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TEMAS DE LA SEMANA

Desierto de soledades

Por Eduardo Blaustein. La dirigencia opositora rechaza el acuerdo con Irán para investigar el atentado contra la AMIA mientras intenta, sin éxito, construir alternativas electorales. En tanto, el kirchnerismo firma convenios con sectores empresariales, mantiene a distancia el horizonte gremial y sigue dominando la escena política.

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La dirigencia opositora rechaza el acuerdo con Irán para investigar el atentado contra la AMIA mientras intenta, sin éxito, construir alternativas electorales. En tanto, el kirchnerismo firma convenios con sectores empresariales, mantiene a distancia el horizonte gremial y sigue dominando la escena política. La dirigencia opositora rechaza el acuerdo con Irán para investigar el atentado contra la AMIA mientras intenta, sin éxito, construir alternativas electorales. En tanto, el kirchnerismo firma convenios con sectores empresariales, mantiene a distancia el horizonte gremial y sigue dominando la escena política.

Se sabe que el kirchnerismo es dado a generar iniciativas fuertes, arriesgadas. A falta de otros temas potentes en las últimas semanas uno de los centros de la discusión pública fue el acuerdo que propone el Gobierno con Irán para intentar avanzar en la investigación del atentado contra la AMIA. Jugada audaz y creativa que viene con cero garantías de éxito. Pero que deviene y se explica por las garantías subcero que ofrecía la situación heredada. La dirigencia opositora tiene todo el derecho a cuestionar el acuerdo. Lo que no puede hacer es argumentar en contra dando a entender que la Justicia argentina obró de maravillas a lo largo de todo el tiempo sucedido desde la tragedia, como si el final feliz fuera inminente.

El Gobierno bien pudo hacer silenzio stampa, no mover un dedo, limitarse a lamentar, sentidamente, que ya todo había sido hecho mal en las administraciones anteriores y en los procesos judiciales previos. Tan perversa y deliberadamente mal se hicieron las cosas que resulta muy difícil confiar en que algún día el atentado se esclarezca y más difícil que se juzgue, condene y aprese a los responsables. Un juez, Juan José Galeano, voló por los aires por lo mal que hizo las cosas. El Fino Palacios, convocado por Mauricio Macri cuando creó la Policía Metropolitana, sigue procesado por su papel en la investigación. Hasta dirigentes prominentes de la comunidad judía en los 90 mantuvieron conductas más que turbias. Pero la oposición olvida todos estos antecedentes, como si la causa se mantuviera en estado promisorio. También algunos de los dirigentes de la comunidad judía (cuyo nivel de representación es dudoso dada la exigua participación de esa colectividad en las elecciones de la DAIA y la AMIA) dicen “confiar en la Justicia argentina”, con lo que desdicen los durísimos cuestionamientos que sus antecesores dedicaron justamente a la investigación judicial. Que algunos de esos dirigentes pertenezcan a los sectores más conservadores de la comunidad judía, o que tengan vínculos con el PRO, explica algunas cosas.

Otra vez la foto

Ahora fue con Julio Cobos. Una vez más los encuentros de Daniel Scioli con referentes políticos no oficialistas desatan la rabia (a gusto de este cronista innecesaria de comunicar) de dirigentes kirchneristas. Una vez más los medios dominantes recogen esas rabias para robustecer el imaginario de un kirchnerismo vertical, antidemocrático. Se dice que el solitario Cobos fue el que divulgó la noticia del encuentro; es decir que por una vez Scioli no se sacó la foto como quien ríe pícaramente al estilo del perro Pulgoso, el de los dibujos animados.

Sea encuentro o sea foto, es siempre más de lo mismo. Y es que por enésima vez hay que aludir al asombroso congelamiento de la escena política en un cuadro que parece eterno (pero que algún día se modificará): el kirchnerismo, aun con menor imagen en las encuestas, dominando la iniciativa política pero en el último año con más dificultades a resolver que aciertos, amesetado. La oposición, con las dificultades de siempre para constituir alternativas electorales, proyectos de gobierno atractivos. Y, como siempre también, las esperanzas del establishment (de ciertos medios y últimamente de Francisco de Narváez) para que Scioli o Sergio Massa se abran del kirchnerismo y pasen a liderar el espacio que los demás no saben construir por sí mismos. El viernes es posible que ambos se reúnan “para hablar de inseguridad”.

Ella o vos

Entre tanto, las paradojas. Francisco de Narváez despotrica contra la confrontación pero despliega en los diarios (incluido uno de su propiedad) una publicidad redondamente binaria, polarizadora: todo se reduce en la Argentina a “Ella o vos”. Entre tanto, la impotencia del PRO para expandirse como fuerza nacional. Ante la impotencia, la búsqueda desesperada de “figuras que no vienen de la política”: un árbitro de fútbol, Marcelo Tinelli, una modelo o actriz o lo que sea, el hermano de Emanuel Ginóbili, Oscar González Oro. Todos ellos con décadas de experiencia en la gestión pública o el fértil debate legislativo.

Lo sinceró Emilio Monzó, esforzado armador del macrismo: importa primero la visibilidad, los niveles de popularidad. Luego, lejos, la capacidad que pueda tener la figura convocada. La llamada farandulización de la política (la expresión es más bien fulera) estalló en la Argentina cuando Carlos Menem convocó a Carlos Reutemann y Palito Ortega entre otros. El primero languidece. El otro, tras haber sido gobernador, ofrece recitales públicos melancólicos. Cuando se produjeron los cacerolazos buena parte de la oposición asumió su impotencia para representar a quienes protestaron en las calles. El PRO fue más discreto en esa autocrítica, acaso porque no cree en ella. Acude a las estrategias ganavotos sin importar que sean nocivas para la calidad de la democracia. ¿Por qué nocivas? Porque entre otras cosas el descentramiento y la degradación de los partidos, la pérdida de su capacidad de convocatoria, tiene una de sus explicaciones (sólo una, pero significativa) en aquella apuesta que hizo Menem de superar o puentear a un PJ que le resultaba más o menos esquivo, moldeando y construyendo la política con ajenos pero vistosos.

Tírenme una soga

El acuerdo del gobierno con diversos sectores empresarios está en sus inicios y es difícil saber si tendrá algún éxito. En principio no parece una política de fondo para afrontar el problema de la inflación. En ese contexto, el oficialismo sigue padeciendo ya no el alejamiento de sectores sindicales que se pasaron a la oposición sino una cierta frialdad en la relación con los cercanos. Las negociaciones paritarias con los docentes vienen empiojadas. Por el lado de Antonio Caló, y aunque éste sea nada más que un referente de emergencia de la CGT “cercana”, sus declaraciones sobre el impacto de la inflación y “la economía estancada” tienen un sentido político evidente. Muestran además la necesidad de todo dirigente gremial a la hora de relacionarse con un Ejecutivo: muchachos, tírenme una soga, suban más los salarios, aflojen con el impuesto a las Ganancias, algo les tengo que decir a mis bases.

Del otro lado Hugo Moyano hace como que se toma un tiempo para sumarse a la manifestación convocada por Pablo Micheli, dedica un gesto fugaz de comprensión a los dichos de Caló, dice que ya viene el lanzamiento de su partido, multiplica los bloqueos a supermercados mayoristas. Con idéntica suavidad clama que Carlos Tomada es “el ministro más traidor de la historia”.
Mucha gente suelta metiendo ruido para interés de pocos. El paisaje político argentino a veces parece un desierto de soledades gesticulando a las cámaras.

Fuente Especial para Diario Z
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