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TEMAS DE LA SEMANA

Diego Frenkel: ‘Ésta es una época sin poesía’

En un nuevo disco, el ex cantante de La Portuaria homenajea a Spinetta, a quien considera el mayor referente del rock argentino.

Por Gabriel Cocaro
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diegofrenkel

Por Gabriel Cocaro
Redacción Z

En 1996, con La Portuaria en actividad, Diego Frenkel editó su primer álbum solista. Al tiempo, el conjunto se separó y el cantante armó otro proyecto: Bel Mondo. Pero los ecos de la anterior agrupación no se acallaron. Señal indubitable de que aún le restaba camino por recorrer. Entonces, a mediados de 2000, La Portuaria volvió a la vida. Esa segunda etapa alumbró discos inspirados y canciones infalibles. En 2010, con la salida de El día después, Frenkel puso fin a su banda de siempre y retomó un camino individual que continúa en Célula. La producción fue presentada el 17 de noviembre en La Trastienda. El compositor estuvo acompañado por Florencio Finkel en bajo, Lucy Patané en guitarra, Pedro Bulgakov en batería e Ignacia Etcheverry como música invitada.

La esencia de Célula es acústica, pero la obra también tiene pulso rockero y ciertos toques electrónicos. ¿De qué manera llegaste a conjugar esas diversas sonoridades?
El trabajo continúa y profundiza la línea de El día después: impronta acústica, algunas guitarras eléctricas y arreglos de cuerdas. Ciertas canciones surgieron en mi guitarra y otras a través de experimentos armados en computadora. Luego trasladé esas piezas a mis músicos y las armamos juntos. Los chicos, que son muy talentosos y desbordan de ideas, contribuyeron a generar nuevas texturas.

“Déjame caer” y “Conciencia” contienen arreglos orquestales de tu autoría. ¿Fue difícil adentrarse en el mundo de la música erudita?
Los programas de computación, que permiten emular una orquesta, me ayudaron mucho porque no tengo una formación académica. En los arreglos está presente la influencia que ejercieron en mí las diversas músicas populares. Es decir, no dejan de ser arreglos hechos desde el universo del rock.

Escuchando con minuciosidad las letras de Célula se detectan palabras como “hojarasca”, “crepitar”. En “La sombra”, cantás: “Mi cuerpo y tu cuerpo, las hojas y el viento”. Evidentemente, el espíritu spinettiano sobrevuela en tu lírica.
Si bien el disco no es spinettiano en su modo de escritura, hay un homenaje desde la palabra y el pensamiento. Las canciones casi siempre establecen un diálogo imaginario entre su creador y otro artista. Aquí esa conversación se construye a través de conceptos que oí en vinilos del Flaco como Artaud o El jardín de los presentes. Spinetta es el referente más grande del rock argentino. Su muerte me devastó y me angustió pensar que, en una época escasa de lirismo, partía quien había llenado de poesía nuestra cultura moderna. Después de la desolación por su pérdida sentí la necesidad de dialogar con su poética, de darle continuidad. De ahí surgieron esas palabras.

Tú presente, que es Célula, convive con el exitoso pasado de La Portuaria. ¿Cómo te llevás con él?
No reniego de lo que hice, pero tampoco vivo de viejas glorias. Somos perecederos y lo que nos envejece es quedarnos anclados en el ayer. Debemos seguir conectados con la vida y su fluir. Me sentiría muy mal si repitiese constantemente una misma fórmula. Prefiero reinventarme, mutar. De todas maneras, estoy en paz con mi pasado artístico. En los shows toco varios de aquellos temas porque son genuinos y la gente los disfruta.

Cuando surgió La Portuaria, a finales de los 80, su propuesta musical era tan ecléctica que la prensa especializada no sabía cómo catalogarla.

Son los mercaderes del arte los que categorizan las obras. Para el film Melancolía, de Lars von Trier, la palabra “drama” queda chica y ciertas películas de David Lynch no resisten ser encasilladas en ningún género porque te hacen pasar de la risa al terror en minutos. Debemos abrir la mente y correr los velos que nos imponen los rótulos. Es importante hacerlo, aunque nos lleve toda la vida.

Fuente Redacción Z
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