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TEMAS DE LA SEMANA

Diario Z en el Dakar: los mineros, protagonistas en Copiapó

Por primera vez desde que comenzó esta tercera edición, la atención no fue dirigida a los pilotos.

Por leandro-balasini-enviado-especial
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La presencia de once de los 33 mineros que lucharon casi setenta días tras el derrumbe de la mina San José, revolucionó el campamento de Copiapó. Por un instante, todas las miradas se posaron sobre ellos, como aquellas noches interminables en las que primaba la desesperanza, el miedo, la ilusión y, por momentos, la utopía de escalar los setecientos metros que los separaban de sus seres queridos y de los cientos de miles de personas que los transformaban en sus héroes.

Desde temprano, el vivac, que está a solo 42 km de la mina, se convulsionó por la inminente llegada de estos personajes que han alcanzado un estatus mediático que asombra. A las dos de la tarde, los mineros se hicieron presentes y todos se olvidaron de la competencia. Fueron recibidos por el director del Dakar Etiene Lavigne y el subsecretario de Deportes de Chile, Gabriel Ruiz Tagle. Incluso, el español Carlos Sainz, sorpresivamente, abandonó su carpa y se acercó para fotografiarse con los mineros.

En un segundo, la carpa montada por Promoción Turística de Chile se llenó de gente. Nadie quería perderse la oportunidad de hablar con ellos o, al menos, poder fotografiarse. Apenas pudieron comer los bocaditos de pescado que les ofrecían. Firmaron autógrafos, hablaron con el centenar de medios que los buscaron incansablemente y salieron para encontrarse con el Fénix, la cápsula que los había rescatado tras permanecer bajo tierra más de dos meses. Allí estaba la máquina, esperándolos desde el día anterior. Se reían, la tocaban; algunos se animaron a entrar por pedido de los fotógrafos. Todo en medio de un clima festivo que los tenía como los protagonistas indiscutidos de una calurosa y ventosa tarde en Copiapó.

«Estamos viviendo un momento genial. Nunca imaginé que iba a ver tanta gente en el Dakar. Nos parece mentira estar aquí», contó Claudio Yañez, uno de los más festivos, vestido completamente de rojo, con gorra y los característicos anteojos negros.

La mayoría de los testimonios daban cuenta del cambio radical que tuvieron sus vidas. Algunos no se acostumbran al asedio constante del público. Otros, en cambio, lo toman con mayor naturalidad. «Ya no es algo nuevo que la gente venga y te salude», reconoció Claudio Yáñez. Tanto él como el resto de sus compañeros, todavía están de licencia. Sin embargo, las ansias por volver al trabajo están latentes. No a cualquier empleo, sino al que han hecho durante toda su vida y que les ha dado una identificación. Quieren recuperar su profesión: ser minero. «Desde los quince años trabajo como minero. Esa es mi vocación y voy a morir haciendo esto», sostuvo Yáñez, quien, además, afirmó que «los recuerdos de tristeza y dolor aparecen constantemente. La angustia que más tenía era pensar en mi hija. Fueron horas desesperantes».

La mayoría de ellos viven en Copiapó. A pesar de la cercanía con la mina que les cambió la vida para siempre, ninguno volvió a pasar por allí. «Todavía no tengo intenciones de volver», contó Darío Segovia, uno de los más grandes del grupo. «Poné eso», pidió, y agregó: «Cuando pase el tiempo, iré. Me han regalado videos y no los he visto».

La tarde se fue extinguiendo y con ella la visita de los mineros. Antes de partir, recorrieron el campamento y charlaron con los pilotos que los recibían con un afectuoso saludo. El cierre los encontró recibiendo por parte de las autoridades una medalla con la imagen del beduino que identifica al Dakar. Se fueron y dejaron su estela en la aventura más dura del mundo. Ellos, meses atrás, habían afrontado la propia. Esta vez, fue sólo un juego.

DZ/km

Fuente Redacción Z
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