católica Argentina (UCA), donde además dio clases, tiene un perfil netamente ejecutivo-empresarial y no se concibe como un político.

De hecho, este cargo fue su primer trabajo en la gestión pública. Gran parte de su vida profesional fue en el ámbito privado, en especial en las empresas del Grupo Socma, de Franco Macri.

«A esta altura, si bien soy economista, ahora soy un generalista», bromea Ibarra en la intimidad tras su paso por trabajos muy disímiles que terminaron en Educación, un lugar al que jamás hubiera imaginado 20 años atrás.

Un legislador opositor que maneja los temas educativos, que prefirió el anonimato, definió ante una consulta de este medio el cambio que sufrió el funcionario del PRO en su paso al sector público: «Ibarra nos decía cuando asumió en 2007 que en Boca hacía grandes obras contratando en 10 minutos y que ahora, con la burocracia y todos los procedimientos que exige el Estado, es un quilombo hasta arreglar una estufa».

Cerca de él lo definen como un workaholic (adicto al trabajo) y como un eterno «amiguero». Es un hombre tranquilo y se mantiene en forma a pesar del día a día en una oficina que ha hecho engordar a no pocos funcionarios.

Fanático de Boca, cumplió un sueño impensado hasta ese momento: hacerse cargo del club al que toda la vida siguió. Corría 2003 y Macri decidió llevarlo como gerente general del club xeneize.

La idea de Macri era reestructurar la administración de Boca y aprovechar a Ibarra para fomentar nuevos desarrollos comerciales y la venta de la «marca Boca» en otras latitudes, en especial China, donde su padre, Franco, había cosechado buenas relaciones.

«Para Andrés era el sueño del pibe», comenta una fuente que frecuenta al funcionario. Aunque nunca viajó a Japón a acompañar al equipo para la Copa Intercontinental, como gerente organizó giras por países asiáticos (China y Corea) para jugar campeonatos amistosos, tal como le había pedido Macri.

En el club además conoció a quien luego sería el ministro de Seguridad y Justicia porteño: el entonces juez federal Guillermo Montenegro, quien compartía junto al también magistrado Ariel Lijo, entre otros, una comisión asesora en materia de seguridad del club.

Además, preparó un libro en coautoría con el propio jefe de Gobierno y Alberto Ballve: Pasión y gestión, donde relatan las peripecias del manejo del club que los cobijó.

Pero no todo fue gestión comercial y éxito deportivo. En sus años en Boca conoció a Jorge «el Fino» Palacios, algo que no oculta a pesar del escándalo de espionaje que salpicó a su propio ministerio.

Fue en 2004 cuando se creó por primera vez en el club xeneize la gerencia de seguridad donde «el Fino» asumió. Si bien tenían buena relación, el carácter fuerte del ex comisario lo enfrentó con otros dirigentes. Ibarra siempre intentaba mediar. A pesar de ello, explican alrededor del subsecretario, «no tenía una relación cotidiana con el Fino».

Como no podía ser de otra manera, juega al fútbol, en especial los fines de semana. Sus amigos lo describen como un mediocampista ofensivo. «Puede jugar de 8 o de 10», confían.

Amante de los deportes, también le gusta el golf, al igual que a otros funcionarios del PRO como Daniel Chaín (ministro de Desarrollo Urbano). A pesar de ello, le insume demasiado tiempo como para mejorar un hándicap de 24. Por eso sólo se da lugar una vez cada 15 días para pasar la tarde cerca de los greens.

Ibarra está divorciado y tiene tres hijos (de 23, 20 y 17 años), con quienes reparte su tiempo mientras cuida su flamante huerta orgánica en su casa de San Isidro.

La gestión, con bemoles

La gestión de Andrés Ibarra ha recibido durante dos años una lluvia de críticas. Entre los suyos se queja por algunas actitudes de la oposición y por el reflejo de muchos medios de comunicación. «Todo lo que uno hace se tamiza desde lo político y desde la ideología, es la parte ingrata de esto», analiza cuando lee y escucha críticas que considera infundadas.

Según le repetía Ibarra a Macri para explicarle los inconvenientes que tuvo, en especial en los primeros meses de gestión, el principal problema con el que se encontró fue la falta de mantenimiento. Desde una pequeña filtración hasta la caída de una membrana del techo.

Cuando es consultado, nombra su trabajo realizado en los comedores escolares y el programa que desarrolla orquestas en villas que creció exponencialmente. Además, dice entre los suyos que se enorgullece cuando un director de escuela se emociona por una obra que lograron finalizar o cuando recita que hubo un récord de inversión en el área educativa. Se entusiasma con números: más de 680 obras en dos años.

Además le ha asegurado a Macri que para 2010 se terminará el Polo Educativo de la Villa 20, donde se inaugurarán un jardín de infantes y una escuela primaria.

A pesar de que las obras estuvieron paradas, el Polo Educativo de Saavedra también podría avanzar para el año que viene. Con una inversión presupuestada en 45 millones de pesos, un jardín infantil y una escuela especial podrían finalizarse.

También, la Escuela de Música podría avanzar (actualmente está terminada en un 60% y en Educación pretenden llevarla al 75%). Sin embargo, quedará pendiente otro año más la Escuela Técnica que se prevé esté instalada allí.

Sobre las denuncias de subejecución, es decir que no se invierten la totalidad de fondos presupuestados para ese año, en Educación apuntan que en 2009 alcanzaron el 75% «en un contexto de crisis», dicen, y que en 2008 superó el 90%. «Antes de 2000 siempre había enormes subejecuciones y en 2002 y 2003, con Aníbal Ibarra, la ejecución no alcanzó el 50%», argumentan en la cartera educativa.

Pero para la oposición estos datos tienen fuertes matices. Según reveló el legislador porteño y economista Martín Hourest (vinculado a Proyecto Sur) «el presupuesto de 2010 para infraestructura y mantenimiento disminuye un 40% con respecto de 2009».

Asimismo, continuó Hourest, «a septiembre de este año se ejecutó sólo un 27% del presupuesto en construcciones». Esto significa que de $282 millones presupuestados, se invirtieron sólo 77 millones.

«Hay una ausencia de control y de regulación de subsidios otorgados a la educación privada, los cuales son uno de los rubros que más creció en el presupuesto en los últimos dos años. Entre el ejercicio 2007 y el Presupuesto 2010, el presupuesto para Educación de Gestión Privada aumentó 93%», completó el legislador.

Ibarra y la familia Macri

Ibarra es un viejo conocido de la familia Macri: comenzó su carrera en Socma (el grupo empresario de Franco Macri) como becario en la constructora Sideco. Allí conoció al jefe comunal, quien para 1985 era gerente de Socma Inversora.

Dos años más tarde el jefe de Gobierno era vicepresidente de la empresa (asumió en 1987) mientras el subsecretario era el encargado del área Control de Gestión.

En esa época conoció a dos de los actuales ministros del elenco del PRO: el de Desarrollo Urbano, el arquitecto Daniel Chaín (quien además fuera su jefe) y el titular de la cartera de Hacienda, Néstor Grindetti, quien había arrancado como cadete en Sideco hasta llegar a los máximos cargos dirigenciales.

Para 1996, mientras Macri llegaba a la presidencia de Boca, Ibarra se desempeñaba como director financiero en Autopistas del Sol, cuando la concesionaria de peajes estaba integrada por tres empresas, entre ellas Sideco. Allí se dedicó a armar un plan de negocios a largo plazo.

Fuente Redacción Z
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