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TEMAS DE LA SEMANA

Dos de literatura infantil por un duro consagrado

Con ilustraciones de María Wernicke, El nene y la sombra y El nene y el piojo fueron realizados en una especie de juego que el escritor comenzó con su hijo.

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El nene y la sombra y El nene y el piojo son los títulos de los dos nuevos trabajos del escritor Guillermo Saccomanno, en los que habla de la curiosidad natural de los chicos al formularse preguntas no muy alejadas de las que realizaron los grandes filósofos de la historia.

Con ilustraciones de María Wernicke, ambos libros fueron realizados en una especie de juego que comenzó con su hijo Anselmo, donde surgieron algunas de los cuestionamientos plasmados en los textos, como: ¿Habrá vida en el cielo? ¿Habrá nenes allá arriba? ¿Por qué soy yo? ¿Por qué yo soy también en el espejo? El autor de novelas como El oficinista, El amor argentino y Cámara Gesell, entre otros, con este nuevo giro en su obra no solo plantea cuestiones filosóficas, sino que también induce a los grandes a repensar el mundo.

-En ambos libros hay un trasfondo filosófico. ¿Fueron preguntas que te hiciste en algún momento de tu vida, te las hizo Anselmo o lo viste como una necesidad de plantearlas?
-Si estos estos libros respiran un cierto aire metafísico no fue deliberado. En todo caso, a partir de las preguntas que puede hacer un chico -mi hijo Anselmo, en este caso-, lo que busqué es que estos relatos tuvieran el tono y el sentido de un aforismo presocrático o un koan zen, indagar en el absurdo y en el misterio del modo en que puede hacerlo la curiosidad de un chico.

-¿Qué edad tiene Anselmo, cómo fue la experiencia de trabajar con él?
-Anselmo tenía, en el momento de esta escritura, poco más de cuatro años. Escribí los cuentos a su lado, como si se tratara de componer un poema. Estaba a mi lado cuando escribía o tomaba apuntes. Y una vez que había redondeado una pregunta y una respuesta posible, lo consultaba, tomaba en cuenta su observación, corregía y así. Se trataba de un ida y vuelta, nos reíamos, nos quedábamos pensando. Avanzábamos, nos deteníamos. De pronto tenía la impresión de que esos instantes eran únicos, que no podía dejarlos esfumar. Ante lo que a mí se me ocurría, mi hijo formulaba tal o cual pregunta. Y yo debía capturar al vuelo ese instante de sentido. Al ver hoy los libros compruebo que en gran medida su mérito está en la delicadeza del dibujo de María Wernicke, que le aportó a cada historia una perspectiva cómplice en vez de subrayados.

-¿Por qué decidiste escribir para chicos? ¿Qué te atrae de ese universo?
-No escribí estos cuentos como «cuentos infantiles». Creo que el encapsulamiento de los géneros es coercitivo. La literatura infantil, con su abuso de los diminutivos, su propósito naive, reduce y acota la percepción de los chicos, que no son ni locos bajitos ni enanos. Me enfurece que muchas veces los padres se dirijan al chico como «el enano». A medida que los libros iban tomando forma, pensaba en poemas. Quería, aspiro ahora quizás, a que estos koans o secuencias narrativas en torno a un elemento -la sombra, el piojo, el espejo- pudieran ser leídos como poemas. Estoy convencido de que la palabra poética tiene un poder de revelación que la conecta con la palabra filosófica. También está la cuestión de cómo trabajar narrativamente el fragmento. De Heráclito disponemos fragmentos que todavía reverberan en la actualidad. De los koans zens, también. Era por esos lados que me iba escribiendo. Y las frases venían naturalmente, sin esfuerzo.

-¿Qué autores del género infantil leés?
-He leído más filósofos presocráticos y haikus que «escritores infantiles». No me interesa la «literatura infantil». Hay abuso de ‘saintexuperismo’ y de ‘maríaelenawalshismo’ en el género. Una tendencia deliberadamente a lo ‘ñoño’. Como si la muerte -por tocar un tema- no fuera un algo que los chicos abordan naturalmente en sus juegos. Por ejemplo, quién no jugó de chico a estar muerto. Quién al mirarse reflejado en un charco no pensó en el misterio de ser otro en ese reflejo y, entonces, qué es lo que se está tocando sino el tema del doble. Tal vez si tuviera que hablar de autores nacionales citaría solo a dos: Ema Wolf, la autora de Los imposibles, y Ana María Shua, con La sueñera. Después me remitiría a Jimmy Liao y Chaun Tan. También al escritor alemán Wolf Erlbruch, quien escribió El pato y la muerte.

-Durante muchas épocas de crisis económica, la literatura infantil mantuvo el mercado editorial y sin embargo muchos la consideran un género menor…
-Soy guionista de historietas. Cuando se consideró menor un género fue por su masividad, como si lo masivo significara una calidad estética pobre, y una obra dirigida solo a unos pocos refiriera una exquisitez. Aborrezco la distinción entre géneros mayores y menores, que es política. El Eternauta, por ejemplo, es una gran novela nacional. Y se trata de una historieta, una narración que resignifica, en el presente, la noche larga de la dictadura.

-¿Te preocupa que critiquen estos trabajos por el solo hecho de que sean libros para chicos?
-Escribo estos textos (tal vez surjan más) de modo complementario a otras escrituras. Y claro que me encantaría seguir buscando por este camino. Desde hace unos meses estoy tomando apuntes para componer el diario de un gato, todas las instancias que pueden inducir a un gato a registrar en un cuaderno sus experiencias, desde el sonido de un ratón sigiloso a el brillo de las estrellas y los techos de la noche.

El nene y la sonmbra Autor: Guillermo Saccomanno Editorial: Planetalector Páginas: 48 Precio: $164

El nene y la sombra
Autor: Guillermo Saccomanno
Editorial: Planetalector
Páginas: 48
Precio: $164

 El nene y el Piojo Autor: Guillermo Saccomanno Editorial: Planetalector Páginas:48 Precio: $164


El nene y el Piojo
Autor: Guillermo Saccomanno
Editorial: Planetalector
Páginas:48
Precio: $164

 

Fuente Télam
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