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Echaron al único linotipista del Centro Nacional de Música

Basilio Krepki trabajó 16 años en la imprenta y es el único que sabe manejar la linotipo, una reliquia que funciona desde 1901. Todavía se diseñan con ella los programas del Centro Nacional de Música.

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Basilio Krepki, linotipista

Basilio Krepki es linotipista. Un oficio en extinción que revolucionó la impresión de diarios a fines del siglo XIX. El obrero escribía sobre un teclado de 90 caracteres y la linotipo, parecida a una máquina de escribir, alineaba las matrices en una línea. La línea –las letras, los espacios, las palabras-  se fundía en una pieza de metal en un proceso conocido como la composición tipográfica de «metal caliente». Con una navaja, con cartoncitos, los linotipistas convertían cada pieza en una joya de precisión artesanal. Hasta la década de 1970 los textos se tipeaban en esa enorme máquina- la linotipo. Después llegó la impresión offset y electrónica. Pero las linotipos, sin embargo, perduraron como activas reliquias en algunas imprentas.

Todavía hay una en el subsuelo de la ex Biblioteca Nacional de la calle México 564, en el barrio de San Telmo. Basilio Krepki, hasta el último día del año, tipeó allí  todos los programas del Centro Nacional de la Música. Pero ese día el Ministerio de Cultura de la Nación dio de baja varios contratos. Entre ellos el de este orgulloso obrero gráfico que sigue yendo todos los días al que fue su trabajo durante 16 años.

Krepki, de 68 años, es el único linotipista del ministerio. Hay otros dos gráficos, uno de 72 y el otro de 86 años. Pero el único que sabe qué hacer con esa máquina que funciona, prolija, impecable, nada menos que desde 1901 es Krepki. Los artistas y trabajadores de distintos elencos que funcionan en el Centro Nacional de la Música ya  pidieron sus programas. Así que los dos gráficos sobrevivientes tuvieron que explicarles que sin Krepki no se puede trabajar.

El ministro Pablo Avelluto echó a un trabajador con el argumento de que, como cobra la jubilación mínima, no necesita los $13.200 que el ministerio le pagaba por su trabajo. Avelluto, en el mismo acto, hirió de muerte la imprenta por la que caminaron revisando las impresiones desde Paul Groussac hasta Jorge Luis Borges. De Cultura, el ministro.

Fuente Diario Z
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