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TEMAS DE LA SEMANA

Deuda externa: El vuelo circular de los buitres

La decisión de la Corte Suprema estadounidense puso al país en una posición delicada. La lógica de la usura internacional pudo más que los apoyos recibidos por la Argentina, desde los países emergentes y europeos hasta Obama, el Papa y el FMI. Las estrategias para llegar a algún tipo de negociación.

Por Eduardo Blaustein
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En los viejos westerns y en películas ambientadas en el Sahara era una escena clásica: un hombre solitario, agonizante, intentaba atravesar el desierto con el sol quemándolo y con la cantimplora vacía. La imagen de la muerte inminente la representaba el vuelo circular de los buitres contra un cielo de fuego. Los buitres se alimentarían de su cuerpo.

Quien haya inventado la expresión “fondos buitre” acaso se inspiró en esa imagen. Y si Néstor Kirchner decía antes de que se concretara el primer acuerdo exitoso de canje de la deuda que cliente muerto no paga, en los últimos meses la Argentina venía normalizando sus relaciones ya sea con los mercados como con los organismos financieros internacionales: Repsol, Club de París, FMI y la nueva medición de precios. El panorama cambiario venía calmado en relación a enero pasado y hasta el diario La Nación levantó la noticia dada por un diario económico internacional según la cual la Argentina figuraba en el tercer puesto de un ranking de países atractivos para invertir. Hasta que la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos de rechazar el pedido de apelación contra los fondos buitre puso otra vez al país en una situación muy delicada, amenaza de default técnico incluida.

Tal como lo expresó por cadena nacional la Presidenta en un discurso sereno, y tal como lo reiteró el ministro de Economía, hay una lectura asombrosa y siniestra que debe hacerse del fallo de la Corte Suprema: en su presentación ante la Justicia estadounidense la Argentina contó no sólo con el respaldo político o simbólico de legisladores opositores sino de las naciones latinoamericanas, algunas potencias europeas, legisladores ingleses, Barack Obama, el FMI y hasta el papa Francisco. En este mundo desquiciado, sin embargo, el peso político de los fondos buitre en asociación con jueces que naturalizan la lógica rapiñera del capitalismo financiero pueden más que las debilitadas representaciones políticas de los pueblos, sea la del gobierno argentino o la del país que sigue siendo, con dificultades, primera potencia mundial. Vale la pena reiterarlo: hasta el FMI mostró preocupación por las consecuencias que puede deparar el fallo de la Corte estadounidense: “El Fondo considera con mucho cuidado esta decisión y, como hemos dicho anteriormente, estamos preocupados por la posibilidad de implicaciones sistémicas más amplias”.

Si desde hace mucho tiempo fue Cristina Fernández la que alertó sobre lo que podrían implicar las sentencias de la Justicia norteamericana sobre futuras reestructuraciones de deuda de países en crisis como los de la Europa mediterránea, el papa Francisco no dejó pasar ni un día para decir que es imposible “seguir tolerando por largo tiempo que los mercados financieros gobiernen la suerte de los pueblos” en vez de “servir a las necesidades” de las personas. Para Francisco, es inadmisible que “pocos prosperen recurriendo a la especulación financiera mientras muchos sufren duramente las consecuencias”. Pero lo dicho: tal parece que en el mundo contemporáneo la lógica de la usura internacional tiene más peso que los Estados, la Iglesia y hasta los organismos internacionales que promovieron la irresponsabilidad de los endeudamientos sistemáticos desde hace décadas.

Lets talk, Griesa

La esperada intervención de Axel Kiciloff permitió saber que el gobierno trabajará en una respuesta de triple vía: asegurar que los bonistas que arreglaron el canje pueden quedarse tranquilos, buscar un modo de pago a los buitres en suelo argentino (se trata de una operación de canje cuya logística no es fácil de implementar contra reloj) y al mismo tiempo ir a conversar con el juez Thomas Griesa, quien no por ser más que liberal alguna vez se portó amablemente con las autoridades argentinas.

La primera consecuencia del fallo de la Corte fue el desplome de las acciones y bonos argentinos, la suba del dólar blue y el temor al freno de la llegada de inversiones y créditos al país. Al segundo día las acciones rebotaron pero el clima instalado es de incertidumbre y por ahora nos retrotrae a enero de este año, lo que teóricamente, según evolucione el cuadro, pone en riesgo los avances acumulados desde entonces, así como la esperada recuperación económica del segundo semestre. Puede de todas maneras, según sea que haya tiempo para rearmar una nueva ingeniería financiera o que Griesa muestre una mínima flexibilidad, que las cosas se normalicen en un mes. Es temprano para saberlo.

Mientras se escriben estas líneas, los más altos funcionarios argentinos están afinando números y argumentos ya sea para presentarse ante Griesa o debatiendo desde temprano el asunto en el Congreso con la oposición. ¿Cuál fue hasta ahora el comportamiento de esa oposición? No ha sido un comportamiento buitre, fue una respuesta relativamente cauta aunque vacía de contenidos. Es la típica situación en la que los opositores dicen blandamente “hay que sentarse a negociar, a acordar”, pero no dicen negociar qué, acordar qué, en qué cosas debería ceder el país y en cuáles no.

Tampoco vienen con propuestas o soluciones. Algunos, con mayor miserabilidad, echan las culpas sobre la presunta mala negociación desplegada por las autoridades argentinas. Los peores son aquellos gurúes económicos y ex funcionarios de gobierno de anteriores administraciones que dan consejos pese a que fueron responsables y hacedores de los insostenibles niveles de endeudamiento que llevaron al estallido económico de 2001.

En Faunen coinciden en un mismo espacio los que exigen negociar más o menos como sea y los que piden, como Pino Solanas, la revisión de la deuda, como si viviéramos en 1984. En el PRO convive una administración que endeudó fuertemente a la ciudad y Adolfo Sturzenegger, uno de los responsables del Megacanje. Sergio Massa pide la conformación de una comisión bicameral que ya existe. El Partido Obrero propone una movilización internacional contra la deuda, como si el Partido Obrero estuviera en condiciones de concretar lo que no pueden actores políticos y económicos ligeramente más significativos (va de nuevo: desde los países emergentes hasta los europeos, el Papa, Obama y el FMI).

La debilidad política señalada es complementaria de otras debilidades anteriores, desde que en tiempos menemistas se cedió soberanía económica y jurídica en dirección a los tribunales yanquis. No será seguramente en el Congreso argentino donde pinten las soluciones sino en Nueva York. Los abogados que representan al Estado argentino apuestan a aquello que vienen señalando no pocos analistas: que el juez Griesa acepte algún tipo de negociación que –poniendo estaba la gansa– impida que el país vuelva a los oscuros tiempos del default.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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Diario Z
Periodista, escritor, autor de Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso.