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Dieta Paleo: Comer como en las cavernas

Promueve los alimentos anteriores a la agricultura: carnes, frutas y vegetales.

Por Gustavo Slep
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El pasado está servido. O así parece para los partidarios de la dieta paleolítica, que promueve los alimentos de los que disponía el hombre antes de que se produjera la revolución agrícola, cuando la caza, la pesca y la recolección eran la forma de acceder a la comida. La idea es que estamos genéticamente adaptados a esos alimentación y no a los procesados. Por eso priorizan carnes, pescados, frutas y vegetales frescos, y rechazan el azúcar, harina, granos, legumbres, lácteos y alimentos procesados.

Los paleo hacen eje en la salud y el bienestar. “Promovemos un estilo de vida menos inflamatorio. No es una recreación histórica. Se buscan alimentos evolutivamente listos para ser consumidos, como carnes, vegetales, frutas y semillas, y se evitan productos que fuimos introduciendo con la agricultura pero que no resultan tan favorables, como los granos y cereales. También evita alimentos procesados como azúcar, lácteos y aceites vegetales”, explica Jimena Ramírez, de Paladar Paleo, un delivery de comida paleo.

Esta alimentación comenzó a difundirse en los 70, a partir de los estudios del gastroenterólogo Walter Voegtlin, que afirma que estamos adaptados a la dieta del Paleolítico, cuando los alimentos eran los obtenidos por la caza, la pesca y la recolección. Sólo en los últimos 8 mil años comenzamos a ingerir productos generados por la agricultura. “El paradigma vegetariano-cerealeros tuvo la virtud de asociarse a una etiqueta marketinera: lo natural. Pero no hay nada de natural para nuestra especie en comer cereales”, dice Lucas Llach, dueño de Como Sapiens, que organiza cenas paleolíticas a puertas cerradas. La dieta paleo objeta el consumo de lácteos aunque algunos ingieren crema -en lo posible, orgánica-, manteca ghee -con muy poca lactosa o caseína- y quesos duros.

Los “paleo” no comen poco ni se privan de comidas sabrosas. Llach propone “comer siempre que tengas hambre. Es lo que hacen todos los animales. Y, si comen lo que es tradicional en su especie, no engordan. Los únicos que engordan son los animales alimentados por humanos”.

En esta cosmovisión, el hambre funciona como un eficiente sistema para comunicarnos la necesidad de incorporar calorías y nutrientes. Sin embargo, con la alimentación neolítica -la agricultura-, el hambre es visto como algo a reprimir en nombre de la salud y de evitar el sobrepeso. “Es una locura. La comida neolítica nos obliga a elegir entre tener hambre y engordar. Con la paleolítica nunca tenés hambre (porque cuando la tiene, come) y nunca engordás. Hay muchos problemas de salud (cardíacos, diabetes) asociados al sobrepeso”.

Los paleo no son nostálgicos. “Sólo decimos: ‘Alimentémonos con lo que corresponde a nuestra especie’”, concluye Llach.

Fuente Redacción Z
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