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TEMAS DE LA SEMANA

Desconcierto juvenil en un mundo desconcertante

Los jóvenes no tienen referencias claras y muchas veces se dañan a sí mismos.

Por Juan Carlos Kusnetzoff
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Digámoslo sin titubear: ser adolescente en el vertiginoso y contradictorio mundo actual es mucho más difícil que antes. 
El escepticismo de un mundo adulto que asiste con cierta resignación a la caída de sus propios valores, deja atrapados a los adolescentes entre la imprevisibilidad y el desasosiego depresivo. Y, sobre todo, con una sensación muy profunda de soledad y de falta de referentes adultos que lo ayuden a crecer. Un mundo convulsionado, donde el poder tiende a ser arbitrario, no puede ofrecer horizontes claros y mucho menos coherencia. Son relaciones sociales que no pueden “construir” adolescentes sanos o coherentes. 

 Los jóvenes se enfrentan con adultos desconcertados y desubicados respecto del propio futuro y también el de su comunidad. Personas que no pueden ofrecer garantías a los chicos. Los jóvenes se desconciertan y son presa de un estado que denominaríamos “estar sin rumbo”. Se ha perdido la brújula. El contexto no los orienta y los expone a improvisar opciones que muchas veces son dañinas para su salud y para su estabilidad emocional. Una energía vital descollante, como es la de la adolescencia, se ve entonces desperdiciada, dilapidada. 

Muchas veces los adolescentes se encuentran “a la deriva”, buscando afanosamente una dirección. Pero viven en medio de la zozobra. Por ejemplo, todos los acuerdos y contratos de trabajo no son definitivos, sino provisorios. Los salarios dificultan la independencia de unos jóvenes, además, muy presionados por el mercado para consumir. La precariedad de los estudios, los vínculos familiares, los ingresos modelan muchísimos aspectos de la vida adolescente. Inclusive, de sus romances y “enganches” emocionales. No es raro que en esos vínculos haya escaso compromiso con el otro.  Incluso parejas pactan de antemano ese “no compromiso”.

Es habitual la escasa disposición al cuidado, la poca disponibilidad de tolerar el dolor psíquico y una incierta disposición a tolerar las pérdidas. Los objetos, las personas, los sentimientos, se vuelven “descartables”, “pret-a-porter”, tómalo o déjalo. Esta manera de pensar y actuar, fundamenta la marginalidad y propicia desbordes y excesos de todo tipo, causantes de patologías graves: violencia, alcoholismo, uso abusivo e intoxicante de drogas ilegales, mezclas con productos farmacéuticos, trastornos alimenticios y adicciones. 

Ser respetado y tenido en cuenta es imperioso para esta etapa vital. Convocar a los jóvenes a la participación social, valorar su participación y sus aportes, son importantes para los chicos y para los demás.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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Diario Z
Médico sexólogo clínico. Director del Programa de Sexología Clínica del Hospital de Clínicas. Jefe de Cátedra Libre Sexología Clínica.