Echaron 1.500 profesionales de los hospitales y el SAME con la excusa de "reducir horas de guardia". Cierre de servicios y programas, aprietes, precarización, recorte salarial, consultorios en containers. El Alvarez y el Moyano, casos emblemáticos.  ">

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Despiden 1500 profesionales, cierran programas del SAME y en el Álvarez atienden en containers

Echaron 1.500 profesionales de los hospitales y el SAME con la excusa de «reducir horas de guardia». Cierre de servicios y programas, aprietes, precarización, recorte salarial, consultorios en containers. El Alvarez y el Moyano, casos emblemáticos. 

Por Franco Spinetta
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Prolijamente pintado, el Hospital General de Agu­dos Teodoro Álvarez, en Aranguren al 2700, luce su pintoresca arquitectura atrave­sada por prolijas callecitas internas y jardines con jacarandaes. Pero la carcasa esconde una realidad difí­cil de adivinar a simple vista: la de profesionales, trabajadores y pa­cientes afectados por un profun­do recorte presupuestario. Si a esto se suman las demoras en la reconstrucción de la guardia prin­cipal –incendiada hace poco más de dos años– se llega a la verdade­ra situación de esta institución más que centenaria, por décadas un or­gullo del barrio de Flores.

 Ni aquí ni allá

Ariel acaba de tener un acci­dente en su moto. Tiene el codo lastimado y la rodilla derecha ba­ñada de sangre. Llegó por sus propios medios a la guardia del hospital. Primero, lo enviaron a un pabellón, donde le indicaron que debía dirigirse a otro sector para luego recaer nuevamente donde inició su recorrido. El personal de seguridad le vuelve a decir que allí no podrá atenderse y Ariel estalla: “¿Me están cargando? Me están haciendo recorrer todo el hospital y apenas puedo caminar”. El guar­dia de seguridad se sensibiliza y lo ayuda a desplazarse hasta el lugar donde podrán, por fin, asistirlo.

El desorden del que Ariel es víctima comenzó luego del in­cendio de la guardia en enero de 2012, que obligó a redistribuir va­rias áreas clave del Álvarez.

Desde aquel episodio hay una parte de la guardia, el servicio de PAMI y de vacunación para niños que funcionan en tres auténticos containers, unos armatostes de chapa pintados de blanco, de esos que suelen cargar los camiones en la zona de Retiro. Ya están un poco oxidados y les agregaron una ven­tanitas pequeñas, tal vez para que pierdan su aspecto de jaula. Las salas de espera de los consultorios containers consisten en algunas si­llas de plástico que están a la in­temperie, cubiertas sólo por un te­cho de lona, que puede proteger a unas pocas personas de la lluvia pero no del frío ni del calor.

El incendio afectó áreas admi­nistrativas, que fueron reubicadas en otros sectores del hospital. Por ejemplo, las internaciones clínicas tuvieron que reducirse al mínimo ya que allí se instaló una parte de las oficinas de la dirección.

La demora en la reconstruc­ción del hospital transformó la vida de quienes allí trabajan. Por fuerza de la costumbre se amol­daron a las nuevas condiciones, mientras esperan que los trabajos, que incluyen una ampliación de la capacidad de la guardia– cul­minen de una vez por todas. Los plazos están vencidos, aunque el gobierno prorrogó el final de las obras para 2015.

Pero luego vino un zarpazo mayor: la resolución 1.657, que re­ducía en alrededor de un 40 por ciento las suplencias de guardia en el sistema de salud (ver recuadro).

En el Álvarez el Ministerio de Salud de la Ciudad ordenó que el millar de horas de suplencia de guardia bajara a 670. Esto significó desguazar varios programas de sa­lud mental únicos en la ciudad y al­gunos de ellos habían sido pione­ros en la prevención y atención de la violencia de género y en el posa­borto y los abortos no punibles. Si­multáneamente, 118 profesionales se quedaron sin trabajo.

La directora del Álvarez, la prestigiosa obstetra Diana Galim­berti, dijo entonces al diario Perfil que “a muchos se nos cayeron las lágrimas”. Luego, en total silencio y a pesar de haber estado vincu­lada a la dirección del hospital du­rante más de 15 años, pidió su ju­bilación. Los trabajadores con los que habló Diario Z suponen que se fue “apretada” por las autori­dades sanitarias por haber violado la orden de silencio impuesta a los empleados de la Ciudad desde los inicios de la gestión macrista.

“Diana era mucho para el ma­crismo, impuso la atención con­tra la violencia de la mujer, milita­ba a favor del aborto no punible”, señaló un profesional del Álva­rez que pidió el anonimato. Ga­limberti había trabajado durante años con profesionales ultrapre­carizados y soportado las excu­sas por las demoras en la recons­trucción de la guardia incendiada. Pero no habría tolerado que los equipos y los programas que im­pulsó fueran desarmados.

 Boca cerrada

El temor es regla. Y no es para menos. Los trabajadores del Álva­rez conviven con cámaras que re­gistran todos sus movimientos y con el hostigamiento de una nue­va modalidad de persecución la­boral: las auditorías compulsivas. “Vienen los empleados del Minis­terio de Modernización, se meten sin preguntar y dan vuelta los con­sultorios en forma totalmente pre­potente”, afirma una empleada del hospital. Controlan desde el hora­rio hasta que efectivamente haya pacientes en el consultorio. “Nun­ca vi algo parecido y hace 20 años que estoy en este lugar”, dijo otro profesional del área de Psicología.

Con la orden del Ministerio como aval, la actual directora, Lau­ra Cordero, encaró un recorte que afectó a varios sectores en forma simultánea. El Hospital de Día del turno vespertino perdió ocho pro­fesionales (siete psicólogos y un psiquiatra). Este sector se encarga­ba de la atención de 38 pacientes psicóticos graves, que requieren un seguimiento cotidiano, la estra­tegia terapéutica indicada para evi­tar recaídas, internaciones prolon­gadas e incluso suicidios. El recorte no se justifica ni siquiera por razo­nes económicas: el Hospital de Día ahorraba un 75 por ciento de giros a internación.

 De la misma división de Salud Mental –una de las más prestigio­sas del sistema–, el Hospital de Día de Adicciones también perdió a tres profesionales. Había sido creado hace 10 años para la aten­der personas con consumo pro­blemático de drogas. “Es el único dispositivo de estas características en toda la Ciudad”, explica uno de los profesionales que aún tra­baja allí. Los tratamientos son in­dividuales, familiares y en grupos terapéuticos. “Con el recorte, se dificulta el seguimiento de los pa­cientes y se sobrecarga a los pro­fesionales que quedamos”, aña­dió. El área de Adicciones atiende unas 800 consultas mensuales.

Otros sectores que perdie­ron trabajadores son el Equipo de Violencia de Adultos, el Equi­po de Adolescencia y el Grupo de Trabajo de Maltrato Infantil, Abu­so Sexual y Violencia Familiar, que se quedó sin infectóloga infantil –única profesional de este tipo en el hospital–, sin ginecóloga infan­to juvenil y sin tres psicólogas. Este grupo funcionaba desde 2008 y se había convertido en referencia na­cional por su abordaje interdiscipli­nario. Según explicaron sus profe­sionales a Diario Z, la reducción implica “desarticular el grupo de trabajo” ya que limita a la mitad la capacidad de asistencia psicoló­gica e implica la discontinuidad del tratamiento de 33 pacientes.

El Álvarez fue, durante un si­glo, un establecimiento modelo y de vanguardia. Uno de los hospi­tales porteños que supo mantener fuertes nexos con el barrio. En los últimos años se había instalado, además, como una referencia en materia de salud mental y de vio­lencia de género y de víctimas de abuso infantil. “Lo que quieren es empobrecer la atención, un hos­pital pobre para pobres… ¿quién se querría atender en una guardia que es un container? Sólo lo sopor­tan quienes no pueden acceder a una atención más cuidada”, seña­ló otro profesional que tampoco se anima a dar su nombre. Para el go­bierno, el silencio es salud.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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