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TEMAS DE LA SEMANA

Disfunción erectil: Sobre la psicología del fracaso sexual

Los sentimientos de angustia y decepción al experimentar una falla en la erección y cómo reflexionar sobre el tema.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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Es proverbial. A cualquier edad y condición social, si un hombre no tiene erección o, ante una pareja, le sucede una precocidad eyaculatoria, el hecho lo hará sentir como “molido a golpes”, aterrorizado, enojado y, proba­blemente, culpable, deprimido y sintiendo que sólo a él le ocurre.

Sus naturales defensas psicológicas han desapa­recido y una avalancha de emociones contradictorias parecieran pisotearlo. Eso, en Psiquiatría, se denomi­na “pérdida narcisística”. Aunque sólo se haya tenido una falla en la erección. No importa. El hombre sen­tirá que todo él se ha derrumbado.

La enorme valoración que tiene el pene y su función principal, la erección, para el ser humano masculino no tiene parangón con ninguna otra función corporal.

Las primeras semanas de este episodio doloroso, que sumerge al hombre en una especia de shock, no puede eliminar ni amortiguar levemente la angustia, la desesperación y, en muchos casos, la autotortura de pensar casi todo el día en el episodio.

En esta etapa, la repetición imaginaria del hecho, impide pensar o hacer otra cosa. O siquiera borrar algo de lo que, obsesivamente, se le impone en la mente y no le permite, a veces, conciliar el sueño. Muchas veces, el hombre se siente tan mal, que pien­sa que “nunca más” podrá tener una buena erec­ción, un buen coito, una buena pareja. En suma, que nunca podrá ser feliz.

Lo primero que debe hacer ese hombre es re­flexionar sobre lo sucedido. Encontrará, a poco que piense, los fundamentos por los cuales ese día esta­ba ansioso o superautoexigente. Que tenía que “ren­dir un examen” y la “materia” era Hombría. Todo esto, sin entrar a discutir si este varón amaba, esti­maba o respetaba a la mujer con la cual tendría rela­ciones sexuales.

Tomar apenas una parte de la anatomía masculi­na y extenderla al todo de la valoración psicosocioló­gica, estrecha la conciencia y oscurece cualquier otra función, cualquier otro sentimiento o el sentido co­mún. Pensar que el pene y su erección es el valor de­finitorio de la hombría es un error muy común. Y no se puede soslayar, no se puede evitar tenerlo… Y, sin embargo, es un valor tan estimado y valorado, que se pone en juego negativamente, inmediatamente que se fracasa a la hora de necesitar una erección.

La pérdida de la erección suele asociarse a pro­blemas orgánicos, como la diabetes. O son señales indirectas de problemas circulatorios o cardíacos. Pero lo cierto es que implican un porcentaje peque­ño de casos. Es mucho más frecuente el componen­te psicológico del problema.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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