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TEMAS DE LA SEMANA

Deuda externa: Una historia repetida

En una escena inédita de capitalismo salvaje, la decisión del juez Griesa puso al Estado argentino entre la espada y la pared. La estrategia del Gobierno para no caer en default. Los que se regodearon con el revés judicial.

Por Reynaldo Sietecase
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El endeudamiento argentino co­menzó en 1822 durante la ges­tión de Bernardino Rivadavia. Se autorizó al gobierno a tomar fondos en el exterior para ser aplicados a la construcción del puerto de Buenos Aires, la creación de pueblos en la nueva fronte­ra del país y la fundación de tres ciudades sobre la costa, entre Buenos Aires y el pue­blo de Carmen de Patagones. También se preveía brindar agua corriente a la ciudad de Buenos Aires. El acuerdo se celebró en Londres, el 1 de julio de 1824, con la Ba­ring Brothers por un millón de libras ester­linas. Ya en el camino el 15 por ciento se lo quedó el consorcio que negoció el cré­dito. Al país sólo llegaron 560 mil libras es­terlinas y en títulos, casi nada en metálico. Con esos magros fondos ni hace falta acla­rar que no se hicieron las obras ni se fun­daron los pueblos prometidos. La deuda se terminó de pagar ochenta años después. El fallo del juez Thomas Griesa a favor de los Fondos Buitre es apenas el capítulo más re­ciente de una historia que se repite desde hace doscientos años: funcionarios vena­les o incapaces, cesión de soberanía, deuda que no se destina a infraestructura, coimas y triunfo cantado de los usureros.

La decisión de Griesa, avalada por todas las instancias judiciales de su país, puso al Es­tado argentino entre la espada y la pared. Si se cumple, pagando a los Fondos Buitre, se cae la reestructuración de deuda con el 92 por ciento de los bonistas que aceptaron el canje con quita en 2005 y 2010 y si no se paga el default será con los Fondos especu­lativos que ganaron el juicio. Más allá de los errores cometidos por el Gobierno durante el proceso judicial –entre otros se privilegiaron las bravatas a la estrategia política– la resolu­ción del entuerto en los tribunales de Nueva York revela hasta qué punto el capital espe­culativo se impone a la política dentro de los Estados Unidos y no trepida en vulnerar de­rechos soberanos en el resto del mundo.

La Argentina sólo necesitaba seis me­ses de tiempo para no quedar al borde del abismo. En enero próximo pierde vigencia la cláusula que otorga a los bonistas que in­gresaron al canje la posibilidad de reclamar el mismo trato que se dispense a los que no lo hicieron. El alto tribunal norteameri­cano sólo debía estudiar el caso. En los úl­timos meses le solicitaron esa medida los gobiernos de EEUU, Francia, México y Bra­sil, los países del G-20, el G77 más China, el FMIy el papa Francisco. El Tribunal ni si­quiera consultó al gobierno de Barack Oba­ma. Dejó en vigor el fallo que ordena pa­garle a los Buitre el ciento por ciento de los bonos que compraron por migajas. Eso sí, en cash y antes de que a los bonistas que aceptaron renegociar la deuda. La señal es clara y no deja dudas sobre quién manda y cómo son las cosas en el sistema financiero mundial. Por eso no extraña la solidaridad de muchos gobiernos y la preocupación de distintos organismos internacionales.

El fallo amenaza la reestructuración de la deuda externa argentina, en gran medi­da ilegítima, y deja al Gobierno en una si­tuación gravísima. Si el país entra en default se corta el crédito y se afectan inversiones indispensables como las de Vaca Muerta. Las consecuencias para la población serán graves. El fallo es nocivo para el país y, en gran medida, será una mochila que tendrán que cargar las próximas administraciones y, lo que es peor, las próximas generacio­nes. El regodeo de algunos políticos y pe­riodistas con el revés judicial es tan estúpi­do como sorprendente.

La presidenta Cristina Kirchner utilizó la cadena nacional para cuestionar la medida y subió el tono. Habló de extorsión y de la imposibilidad de pago, antepuso esgrima verbal con estrategia política. Días después en el acto del Día de la Bandera abrió la puerta a una negociación y manifestó la vo­luntad de pagarle “al ciento por ciento de los acreedores”. Con esa premisa solicitó al juez que suspenda el embargo para poder pagarle a su vencimiento la cuota que le co­rresponde a la mayoría de los bonistas y, recién después acordar con los Buitres. No es un pedido irracional. Sin embargo, Grie­sa siempre privilegió a los fondos especu­lativos en sus decisiones y éstos le pidieron que rechace el planteo argentino. Sin esa concesión, el default estará muy cerca.

Dos prestigiosas publicaciones hicie­ron fuertes críticas al polémico magistra­do. El periodista inglés Martin Wolf, uno de los columnistas más destacados del Fi­nancial Times escribió: “Los acreedores que aceptaron cambios y los holdouts no son ca­sos similares. Forzar a que se los trate como iguales parece un error. Es más, el argumen­to de que los holdouts están ayudando a la Argentina mediante el castigo a la corrup­ción del gobierno parece absurdo. Corres­ponde a los argentinos elegir al gobierno. Peor, si la Argentina es obligada a pagar la totalidad a los holdouts, el precio pesará so­bre los argentinos. Eso es extorsión apoyada por el Poder Judicial de Estados Unidos”.

Por su parte, Felix Salmon de Foreing Affairs, señaló: “Hay muchas instituciones suficientemente poderosas para poner a una nación soberana sobre sus rodillas. La mayoría maneja su poder con mucho cui­dado, el resto son fundamentalistas pe­ligrosos” y agregó: “la Argentina no está mintiendo cuando dice que simplemente no puede pagar lo que demanda la Corte norteamericana”.

Para los presidentes de Bolivia y Uru­guay, Evo Morales y Pepe Mujica, la movida a favor de los Fondos Buitre es “una nueva avanzada financiera que amenaza ir sobre los recursos naturales de los países”. Vale la pena atender a sus advertencias. Se trata de una historia repetida donde, hasta aho­ra, siempre ganaron los mismos.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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