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Actualizado: 04/12/2021 10:53:19
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TEMAS DE LA SEMANA

Diario Z en el Dakar: y un día, el motorhome falló

Por Leandro Balasini, enviado especial.

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La salida hacia Chile era muy esperada por la tripulación del motorhome (cinco habituales y un invitado por este tramo) por varias cuestiones. Para la mayoría sería la primera vez en cruzar el Paso de Jama, frontera con el país trasandino, ingresando por la bella provincia de Jujuy; atravesar el interminable desierto de Atacama; y meterse en el verdadero comienzo del Dakar, de acuerdo con la palabra de todos los competidores.

Como el recorrido era muy largo, se decidió salir de madrugada desde la ciudad de Perico, último destino antes de abandonar la Argentina por una semana. El viaje resultó sin ningún tipo de problemas, como había sido el resto hasta el momento. De hecho, el hermoso paisaje de coloridas montañas, el cielo celeste y las imponentes salinas grandes se complementaban, como si fuera una hermosa pintura para exhibirse, con la gente que, al costado de la ruta, exhibía banderas argentinas y acompañaba el transitar de los vehículos. Pero, en el lugar geográfico donde el motorhome no podía fallar, se quedó. Y con él, nosotros.

Metros antes de enfrentar a la aduana, cargamos nafta en una estación de servicio colmada por fanáticos y competidores que debían completar el enlace para llegar al tramo especial. Allí, el excéntrico conductor norteamericano, Robby Gordon, a bordo de su Hummer, regaló al público unas piruetas y se alejó para abrirse paso hacia el desierto. Superado el riguroso control chileno, nos encontramos con una camioneta de asistencia que pertenecía al Checho Loprais, tercero en la categoría de camiones. La íbamos a remolcar hasta que descubrimos un problema en nuestro vehículo. Eran los frenos. «No podemos seguir», dijo Daniel, el conductor, con herramientas en mano. Gran despliegue mostraron él y su hijo, Gerónimo, pero se ve que la cosa estaba complicada porque no dejábamos el paso de Jama. Mientras ellos trabajaban, el resto, bajábamos y subíamos del motorhome porque el sol quemaba y los 4300 metros de altura convertían la cabeza en un concierto de murgueros. «Estuvimos en la ciudad cuatro días y justo en el medio de la nada nos quedamos varados», bromeaba, un poco en serio, uno de los compañeros.

Tres horas pasaron hasta que lograron poner en funcionamiento a la máquina ¡Hasta el equipo ruso nos había abandonado! Ya los habían rescatado. Seguimos por el desierto con algún contratiempo más porque se recalentó el motor y eso hizo que paremos por lo menos seis veces en un paisaje totalmente solitario. Sólo nosotros, montañas y mucha arena. Cuando llegamos a Calama, la noche ya estaba instalada en el vivac. El termómetro marcaba dos grados bajo cero. No había lugar para estacionar. A unos metros del aeropuerto, separado por un alambrado, conseguimos nuestra parcela. No quedaba demasiado tiempo para el lamento: dentro de unas pocas horas teníamos que volver a salir.

DZ/km

Fuente Redacción Z
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