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Actualizado: 31/01/2023 20:02:36
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TEMAS DE LA SEMANA

Distintas posiciones frente a los buitres: Vade retro, fantasma del default

Durante las negociaciones, el gobierno sostuvo varias batallas durísimas y en simultáneo. En el frente externo, ganó una enormidad de apoyos. En el interno, la posición argentina fue bien recibida por la población. El grueso de la oposición política eligió en el último tramo cierta inconsistente ambigüedad.

Por Eduardo Blaustein
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Rutina clásica del periodismo: el que escribe debe cerrar esta columna un miércoles a la mañana sin poder cerrarla con lo que sería la confirmación de una de las noticias del mes y acaso del año, o como mínimo una muy buena noticia provisoria para el país: el alejamiento del fantasma de un default más que contro­vertido. Desde el martes a la tarde corren versiones de un buen cierre de las nego­ciaciones en Nueva York, con Axel Kici­loff encabezando el presunto acuerdo en la letra chica, con 250 millones puestos en garantía por bancos nacionales, con el Macro de Jorge Brito a la cabeza. La otra opción: que esos mismos bancos com­pren los bonos reclamados por los bui­tres. Cualquiera de esas salidas impide, sin participación directa del Estado, que se dispare la temida cláusula RUFO, aque­lla que podía disparar nuevamente los ni­veles de endeudamiento argentino a ci­fras catastróficas.

Resulte lo que resulte fueron varias batallas durísimas y en simultáneo. En el frente político externo el Gobierno ganó una enormidad de apoyos internacionales de todo tipo, de organizaciones multilate­rales a escala planetaria, los previsibles en la región, y hasta solemnes, aunque siem­pre ambiguos gestos de preocupación de organismos desgastados pero vigentes como el FMI. En el frente interno la po­sición argentina fue bien recibida por la mayoría de la población, aun a contrama­no de la complejidad técnica de lo que se está discutiendo. Ante ese apoyo lo peor de la oposición política y mediática salió a agitar un fantasma largamente usado, la llamada “malvinización” del pleito con los fondos buitre. Pero se produjo tam­bién un fenómeno novedoso: aun cuando algunos dirigentes opositores como Elisa Carrió o Mauricio Macri (“Hay que hacer lo que diga Griesa”) tiraron al ruedo de­claraciones absolutamente irresponsa­bles, el grueso de la política eligió cierta inconsistente ambigüedad, sin decidirse ni a apoyar ni a cuestionar al Ejecutivo en el último tramo de la negociación. Ose­gún el caso sí hubo apoyo, ya sea en el Congreso o en uno de los viajes a Nue­va York. La imagen del juez Thomas Grie­sa, en el camino, terminó peor que mal, con lo que perdió peso el imaginario tilin­go de la augusta credibilidad de la justicia estadounidense.

Lo más interesante, decíamos, es que mientras políticos como Sergio Massa o Margarita Stolbizer disparaban inconsis­tencias, economistas de esos mismos es­pacios mostraron alguna dignidad com­prendiendo y sosteniendo aunque más no sea en parte la negociación oficial. Fue el caso de Roberto Lavagna (encabe­zó la primera reestructuración de la deu­da aunque los recuerdos de entonces in­dican que tuvo conflictos con Néstor Kirchner cuando éste optó por endure­cer la postura argentina), Aldo Pignanelli (ex presidente del Banco Central) y Martín Lousteau. Que los políticos opositores se escondan en la vaguedad o la demagogia y sus presuntos referentes económicos di­gan otra cosa habla de la poca seriedad de esos referentes políticos que aspiran a gobernar el país. En algún caso, como el de Sergio Massa, Martín Redrado decía una cosa y sus presuntos compañeros de equipo decían otra.

El nombre del banquero Jorge Brito está en estas horas en boca de todos y lo seguirá estando si se confirma su par­ticipación en la negociación final. ABrito se lo señaló durante mucho tiempo como típico “empresario K”, con todas las pre­suntas oscuridades que carga esa expre­sión. Sí, Brito (los banqueros en general) hizo muy buenos negocios durante el kir­chnerismo, así como también tuvo dispu­tas y alejamientos. Hay que retroceder en el tiempo con su figura: como tanto hom­bre de negocios, Brito apostó a relacio­narse con cada fuerza política. Es más: hoy se supone que forma parte de la tro­pa massista. No hay paradoja en el asun­to, no hay actitud patriótica de los ban­cos, hay defensa de los negocios propios. Macro, como otros bancos, pondría pla­ta para salvarse de las pérdidas ya sufridas por el fantasma del default, que podrían ser mucho peores si éste se consumara. Se vieron en estas semanas las caídas y su­bidas de los bancos en la Bolsa. Just bu­siness. Pero hay un dato adicional: en el Macro como en otras entidades finan­cieras, el Estado, a través de Anses, tie­ne participación, es decir tiene peso po­lítico. Según una información publicada en el diario económico El Cronista, Anses controla el 30,9% de las acciones del Ma­cro, el 20,4 del Grupo Financiero Galicia, el 15,2% del Patagonia.

Esos solos datos hablan de una de la grandes claves del ciclo kirchnerista: pre­sencia fuerte de la autoridad del Estado incluso al interior de la banca, así como existe esa misma presencia en empresas de servicios, energéticas o siderúrgicas, todo eso como producto de la liquida­ción de las AFJPdel modelo menemista. Se trata de un principio de autoridad po­lítica del Estado simétrico al que expresó la presidenta Cristina Fernández en estos meses en múltiples foros: Brics, Unasur, G-77, Mercosur y otros.

Regreso al principio de esta columna: no puede cerrarse sin la confirmación de la novedad. De alejarse el fantasma del default habrá rebote inmediato en el mer­cado, mayor optimismo, mejores expec­tativas, fortalecimiento de la imagen pre­sidencial que ya venía en ascenso. Pero no necesariamente ese fortalecimiento de la imagen de Cristina se trasladará a los eventuales sucesores de su espacio. Ni se solucionarán mágicamente problemas dis­tintos: caída de la producción, riesgos de pérdida de empleo, inflación. Aun así, hay que establecer comparaciones: qué hu­biera sido del futuro de los argentinos de hacer caso a los desvaríos de los oposi­tores que pidieron arreglar a toda costa, no ideologizar, no malvinizar, no dividir al mundo entre buenos y malos, como si los buitres no fueran tales sino canarios ocu­rrentes que vieron aun lindo gatito.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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Diario Z
Periodista, escritor, autor de Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso.