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TEMAS DE LA SEMANA

Héctor Baldassi, con estilo propio

El ex árbitro habla de todo: su forma de dirigir, las críticas y qué le dejaron 20 años de profesión

Por Leandro Balasini
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Lo primero que llama la atención cuando uno ingresa en el bar ubicado en Juncal y Larrea, en pleno corazón del barrio porteño de Recoleta, es la remera de un árbitro, junto con ambas tarjetas, enmarcada y colgada sobre una de sus paredes. Sin embargo, al ver a Héctor Baldassi haciendo bromas con los empleados del lugar, rápidamente, la duda se disipa. «Es como si fuese mi casa, por eso les regalé una de las camisetas que usé en el último Mundial», explica el cordobés de Río Ceballos, que el año pasado decidió dejar la profesión, tras veinte años de carrera. Con el mismo desenfado y ese estilo irreverente que lo caracterizó, se prende en un diálogo mano a mano con Diario Z. «Siempre hablé de desmitificar la función del árbitro. Es un ser humano al que le gusta el café, tomar fernet o mirar un culo. Me presenté de esa manera y le di otra impronta a nuestra figura», afirma Baldassi de entrada.
¿Se extraña la profesión?
No, para nada. No quiero autoconvencerme diciéndote esto. Fui haciendo el duelo de a poco. La decisión de dejar el arbitraje no fue intempestiva; al contrario, fue trabajada, pensando en que era el final, que ya no había objetivos ni ganas. Esas cosas me llevaron a pensar en el retiro y empecé a trabajar en eso, en no entrar más a una cancha o dejar de ser una persona pública. Ahora estoy en una posición muy tranquila. Te diría que lo único que extraño es la cena con mis compañeros después de los partidos.
En su libro, Horacio Elizondo dice que tu llegada a primera le dio la posibilidad de reírse. ¿Sentís que impusiste un estilo?
Creo que hoy puedo decir que fui diferente. El hecho de correr al lado de la pelota, cuestiones posturales, agacharme para cobrar o no ser autoritario con los jugadores, puede marcar un determinado estilo. Ojo que siempre apliqué las reglas, pero lo hacía con una sonrisa. En la previa de los partidos, Baldassi daba tranquilidad. Dirigí 18 superclásicos y en ninguno fui a sorteo. Eso es una satisfacción.
Algunos, justamente, criticaban esa forma de dirigir que tenías.
Problema de ellos. Nunca perdoné a nadie. Me enseñaron a dirigir dándole continuidad al juego, no soslayando las reglas. En lugar de sacarte una roja con cara de culo, te decía: «te equivocaste, andate». Trataba de ser justo. Recuerdo un Boca-River donde Medel hace un gol y se cuelga del alambrado. Gallardo me pide que lo amoneste y lo expulse. Yo le digo: «¿Te parece que puedo sacarle una tarjeta a un tipo que viene de un terremoto?». Me dio la razón. Hay veces que se tiene que tener sentido común. Ese día, más tarde, eché a Medel pero por pegar una patada.
¿Son complicados los futbolistas?
Si vos sos psicólogo y sabés conducir el partido con inteligencia, no son tipos complicados. Me preguntaban si me molestaba que un jugador se tirara para engañarme. No me jodía, sólo había que estar atento para ponerle una sanción. Me molestaba sí que después de haber «comprado» una infracción que no había visto, saliera a decir que me vendió un penal. Eso es ser vigilante.
¿Alguna vez recibiste presiones por parte de los dirigentes?
En el fútbol nos conocemos todos.
¿Eso quiere decir que saben a quien tocar?
No sé si saben. A mí nunca se me arrimó nadie. No tengo que andar por la vida demostrando que soy honesto. Laburaba al máximo y respetaba a los dirigentes.
¿Qué significó haber estado en una Copa del Mundo (Alemania 2010)?
Estás en la historia del arbitraje. Mis nietos van a recordar que yo dirigí un Mundial. Es algo grosísimo. Entré al primer partido cantando la canción de David Bisbal (tararea la música). Cuando vi a toda esa gente, los himnos, se me pasó por la cabeza la imagen de mi familia y todo el esfuerzo de mi carrera. Fue inolvidable.
¿Qué te dejó el arbitraje?
Me dio la posibilidad de ser alguien en la vida, conocer el mundo y vivir de la pelota. Disfruté todo lo que me tocó vivir. Es muy importante la familia en todo esto porque te acompaña en los momentos difíciles, banca tus silencios y tus errores. En los momentos felices, de los viajes, ellos están acá y sólo ven las fotos. Pero se alegran por tu felicidad porque te ven bien a vos.

DZ/LR

 

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