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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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Del 8N a los avales: claves de un viraje

Perfilarse como alternativa al gobierno nacional es una de las razones de la decisión de Macri.

Por Franco Spinetta
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Y un día, diez meses des­pués, Mauricio Macri se hizo cargo del subte. La decisión tomó por sorpresa a muchos que creían que la salida al conflicto por el traspa­so de los subterráneos termina­ría en la Justicia. Sin embargo, el jefe de Gobierno decidió «agarrar la papa caliente» y hacerse car­go de un servicio deficitario, caro, conflictivo e ineficiente. ¿Cómo es que luego de negarse sistemática­mente a aceptar los subtes, ahora Macri decide anunciar que acep­tará la propuesta de Nación cuan­do ni siquiera la Legislatura votó el traspaso y mucho menos está claro cómo hará la Ciudad para fi­nanciar el servicio? Un breve re­sumen de lo sucedido aclarará un poco el panorama.
A fines de 2011, el gobierno nacional anunció que negociaría el traspaso de los subterráneos a la Ciudad porque consideraba que se trataba de una «situación injusta» en el marco de las polí­ticas federales de transporte: los subtes insumían casi 800 millo­nes de pesos anuales de subsidios para mantener el precio de la ta­rifa, pero el servicio no trascen­día los límites de la General Paz y beneficiaba sólo a los porteños. El PRO pataleó un poco, pero se sentó a la mesa con los funciona­rios nacionales. De aquellas nego­ciaciones se llegó a un acuerdo firmado por ambas partes: el go­bierno porteño aceptaba la trans­ferencia y Nación se comprometía a mantener la mitad de los sub­sidios por un año, algo así como 360 millones de pesos.
Macri, haciendo uso de la po­testad del servicio, decidió aumen­tar el boleto por decreto un 127%, llevándolo de $1,10 a $2,50. Pero inmediatamente comenzaron los problemas: el macrismo denunció «falta de voluntad» del kirchneris­mo para profundizar el traspaso «con recursos» y, tras la decisión de la ministra de Seguridad Nilda Garré de retirar la custodia de la Federal en las estaciones, el PRO dio por terminado el asunto y re­chazó los subtes.
Entonces comenzó una cara­vana de acusaciones cruzadas en­tre ambos gobiernos, con spots televisivos y conferencias de pren­sa. En el medio, el larguísimo paro por salarios elevó la temperatura de los usuarios. El Congreso de la Nación votó una ley que ordena­ba a la Ciudad tomar la gestión de los subtes y de 33 líneas de colec­tivos que hacen su recorrido den­tro de la Capital. El PRO la desco­noció, y aseguró que sólo tendría efecto si la Legislatura la refren­daba.
La tragedia de Once marcó un quiebre en el gobierno nacional, que decidió quitar la Secretaría de Transportes (hasta ese momento conducida por Juan Pablo Schiavi) del área de Julio De Vido y trans­ferirla al Ministerio del Interior, que conduce Florencio Randaz­zo. Desde entonces se promovie­ron reuniones junto a la Provincia y la Ciudad para discutir una polí­tica integral de transportes.
Factores determinantes

Hubo dos factores clave en la decisión anunciada por Mauricio Macri. Una está ligada al acuer­do que el kirchnerismo y el ma­crismo lograron en la Legislatura para la aprobación de un paque­te de 14 leyes. Dentro de esa negociación, se habría acordo también un futuro endeuda­miento (Ciudad necesita los ava­les de Nación) para hacer frente a la gestión de los subtes. El otro factor determinante fue la Justi­cia. La jueza Patricia López Verga­ra, un verdadero dolor de cabeza para el macrismo, ya había obli­gado al Gobierno porteño a sen­tarse a negociar con los Metro­delegados para levantar el paro de subtes. Ahora, la cuestión de fondo -también en manos de Ló­pez Vergara- estaba a punto de resolverse y todo indicaba que el fallo sería contrario a las as­piraciones del macrismo. «Siem­pre hacen lo mismo, como con el 0-800 delator: estiran la cuerda, se pelean con todos, pero cuan­do ven que la Justicia está por dejarlos en evidencia dan mar­cha atrás para no hacer papelo­nes más serios», dijo, ofuscado, un dirigente kirchnerista. Y agre­gó: «Lo único que faltaba: ahora Macri quiere posicionarse como un gestor, un tipo que viene a salvarnos de la mala gestión del subte cuando no lo quería ver ni en figuritas».
Sin duda, es una decisión tar­día. Pero en el macrismo leyeron en el cacerolazo del 8Nun men­saje que también incluye a la opo­sición y creen que Macri es el lí­der que «naturalmente» debería conducir a ese sector disgustado con el gobierno nacional. Para lo­grarlo, debería mostrarse ejecuti­vo. Tomar el subte sería una señal para ellos.
DZ/km

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