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TEMAS DE LA SEMANA

Eduardo Sierra: “Buenos Aires se convirtió en una isla de calor”

Para el especialista, distintos factores convirtieron a la Ciudad en una isla de calor que activa tormentas localizadas severas que prácticamente no se pueden pronosticar.

Por Juan Carlos Antón
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«Yo nací en la peor ola de calor que tuvo el país. La de diciembre del 47 y enero del 48. La historia de mi mamá era cómo había sufrido conmigo en su vientre”, recuerda Eduardo Sierra, ingeniero agroclimatólogo, profesor en la UBA e investigador del Conicet. Acostumbrado a dictar conferencias, dar charlas y ofrecer entrevistas sobre los mil y un cambios del clima, Sierra recibe a Diario Z para hablar de las intensas lluvias que afectan a la Ciudad cada vez con mayor frecuencia. Y lo hace justo en el día de su cumpleaños 67, en su oficina de la Facultad de Agronomía de la UBA, ubicada en un enorme oasis verde de 74 hectáreas en medio del cemento de Buenos Aires. Sierra sabe del tema y se nota. Incluso se permite ironizar al respecto: “A un diputado o intendente de un pueblo, yo les hablo de obras de prevención, pero si no está pasando ninguna desgracia en ese momento, me dicen: ‘ah, qué interesante ingeniero, nos podemos reunir dentro de cinco años’. A mí me llaman para hacer la autopsia, pero no para evitar que el paciente se muera. Por ejemplo, después de una tormenta fuerte, como la que ocurrió en diciembre pasado, recibo diez, veinte o cuarenta llamados. Me preguntan: ¿Qué pasó? ¿Por qué está lloviendo tanto? ¿Qué ocurre? ¿Es el calentamiento global? ¿La naturaleza nos castiga porque nosotros la atacamos? Después, ni se acuerdan”.

Pero es verdad que llueve más en la Ciudad. Se dijo que el 2014 fue el año más lluvioso en 113 años.
Eso es incorrecto. Es cierto que fue el año más lluvioso de los últimos cuarenta años. Lo que pasa es que alguien dijo que había llovido casi dos mil milímetros, pero no fue así. Acá al lado del pabellón nuestro en Agronomía, tenemos el observatorio de lluvias.

¿Las mediciones fueron erróneas?
El que lo dijo lo habrá medido en el patio de su casa. La falta de fundamento en las informaciones es mortal. Si eran 2000 milímetros, habría que remontarse al 1900. Pero en verdad fueron 1500 o 1600. Y los años 1975 y 1976 fueron tan lluviosos como el 2014. Tampoco es una novedad: si ocurrió hace un siglo, no es nuevo.

¿Por qué no pasó en tanto tiempo y pasa ahora? ¿El aumento de población influyó?
En realidad, estamos hablando del conurbano, ya que la Ciudad de Buenos Aires no ha cambiado mucho su población. Aumentó la cobertura del suelo. Buenos Aires pasó de tener barrios de casonas con parque a esto que es ahora. Se exacerbó en los años 50 con el uso generalizado de automóviles, la refrigeración y los edificios altos. La perspectiva es que empeore.

¿Y por qué llueve tanto?
El calentamiento global es real y las lluvias ahora son más intensas. Pero la Ciudad de Buenos Aires se inundaba desde la época de la Colonia. Las grandes lluvias de esos años dificultaron la construcción de los primeros edificios. Sí, es verdad que la variabilidad natural del clima se ve muy agravada por el reciente crecimiento de la impermeabilización de la superficie, la emisión de energía, el hecho de que la barrera de edificios actúe como una cadena montañosa y levante la temperatura. Eso es lo que se llama una isla de calor.

¿Qué hace la isla de calor?
Activa la tormenta. La ciudad en un día de calor puede tener cinco grados más que el área rural que la rodea. Toda esa isla de calor hace que Buenos Aires sea un disparador de tormentas. Y hay que esperar en los próximos años que esto se exacerbe.

¿Interviene algún otro factor?
Sí. Hay oscilaciones climáticas de largo período que influyen mucho. Las que más afectan a Sudamérica son las del Océano Pacífico y la del Atlántico. Específicamente la del Atlántico es la que nos afecta a los porteños.

¿Cómo?
Cuando el Atlántico está frío, estabiliza el clima; cuando se calienta, como ocurre en la oscilación actual, la zona costera empieza a tener unas lluvias terribles. Y de ser más o menos parejas, las lluvias pasan a ser unas tormentas como las de ahora. En 1948 cuando yo nací, teníamos el Atlántico muy caliente. También se desbordaba el arroyo Maldonado, como ahora. Luego el Atlántico volvió a estar frío y más o menos desde 1995, estamos en el período actual.

¿Por cuánto tiempo seguirán estas tormentas tan severas?
El ciclo dura entre veinte y cuarenta años. Éste ya lleva veinte. Se cumplen ahora, pero si el período es largo, puede durar hasta el año 2035. Y tiene toda la pinta de que es largo porque cada año se van intensificando. Como la Ciudad está aumentado su consumo de energía ferozmente, es probable que haya peores tormentas con las consecuencias de inundaciones que ya conocemos.

¿Qué obras habría que realizar para evitar eso?
Hay que construir obras de defensa. Las antiguas culturas, que no contaban con tantos elementos pronósticos, eran más previsoras. Cuando alguien me dice que depende de la calidad del pronóstico, es porque está mal preparado. El pronóstico siempre es a corto plazo. Las medidas más importantes no dependen del pronóstico, sino de la previsión. Cuando salen los funcionarios a decir que si no hubiera fallado el pronóstico del tiempo, habrían podido decir a la gente que no sacase la basura, faltan a la verdad. La inundación no se da porque se saque o no la basura porque el pronóstico no avisó. Hay que tomar medidas porque estos fenómenos de tormentas localizadas severas son prácticamente impronosticables y tienen un plazo de vida muy corto.

Por ejemplo, en el Parque Sarmiento se hicieron reservorios.
Se están haciendo obras para paliar los efectos, pero ninguna para reducir el efecto de la Ciudad, el consumo de energía. Hay mucho para hacer en consumo nocturno de energía, en bajar la cantidad de autos, en lo que respecta a “naturar” las veredas, calles; es decir, en que sean más permeables. Habría que cubrir las superficies con enredaderas, los techos con tierra y vegetación, hacer edificios mejor aislados… El peor tren es más eficiente que cincuenta camiones de última generación. Ese enfoque es el que no se está dando. Hay cada vez más autos y se sigue consumiendo cada vez más energía.

Buenos Aires tiene cada vez tiene más edificios, hay menos espacios verdes.
Es verdad. Si hubiera un buen sistema de transporte público, que no hay, se podría dispersar la ciudad. Europa en buena medida dispersó mucho la industria; en su caso, por los bombardeos de las guerras. Acá la gente se va más a las ciudades, se está concentrando. El Sarmiento mejoró pero no da abasto. Se reemplaza el empedrado cuando es más ecológico: entre los adoquines crecía el pasto, eso quiere decir que ahí entraba el agua. Ahora hay monstruosidades, como ese megashopping que está en la General Paz, que impermeabilizan mucho. Si en vez de hacer toda la playa de estacionamiento impermeable, usted pone sólo las ruedas del auto y entremedio pasto, ya está. Hay muchísimas cosas que pueden hacerse pero que no se hacen, más por falta de imaginación o de conciencia.

¿Y el calor tan fuerte también seguirá?
Calor hubo siempre y tormentas así, también, aunque tal vez el fenómeno no se percibía tanto porque Buenos Aires no era una ciudad tan emisora de energía como ahora. Cuando yo nací, se registró el récord de temperatura de Sudamérica. En diciembre de 1947 en Rivadavia, el Chaco salteño, hizo casi 48 grados en una zona eminentemente rural. En los años 30, 40 y 50, hubo olas de calor que dejan chiquitas a las que tuvimos en los últimos años. Y ni siquiera había aire acondicionado.
Es difícil no usar aire acondicionado.
Por eso yo le digo que, lamentablemente, el panorama empeorará.

«Hace 17 años que no sube la temperatura»

La cuestión del clima está atravesada por los conceptos de cambio climático y calentamiento global. Si bien son cosas diferentes, ya parecen significar lo mismo: “Sinónimos no son, pero han logrado convertirlos en tal –explica Sierra–. De hecho, el IPCC (Panel Intergubernamental del Cambio Climático) da sólo cifras de calentamiento global. Empezó a hablarse de esta cuestión desde que subió el petróleo, en los años ochenta. Si bien 1998 fue el año más cálido, hace 17 años que no sube la temperatura. Se ha fogoneado mucho porque tiene implicancias políticas. De hecho, tiene un aspecto estratégico importante, porque es una especie de fachada para manejar la política energética a nivel global”.

¿En qué sentido?
El calentamiento global se atribuye al efecto de invernadero que genera el dióxido de carbono de los combustibles fósiles, como el petróleo. Hasta que apareció el shale oil, se les puso dinero a los del calentamiento porque sirvió para parar a China que quería entrar en el mercado. Yo tengo la impresión de que, con la llegada del shale oil, al calentamiento global lo están desinflando poco a poco.

¿Y desde cuándo se habla de cambio climático?
Desde 1849, cuando se descubrió el tema de las glaciaciones. El planeta tiene períodos glaciales (más fríos) e interglaciales. Ahora estamos en el último interglacial con una temperatura de más de 15 grados. Desde fines del siglo XIX y hasta hace poco se esperaba otro período glacial, pero a partir de 1980 se sabe que al estar emitiendo gases, como dióxido de carbono, se crea el efecto invernadero y posiblemente se retrase.

Perfil

Perfil

  • Tiene 67 años.
  • Está casado y tiene tres hijos.
  • Vive en Villa del Parque.
  • Es agroclimatólogo, profesor en la UBA e investigador del Conicet.
  • Se especializó en el Departamento de Ciencias Atmosféricas de la Universidad de Columbia, Missouri.
  • Autor de numerosos trabajos científicos y técnicos.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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