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TEMAS DE LA SEMANA

Dormir bien para vivir mejor

Descansar menos de lo necesario favorece los accidentes y afecta la salud y el desempeño.

Por laura-lifschitz
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Sin sueño ningún ser humano puede vivir. El buen dormir colabora con funciones tales como la memoria, el aprendizaje y el desarrollo de las conductas sociales. Es por ello que desde 2008 se instituyó el 18 de marzo como Día Mundial del Sueño. La iniciativa partió de la Asociación Mundial de Medicina del Sueño (WASM, en inglés). Este año el lema es «Dormir bien, crecer sano». Es que los trastornos durante el sueño afectan la calidad y la duración de la vida y aumentan los costos de salud.

El concepto «trastornos del sueño» abarca todas las dificultades relacionadas con el hecho de dormir. Esto incluye tanto los problemas para conciliar el sueño como para permanecer dormido. Las secuelas de estas anomalías no sólo afectan la vida de las personas sino el desenvolvimiento de la sociedad. Aunque en realidad existe una retroalimentación, ya que en muchos casos los trastornos del sueño tienen que ver con la aceleración del ritmo de vida en la modernidad. Dormir, como muchos otros aspectos de la actividad humana, ha cambiado irrevocablemente desde la revolución industrial y el advenimiento de la luz eléctrica. Con una rutina basada en los ciclos de la naturaleza, al pasar las sociedades de economías agrarias a industriales, la cotidianidad sufrió un cimbronazo. Y aunque resulte paradójico, en los últimos cien años el avance de la tecnología supuso una reducción en la necesidad de dormir.

Pero éste no es un fenómeno circunscripto a las grandes urbes. Mirta Averbuch es profesora de la cátedra de Neurología de la Universidad Favaloro y coordinadora de Sueño del Instituto de Neurociencias Cognitivas-Ineco. Según ella, «los desórdenes del sueño se dan por igual en las grandes ciudades que en el interior del país. Lo que difiere un poco es el ritmo vertiginoso y la locura de la Capital Federal, donde hay largas jornadas laborales, largos viajes y el acceso constante a nuevas tecnologías».

Estos desórdenes del sueño, que involucran a más de 140 tipos, se dividen en cuatro grandes grupos. El insomnio es una de las patologías más extendidas y está asociado con el estrés, el consumo de cafeína y de drogas, la depresión y el uso de medicamentos. Luego están las dificultades para permanecer despierto por excesiva somnolencia (hipersomnio), que incluye el síndrome de las piernas inquietas y la apnea del sueño. También existen los trastornos que interrumpen el dormir: el síndrome de sueño y vigilia irregulares, y el síndrome del desfase horario. Por último, están las conductas que interrumpen el sueño: los terrores nocturnos, el sonambulismo y el trastorno a causa del trabajo por turnos.

Dentro de las alteraciones del dormir, el síndrome de apnea del sueño representa el 80 por ciento de los casos. La apnea consiste en episodios repetidos de cierre de la garganta al dormir, manifestados en ronquidos. Cuando se verifica una verdadera obstrucción al paso del aire se produce apnea; el sujeto se ahoga y el cerebro ordena cambiar su estructura de sueño a un nivel muy superficial con múltiples pequeños «despertares inconscientes», que determinan un mal descanso. Según el Consenso Argentino de Trastornos Respiratorios Vinculados al Sueño, «el síndrome de apnea/hipopnea del sueño (SA/HS) se presenta con una prevalencia del dos al cuatro por ciento de la población adulta. El ronquido de la hipersomnolencia diurna es característico, y las patologías cardiovasculares y los accidentes viales son sus complicaciones más importantes».

En los chicos, los desórdenes del sueño también son significativos. Según Averbuch, «suelen manifestarse en la falta de crecimiento -ya que la hormona de crecimiento se secreta principalmente durante el sueño lento profundo-, la hiperactividad, el fracaso escolar, la violencia y la somnolencia».

Es por ello que en los últimos 25 años se desarrollaron nuevas definiciones, tecnologías y tratamientos. Tanto es así que se ha acuñado una nueva disciplina, la Medicina del Sueño, que en la actualidad interesa a más de diez especialidades.

Diversos estudios están poniendo en evidencia en los últimos años que la reducción de las horas de sueño altera el sistema hormonal -la insulina, el cortisol y la hormona del crecimiento, entre otras hormonas- y el metabolismo, favoreciendo el desarrollo de la resistencia a la insulina, la diabetes, la obesidad y las enfermedades cardiovasculares.

El sueño insuficiente, además de estimular el deseo de alimentos ricos en calorías, pone en marcha un círculo vicioso: provoca fatiga, lo que reduce la actividad física, que a su vez aminora el gasto energético y conduce a la obesidad, que por sí misma deteriora el sueño.

Un reciente estudio de médicos españoles y austríacos asegura que las nuevas técnicas de neuroimagen podrán identificar a los pacientes con trastornos del sueño con más riesgo de desarrollar a corto plazo enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson.

Riesgos de un mal descanso

La Asociación Argentina de Medicina del Sueño, la Sociedad Argentina de Medicina Respiratoria y el Hospital Británico de Buenos Aires adhieren a la iniciativa del 18 de marzo, que es el Día Mundial del Sueño. En la ciudad de Buenos Aires, el encuentro se realizará entre las 14 y las 17, en el salón Ravencroft del Hospital Británico. Allí tendrá lugar una conferencia abierta a la comunidad, libre y gratuita, a cargo de los servicios de Neurología, Neumonología y Otorrinolaringología.

Desde la Asociación Argentina de Medicina del Sueño hay datos que son más que significativos para entender la labor que les toca emprender: por ejemplo, manejar sin haber dormido es cuatro veces más peligroso que consumir dos latas de cerveza.

Sin embargo, los especialistas no logran que el tema se incorpore al imaginario colectivo como medida de prevención. Según Mirta Averbuch, es imperativo iniciar una campaña con el lema «Si no durmió, no maneje». Aunque ella justifica la ausencia de programas de salud al respecto porque «no hay aparatitos que midan la somnolencia (aunque sí estudios) y, por lo tanto, no hay negocio».

La Unidad de Medicina del Sueño del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, en adhesión a este día de concientización mundial, brinda una serie de medidas de higiene en relación con el sueño.

En principio, se trata de que los niños y adolescentes duerman nueve horas diarias, mientras se recomienda no menos de siete horas para los adultos. Para ello, se deben procurar horarios regulares, ejercicio suave durante el día, el clásico «baño caliente» antes de dormir, evitar la ingesta de sustancias estimulantes después de las 16 y de alcohol al menos seis horas antes de acostarse, cenar dos horas antes de ir a dormir, evitar ruidos y luz durante la noche y realizar breves interrupciones para relajarse durante el día.

Para la doctora Stella Maris Valiensi, jefa del Laboratorio del Sueño del Hospital Italiano, «lo que ocurra este año en el Día Mundial del Sueño será de mucha utilidad para nosotros, pues vamos a solicitar a todos los asistentes que resuelvan una encuesta con datos que nos resultarán significativos para futuras estadísticas en el tema».

Este viernes será muy importante para los miembros de la Asociación Argentina de Medicina del Sueño. Porque ésta es una iniciativa absolutamente particular, ya que no cuentan con el apoyo del sistema de salud de la ciudad de Buenos Aires.

La asociación, que fue creada en 1995, da charlas gratuitas a la comunidad, y tiene su propia página web y newsletter.

DZ/km

 

Fuente Redacción Z
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