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TEMAS DE LA SEMANA

Eduardo Blanco: ‘Me siento un privilegiado’

El actor continúa con el éxito de El reportero y se prepara para un año de rodajes.

Por Camila Bretón
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El hombre entra en el bar solo. Saluda al mozo y elige la mesa que está al dado del ventanal. Se sienta, pide un café con leche y mira hacia afuera. Desde ese lugar observa pasar a la gente. O no. Hay días que lee. Se sumerge en el guión de la próxima película en la que va a participar y estudia entre el bullicio de la gente, el sonido de la máquina moliendo el café, ruidos que convierten a este bar, o a cualquier otro, en una atmósfera que lo envuelve. «Son lugares fantásticos para todo tipo de historias», dice Eduardo Blanco, el hombre que ahora está sentado en la cafetería del teatro La Comedia donde de jueves a domingo interpreta a un empresario poderoso en El reportero, escrita por Darío «Chino» Volpato y Diego Arandojo.

Sin tiempo para irse de vacaciones, este actor (53), ex vendedor de baterías de cocina, ex taxista, padre de un hijo de 24 años, divorciado y ahora en pareja, protagonizó en 2011 El pozo, opera prima de Rodolfo Carnevale, un cortometraje para el ciclo Fronteras de TNT y Una mujer sucede, primera película de Pablo Bucca.

¿Te gusta trabajar con directores que se inician?
Es un vértigo que uno se toma, pero me gusta trabajar con los consagrados también. En el cine estás muy en manos del director quien puede hacer de un buen guión una muy mala película. A mí me encanta participar en mi rol de actor, contar una historia y me es indistinto hacerlo en el cine, teatro o televisión porque me gustan las tres cosas y cada una tiene un elemento que las otras no lo tienen.

¿Qué te decide a ser parte de un nuevo proyecto?
Es la suma de una combinación de cosas pero me gustaría hacer una aclaración que se la escuché al actor español José Sacristán, no sé si es de él o no pero me gustó y la tomé para mí: yo no puedo elegir mi trabajo, puedo seleccionarlo porque necesito trabajar. Entonces puede suceder que en un año me ofrezcan dos cosas que no me gusten pero alguna tengo que hacer. Son muy pocos los actores o actrices que pueden elegir. Elegir significa que si no te gusta nada de lo que te ofrecen no hacés nada y yo no puedo hacer eso. Sin embargo me siento un afortunado porque puedo seleccionar y un privilegiado porque soy muy convocado.

¿Hubo un antes y un después en tu carrera a partir de la miniserie Vientos de agua, dirigida por Campanella?
Sí, pero en mi vida ya que contamos nuestra historia y las que nos rodean. La de nuestras familias, vecinos, hermanos. Fueron 13 capítulos de narrar lo propio y eso fue muy emocionante, no siempre se da. Pero profesionalmente hubo un antes y un después de El hijo de la novia (2001) porque a partir de allí surgieron millones de oportunidades. Fue una película que recibió premios internacionales, se estrenó en muchos sitios y fue un éxito que nos abrió puertas aquí y en el extranjero.
Últimamente hiciste más cine que teatro y televisión.

¿Dónde te sentís más cómodo?
En el teatro: el público está ahí, amo esa adrenalina de estar en vivo que no tienen el cine o la tele. Creo que para la formación de un actor, el teatro es lo mejor porque aprendés sobre la continuidad dramática, a conocer tus mecanismos internos. El cine, en cambio, tiene esa proyección internacional que el trabajo viaja solo, te sorprende y un día estás caminando por la calle y un australiano te para y dice: «Te vi en tal película». Te pueden ver en cualquier parte sin que vos te enteres.

En España tenés un gran reconocimiento. ¿Alguna vez pensaste en irte a vivir allá?
Nunca. A mí me encanta Buenos Aires, éste mi lugar, mi ciudad, soy de aquí. Conozco el olor de las esquinas, los cordones de las veredas. Me fascina la cultura que hay, las opciones teatrales, que estén las librerías abiertas toda la noche, que puedas salir a cenar tarde, me parece hermosa estéticamente y me encanta que sea una ciudad que puedas recorrer caminando.

DZ/rg

 

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