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TEMAS DE LA SEMANA

El gerontólogo Diego Bernardini habla de la ciudad y sus mayores

El 15% de la población porteña es mayor de 60 años. El gerontólogo Diego Bernardini  dice que  la Ciudad no está adaptada para brindarles calidad de vida.

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Diego_Bernardini

De vuelta es una colección de “diálogos con personas que vivieron mucho (y lo cuentan bien)”, como aclara en el subtítulo. El libro publicado por Alfaguara, que tiene prólogo del neurocientífico Facundo Manes, reúne conversaciones con personas de 70, 80 y 90 años. Algunas tienen vida pública, como Aldo Ferrer, Liliana Heker o Luis Felipe Noé, y otros son anónimos, como un taxista tucumano con el que se cruzó en uno de sus viajes.

“El desarrollo nos ha regalado casi un tercio de la vida en comparación con medio siglo atrás, pero muchos no saben qué hacer con eso. Por eso el abordaje de la vejez tiene una escala personal e individual”, dice el máster en Gerontología y doctor en Medicina. Bernardini combina la tarea de docencia con la coordinación de proyectos destinados a mejorar los días de los adultos mayores. Aunque actualmente reside en Washington, puede analizar cuáles son las particularidades de las personas de la tercera edad en la ciudad de Buenos Aires.
¿Cómo fue el camino que te llevó a pensar en la vejez como tema de especialización?
Uno de los grandes responsables fue Jorge Galperín, el médico con el que me formé. Él me aconsejó que buceara en especialidades que habitualmente no son tan frecuentadas. Por otro lado, yo me sentía muy cómodo escuchando a la gente mayor y aprendiendo de ellos. Cuando comencé a dar clases, me di cuenta de que la vejez era una área de estudio bastante inusual, al igual que otras inherentes a nuestras vidas, como la muerte y el sufrimiento. Así fui eligiendo mi especialidad y entendiendo que la vejez es un condicionante muy fuerte para nuestra sociedad.
¿Se podría considerar a Buenos Aires como una ciudad de viejos?
Se considera envejecido a un país en el que un 10 por ciento de su población es mayor de 60 años. La Argentina tiene casi el 15 y en Buenos Aires el porcentaje es similar: una de cada cuatro personas tiene más de 60. Eso es muy importante porque se juegan temas como la urbanización y la planificación de una ciudad con una alta cantidad de adultos mayores. En la última Bienal de Arquitectura, el danés Jan Gehl dijo: “Una ciudad pensada para menores de 8 años y para mayores de 60 es un lugar mejor para todos”. La Organización Mundial de la Salud tiene iniciativas en torno a las ciudades amigables, con áreas de intervención. Una ciudad adaptada a los mayores será más vivible para los nenes, las embarazadas y los adultos con alguna dificultad.
Dentro de esas áreas de intervención a la que hace referencia, ¿cuáles son las prioritarias en CABA?
Al preguntar puntualmente sobre las desventajas, la mayoría de los adultos mayores habla de la inseguridad y del transporte público. Usan poco el cajero automático, por ejemplo, porque se sienten vulnerables. Y cuentan que en los colectivos los maltratan. Ésos son dos casos clave para ver hasta qué punto el sistema no está adaptado a sus necesidades. Alguno dirá que hay una cuestión de costos muy importante. Quizá no sea fácil cambiar todos los colectivos por otros modelos con puertas más anchas y bajas, pero sí se podría concientizar a los choferes o a los gerentes de los bancos. Si te ponés a pensar, hay cientos de estas pequeñas cosas que hacen a la calidad de vida. Necesitamos una ciudad en la que el paso de semáforo no sea una carrera contrarreloj.
No es un tema demasiado presente en la agenda pública…
No puede haber cambios sin una sensibilidad y concientización del tomador de decisiones, que es el gobernante. Ni siquiera piensan que cada vez más votantes son adultos mayores. Fijate lo que sucedió en junio, cuando se hizo el debate de candidatos a jefe de gobierno de la Ciudad. La falta de decisión política llegó a la salud, el aspecto que más se valora con el paso de los años, porque se fragiliza. ¿Sabés qué me dijeron muchos entrevistados del libro? “Yo no me doy cuenta de que soy viejo hasta que me miro las arrugas en el espejo”. Muchas veces la sociedad es la que te hace sentir viejo. La sociedad envejecida será la que no pueda implementar una política pública adecuada para sus adultos mayores.
¿En qué aspectos trabajan los países desarrollados más envejecidos, como Italia y el Reino Unido?
Los países más envejecidos son Japón, Alemania, España, Italia y el Reino Unido. Ahí trabajan muy fuerte desde los sistemas de protección social: pensión, educación, trabajo voluntario… La clave está en ver cómo adaptamos esas iniciativas a nuestra realidad. Son también muy valiosas algunas experiencias en Brasil y México con el trabajo en centros de atención primaria. Hay que tener en cuenta que los mayores hacen un uso intensivo del sistema de salud.
La edad de retiro y jubilación no está basada en indicadores actuales. ¿Debería cambiarse?
Los indicadores son de hace cien años, cuando la expectativa de vida era más baja. Hay países que analizan un factor importante: cuando le das una pensión y retirás del mercado laboral a una persona mayor, se le acelera el deterioro cognitivo; o sea, de alguna manera, se dementiza. La sociedad debe entender que la vejez no compite por el empleo de la juventud. La naturaleza es sabia. No pueden trabajar ocho horas, pero sí dos o tres y en tareas que no sean físicas. Hay estadísticas que también indican que están deseosos de hacer incluso trabajos voluntarios. La mayoría son cuidadores de sus nietos o de familiares. El Estado debería apoyar ese rol del cuidador informal e incluso facilitar otros, que pueden ser muy amplios. Pienso desde el cuidado de un arenero hasta una guardería de chicos.
En su libro una entrevistada cuenta que le molesta cuando sus hijos le piden que mire bien antes de cruzar la calle. ¿Qué prejuicios frecuentes tenemos con el mundo de los viejos?
Hay muchísimas creencias falsas, por ejemplo que no tienen vida sexual o que está anulada. Y existe una mirada ajena, como si a nosotros no nos cambiara en nada el paso del tiempo. ¿Sos igual a los 20 que a los 30? No. Otra entrevistada me decía: “Se cuida a los chicos. Yo no necesito que me cuiden”. El envejecimiento es un proceso universal, pero a la vez personal. No hay dos viejos iguales, porque el curso de la vida te va condicionando. Se aprende a envejecer con todo lo que sos y te tocó.
Buenos Aires es una ciudad de inmigrantes y de constantes cambios en sus barrios. ¿De qué forma afecta ese pulso del lugar a sus habitantes mayores?
La falta de planificación y la desigualdad son dos factores que impactan fuertemente en la población mayor. La ciudad se convirtió, desde hace algunas décadas, en un centro de atracción de la migración interna, por ejemplo. El escenario se tornó más agresivo, más salvaje y más anónimo. El viejo sufre la agresividad de un medio que cambió y que él ya no conoce. Pensemos por un momento en alguien que tiene 80 años; nació casi en otro mundo. Vivió la Guerra Mundial, el descubrimiento de la píldora anticonceptiva, la caída del Muro de Berlín… Son de otra época y muchas veces no se reconocen en ésta. Lo interesante es ver a los adultos mayores como un recurso valioso, que tiene mucho para dar.

Fuente Redacción Z
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Comentarios (1)
  • Arthur Moreira

    jueves 29, octubre, 2015

    Diego Bernardini aborda de forma clara y realista la insuficiencia de nuestras ciudades para las personas mayores! Bravo, carissimo!

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