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Didi-Huberman: «Cada ciudad se cree la capital de la sublevación»

El filósofo e historiador de arte francés Georges Didi-Huberman reflexiona sobre las fuerzas psíquicas, físicas y sociales que originan los alzamientos populares y la forma que toman en el espacio público.

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Manifestantes católicos en irlanda, 1969, Gilles Caron. Manifestantes católicos en Irlanda, 1969, Gilles Caron.

 

La muestra «Sublevaciones» -desde hoy y hasta el 27 de agosto en el Centro de Arte Contemporáneo Muntref- reúne 290 obras que van de Francisco Goya a la actualidad, y en ella el filósofo francés e historiador de arte Georges Didi-Huberman reflexiona sobre las fuerzas psíquicas, físicas y sociales que originan los alzamientos populares y la forma que toman en el espacio público.

El sentimiento de rebeldía guía la exposición organizada alrededor de cinco ejes, a la vez fácticos y alegóricos, que trazan un recorrido intuitivo por levantamientos históricos, algunos emblemáticos y otros sofocados, de Occidente: Elementos (desencadenados); Gestos (intensos); Palabras (exclamadas); Conflictos (encendidos); y Deseos (indestructibles).

«Se trata de una exposición con mirada internacional, aunque cada ciudad crea que es la capital de la sublevación», dice a Télam Didi-Huberman sobre el proyecto. que ya presentó en París y Barcelona y que luego llevará a San Pablo, México DF y Montreal.

«Mi idea es que hay sublevaciones en todas partes. Aquí aprenderé cosas particulares que a veces son difíciles de comprender, como el peronismo», bromea sobre la exhibición montada en la sede Hotel de los Inmigrantes del Museo de la Universidad de Tres de Febrero (Muntref), gracias al trabajo conjunto con la Jeu de Paume de París, galería donde se inauguró hace un año.
«Cuando una madre defiende a su hijo es más potente que todos los ejércitos»

 

En España y en la Argentina se realizó un capítulo especial que sumó imágenes de artistas locales a la exhibición original. Esas imágenes no viajan a otros países, se atesoran en catálogos que, en el caso argentino, suman 50 obras de una veintena de artistas propuestos por Diana Wechsler, subdirectora de Muntref, entre ellos León Ferrari, Juan Carlos Romero, Horaccio Zabala, Sara Facio, Clément Moreau, Adriana Lestido, Annemarie Heinrich y Andrés Denegri.

La muestra original está compuesta por 240 imágenes en su sentido más amplio -pinturas, fotos, esculturas, dibujos, videos e instalaciones- de artistas como Man Ray, Tina Modotti, Marcel Duchamp, Henri Cartier Bresson y hay también de tres argentinos: Hugo Gil, Graciela Sacco y Hugo Aveta.

«¿Qué nos subleva?» inquiere un texto en una de las paredes del Muntref. La respuesta es contundente: «Fuerzas con las que transformamos lo inmóvil en movimiento, el abatimiento en energía, la sumisión en rebeldía, la renuncia en alegría expansiva».

«Los brazos se levantan, los cuerpos se despliegan, las bocas se liberan. Las sublevaciones no llegan nunca sin pensamientos que a menudo se convierten en frases: la gente canta, garabatea un mensaje, fabrica un cartel», se lee a continuación.

«Me interesé en la historia de los gestos a través de la obra del historiador alemán Aby Warburg (1866-1929), para quien el primer gesto importante es la lamentación, como si al principio no hubiera un nacimiento sino, por el contrario, una muerte», repasa el filósofo nacido en Saint Étienne en 1953.

«Al estudiar esa gestualidad noté que la gente alrededor del muerto está extraordinariamente viva, en particular en contextos políticos y tragedias que apelan a la venganza: tras el dolor del duelo está el deseo de sublevación, una temática fascinante que trabajé durante años», resume Didí-Huberman.

En ese marco, obras como «Madre e hija de Plaza de Mayo», la fotografía tomada por Lestido en 1982 que se suma al capítulo argentino, «son muy importantes», dice, porque «las mujeres y los niños, junto a los viejos, son las personas que tienen menos poder en la sociedad, pero tienen la potencia».

«Cuando una madre defiende a su hijo sin armas es más potente que todos los ejércitos del mundo -grafica-. Tal vez sea un punto de vista ingenuo, pero en esta exposición las mujeres tienen la importancia de ser portadoras de la potencia».

El proyecto montado en el edificio de avenida Antártida Argentina 1355, frente al Río de la Plata, se basa en un trabajo histórico y teórico sobre la imagen que realizó a través de la serie de libros titulados «El ojo de la historia».

Esta muestra, asegura su autor, quien 2015 recibió el Premio Theodor Adorno a la trayectoria, «es globalmente Occidental -asevera-, estructurado sobre polaridades que encontramos en todas partes, del tipo alto-bajo».

De alguna manera, reconoce, es la continuación de los volúmenes de «El ojo de la historia» y, en otro sentido, de la muestra «Atlas», montada en el Museo Reina Sofía en 2010, la que «cierra con una reflexión sobre los gestos».

«Quien espere una enciclopedia de sublevaciones estará decepcionado porque aquí hay otra lógica de montaje, no es un trabajo de archivo sino el recorte de un saber», advierte el historiador, que el viernes a las 18 disertará en la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes (avenida Figueroa Alcorta 2280) y el sábado participará de La noche de la filosofía en el Centro Cultural Kirchner (Sarmiento 151).

Para el recorrido de esta muestra Didí-Huberman -académico de la Escuela de Altos Estudios Sociales de París- se planteó «un horizonte ético y poético».

«A diferencia de otros historiadores, yo no tengo teorías políticas -puntualiza-, quiero empezar de otra manera: mirando imágenes, mirando gestos, escuchando historias. Es mi manera de ver las cosas, y no la juzgo».

En tanto que el hilo que conduce esas imágenes «es el deseo de emanciparse, cómo no ser gobernado en todos los aspectos de la vida», señala y agrega: «Hay algo anarquista en eso».

Didí-Huberman no incluyó en esta muestra imágenes de sublevaciones populares reaccionarias por una cuestión ética: «Crearía una equivalencia que no es cierta -advierte- Hay que estar muy atento a ese fenómeno de montaje, por eso en esta exposición hay grandes contrastes».

«Sé muy bien que hay levantamientos fascistas, aún hoy en la historia del fascismo europeo hay episodios de auténtica sublevación popular porque el fascismo no es elitista, pero una exposición se mira y no se lee, entonces no puedo poner al lado de una imagen fascista otra comunista, porque el espectador vería que es lo mismo y yo sé que felizmente no lo es».

«Si pongo un panfleto de la Resistencia francesa durante la ocupación nazi no quiero colocar un panfleto fascista a su lado, sería una verguenza. Éticamente no es posible y si bien históricamente el problema se plantea, no es una exposición la que va a resolverlo», señala.

A su entender, «la más bella posición política es la de Pier Paolo Pasolini, que en el documental ‘La rabbia’ muestra a los refugiados de Hungría invadida por los rusos e inmediatamente después muestra a los fascistas franceses incendiando la sede del partido comunista».

«De esa manera Pasolini dice que hay que criticar al comunismo, pero que no le corresponde a los anticomunistas hacerlo», concluye.

Sublevaciones. Hasta el 27 de agosto. En el edificio de avenida Antártida Argentina 1355. Martes a domingo de 11 a 19. Se entra por el Apostadero Naval de Puerto Madero.

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