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TEMAS DE LA SEMANA

Eduardo Elsztain, el dueño de Buenos Aires

Desde el grupo IRSA construyó un emporio y es dueño de los principales shoppings porteños.

Por omar-saenz
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A Eduardo Elsztain no le gusta mucho que lo definan. Y hasta llega a enojarse cuando di­cen que es «el terrateniente» de la Ciudad de Buenos Aires. Sien­te que en esta categorización hay una connotación negativa que no tiene nada que ver con la forma en que él encara sus negocios y su vida. Pero hay algo que no puede soslayar: es el mayor propietario individual de la Ciudad. Porque él y su familia poseen aquí 16.250.000 metros cuadrados entre edificios, shoppings y terrenos: la misma su­perficie que los barrios de Belgra­no, La Boca y Recoleta juntos. O apenas un poco menos si se su­man Caballito, Alma­gro y Flores. Pero hay más: si se agregan las propiedades que tiene en todo el país, alcan­za a los 21 millones de m2.

A los 50 años, Eduardo Sergio Elsztain es, a través del grupo IRSA, dueño en Capital Federal de seis shoppings (Alto Palermo, Abasto Shopping, Patio Bullrich, Paseo Al­corta, Buenos Aires Desing y DOT); 13 edificios para alquiler de ofici­nas; más de 15 millones de m2 en terrenos para construir (entre ellos, Puerto Retiro; tres predios en aveni­da Madero y Della Paolera; un solar muy cotizado al lado del Alto Paler­mo sobre la calle Beruti, y el futu­ro barrio número 49 de la ciudad, el Santa María del Plata, al lado de la ex Ciudad Deportiva de Boca), dos hoteles: el Intercontinental y en Sheraton Libertador, y otras pro­piedades como el Museo Renault. Aquí no se cuentan las propiedades en Puerto Madero, como el edifi­cio Costeros que decidió vender hace unos años, ni su participación como accionista mayo­ritario en el Banco Hi­potecario, donde es so­cio del Estado.

Esta descripción tampoco tiene en cuenta sus ac­tivos en el resto del país, como los centros comerciales Alto Ave­llaneda, Noa Shopping, Rosario, Mendoza Plaza Shopping, por mencionar alguno de los ocho que posee; sus acciones agrope­cuarias en Cresud y BrasilAgro (ver aparte); la construcción de edifi­cios para vivienda en la zona nor­te del Gran Buenos Aires y el ho­tel Llao Llao en Bariloche, entre otros. En conjunto, estas inversio­nes le reportaron al grupo en el último semestre de 2009 una ga­nancia neta de 265 millones de pesos. Esta buena performance le permitió a IRSAser la primera em­presa nacional que recibió finan­ciación en el extranjero con obli­gaciones negociables tras la crisis europea: consiguió u$s 150 millo­nes a 10 años con una tasa de in­terés del 11,5%.

¿Pero cómo se dio la historia para que Eduardo Elsztain se con­virtiera de un egresado del Cole­gio Nacional de Buenos Aires y con una carrera en administración de empresas en la UBA interrumpida en los primeros años en «el terra­teniente» porteño? Para compren­der esto hay que tener en cuenta que para este empresario hay tres cosas que son fundamentales en su vida: la familia, la religión y los ne­gocios. La familia, porque él se hizo cargo de la empresa fundada el 1943 por su abuelo Isaac, la inmo­biliaria IRSA, y la convirtió en el hol­ding que es hoy. Cuando la tomó, a fines de los 80, esta firma tenía un capital de $ 100.000. En los últimos seis meses de 2009 tuvo ingresos por $ 657 millones. Y en este pro­ceso no estuvieron ajenos sus her­manos Alejandro y Daniel; su pri­mo Fernando, y su mujer, Mariana Carmona, una psicóloga que hoy se encarga del Museo de los Niños en el Shopping Abasto.

Claro que en este crecimien­to también tuvo la ayuda de una mano venida del exterior. En el tema religioso, en los últimos años se integró más en los movimientos ortodoxos. Pero siempre fue judío practicante, respetuoso del Sabba­th y otros ritos. Esta condición le permitió construir muy buenos la­zos con esta comunidad que le sir­vieron de puente para sus nego­cios. Gracias a dichos contactos es que Eduardo Elsztain logró a prin­cipios de los 90 encontrarse con el millonario húngaro nacionaliza­do norteamericano George Soros. Y su propia habilidad para vender productos en real estate logró con­vencer al magnate para invertir en negocios inmobiliarios en Buenos Aires. Esta relación dio pingües be­neficios a ambos durante diez años (en ese lapso, Soros ganó u$s 600 millones en nuestro país), pero en 2000 terminó y no en buenos tér­minos (ver recuadro). La razón prin­cipal de la ruptura fue la estrategia especulativa de Soros contra mo­nedas o bonos de ciertos países (lo hizo incluso contra la libra británi­ca) que provocó, entre otras, la cri­sis asiática de 2007. Si bien Elsztain conocía esta forma de ganar dine­ro de su socio húngaro, su enojo se produjo cuando perdió millones como consecuencia de los coleta­zos de esa crisis en la Argentina.

Pero el lugar de Soros no quedó vacante. Dados sus contactos en el exterior, Elsztain se asoció con tres de los hombres de negocios más ri­cos del mundo: Michael Steinhardt, Sam Zell y Edgard Bronfman. Justa­mente a este último lo conoció en una fiesta en Israel (se lo presentó un miembro de la comunidad judía argentina) y con él intercambió tar­jetas. A menos de un mes de este encuentro, Bronfman (que se hizo millonario con la venta de los estu­dios Universal y la compañía de be­bidas
Seagram) ya se había asocia­do con Elsztain.

Pero la relación entre ambos fue más allá todavía. En 2005, Bron­fman le ofreció a Elsztain el pues­to de tesorero en el Congreso Ju­dío Mundial, que presidía el mismo Bronfman (hoy el Congreso está di­rigido por Ronald Lauder y Elsztain es el número dos, como director de esta organización), lo que le dio trascendencia internacional y buena llegada a la banca norteamericana.

Pero estas conexiones globa­les no impiden que Elsztain siem­pre ponga la confianza en su grupo más cercano a la hora de tomar de­cisiones. Además de su familia di­recta, su minigabinete en la som­bras se completa con Saúl Zang, abogado de las empresas del gru­po, y en su momento con Clarisa Estol (fue presidenta del Banco Hi­potecario pero fue reemplazada en el cargo por el mismo Eslztain en 2009 y se retiró de la entidad) y con Marcelo Mindlin.

Con Mindlin -se conocen des­de hace casi 25 años- llegó a con­formar una férrea sociedad. Inclu­so en 1991 lo ubicó en el cargo de vicepresidente de IRSA. Pero en 2003, los amigos tuvieron diferen­cias de criterio en cuanto a cuáles podían ser los negocios más renta­bles. Eduardo insistía en el real es­tate y Marcelo, en los servicios pú­blicos. Tras su separación, Mindlin conformó el fondo Dolphin, con el que compró Edenor y Transener (la transportadora de energía más im­portante del país).

En el caso de la Ciudad, don­de tiene sus emprendimientos más rentables e importantes, sus contactos con el poder fueron va­riables. Su relación con Macri tuvo tres picos de estrés hasta que llegó a ser más bien fría. El primero fue en 2008, cuando tuvo que renun­ciar Roberto Apelbaum como pre­sidente del Instituto de la Vivienda porteño nombrado por Mauricio Macri en 2007. El funcionario ha­bía sido acusado de malversación de fondos y de favorecer a IRSA al intentar sanear la zona de la Ciudad Deportiva (es decir, remover la villa Rodrigo Bueno que está al lado de esta construcción y que es un pro­blema para la construcción del ba­rrio Santa María del Plata). Llama­tivamente, Apelbaum había sido gerente de IRSA y directivo del Ban­co Hipotecario antes de asumir su cargo en la Ciudad.

Ese mismo año, IRSA junto a otros inversores (Eduardo Eurne­kian, Banco Macro y Fernández Prieto, entre otros) presentó el Proyecto Bicentenario, un em­prendimiento para hacer un Puer­to Madero 2 en Costanera Norte con una inversión de u$s 1.100 mi­llones. Nunca se concretó. Una de las razones que dieron los empre­sarios fueron los desacuerdos entre la Ciudad y la Nación y la poca pre­disposición del Ejecutivo porteño para con el emprendimiento dada la insistencia de Macri en focalizar las inversiones primero en la zona de Barracas. El tercero de los mo­mentos álgidos con el gobierno de Macri fue por el monumento del Bi­centenario, para el que IRSA orga­nizó una competencia de proyec­tos, que tampoco se realizó nunca. Desde la Ciudad se encargaron de señalar la falta de voluntad de la empresa de llevar adelante este monumento conmemorativo.

Más allá de estos vaivenes y traspiés (en junio pasado, perdió una compulsa con Eduardo Costan­tini para comprar unos terrenos en Córdoba y Madero), el crecimiento de Elsztain no parece tener techo. Es que el «terrateniente» de la Ciu­dad parece haber tomado alas y, a pesar de seguir viviendo en Belgra­no, donde se crió, ya analiza cómo puede seguir extendiéndose en el exterior, particularmente en Esta­dos Unidos (ver recuadro). Ya cono­ce el terreno, que alguna vez le ma­peó Soros, y allí hoy se maneja solo, a gusto y piaccere. Contactos y ca­pital no le faltan.

 

Fuente Redacción Z
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