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TEMAS DE LA SEMANA

De monasterio a shopping cool, ahora lo quieren rematar

Fue monasterio, hospital y asilo de ancianos. Reciclado, se dividió en el Centro Cultural Recoleta y el centro comercial. El Gobierno lo quiere rematar.

Por Daniela Pasik
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Recoleta es un barrio con fantasmas. Por ahí deambula, dicen, La Dama de Blanco, la joven muerta que enamora muchachos solitarios por la zona cercana al cementerio. El patio de comidas del Buenos Aires Design solía ser, a inicios del siglo XX, el paredón de un hospicio para mendigos que en 1944 pasó a llamarse Asilo de Ancianos General Viamonte. ¿Qué da más miedo?

El terreno en el que se emplaza el centro comercial más chic de la ciudad fue parte de la chacra Los Ombúes, propiedad de don Rodrigo Ortiz Zárate, que la había recibido en el reparto de tierras hecho por Juan de Garay en 1583. El solar donde el Centro Cultural comparte espacio con el Buenos Aires Design fue donado a los frailes franciscanos recoletos en 1716, que construyeron su monasterio, del que aún sobreviven retazos. Este edificio es una de las construcciones porteñas más antiguas en pie.

En 1822 el monasterio pasó a manos públicas y sirvió, sucesivamente, como hospital, escuela de agricultura, cuartel, hotel de inmigrantes, academia de dibujo, refugio para enfermos mentales, convento y albergue de inválidos, entre otros usos. El asilo General Viamonte fue su último destino antes de la construcción del Centro Cultural y, más tarde, el centro comercial.

¿Qué da más miedo? ¿El mito urbano de la chica muerta o la antigüedad que traspasa el esplendor arquitectónico? Es como una flecha en el tiempo que atraviesa los siglos y sobrevuela el edificio que mira la Plaza Francia (que en realidad se llama Plaza Intendente Alvear, pero ésa es historia para otro informe).

Podría haber, de algún modo, un clima de niebla y bruma sobre la barranca. El fantasma del edificio original, de estilo italianizante y con una capilla neogótica, construido entre 1881 y 1885 por el arquitecto municipal Juan Antonio Buschiazzo, se superpone por momentos con la obra maestra actual que hizo Clorindo Testa en los 90. ¿Qué da más miedo? El mito urbano de una enamorada muerta no asusta nada a la hora de pasear por Recoleta.

Ayer nomás

Durante los años 60, el Gato Dumas instaló su restaurante en la zona y fue el primero del polo gastronómico que se construiría en las siguientes décadas. Pero entonces, antes de tanto ojo de bife sobre colchón de hojas verdes, la estrella era la plaza.

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El complejo es del dominio público de la Ciudad, que recibe sólo 50 mil pesos por mes en concepto de canon.

 

Estos fantasmas son más modernos, pero no dejan de ser fantasmas. La juventud porteña que fue parte del inicio del rock nacional pasaba mucho de su tiempo libre ahí. Las barrancas eran los campos verdes de la tierra natal de Moris, Pappo, Claudio Gabis, Miguel Abuelo y Tanguito, entre otros. Sobre el paredón del asilo se instaló la feria de artesanías y los viejitos se la pasaban asomados, mirando a los extraños de pelo largo pasar.

La música terminó y en 1979, el intendente de facto Osvaldo Cacciatore impulsó el proyecto de transformar el viejo asilo en el nuevo Centro Cultural Ciudad de Buenos Aires. Mudó a todos los ancianos a un albergue en la provincia y dejó todo listo para demoler. Pero la obra fue proyectada y realizada por los arquitectos y artistas plásticos Clorindo Testa, Jacques Bedel y Luis Benedit, que salvaron parte de la infraestructura original.

En el actual centro cultural y comercial aún están los claustros de mayor valor histórico. Se remodelaron los patios y la capilla neogótica, la misma que ahora se superpone fantasmalmente con el nuevo auditorio. El conjunto de edificios se estructuró mediante una calle central que enlaza los dos espacios y termina en los jardines del Buenos Aires Design.

La inauguración del Centro Cultural Ciudad de Buenos Aires fue en diciembre de 1980, pero el lugar se desarrolló en democracia, sobre todo bajo la dirección de Osvaldo Giesso entre 1983 y 1989. Comenzó a llamarse Centro Cultural Recoleta en 1990, el mismo año que se inició la obra del Buenos Aires Design, inaugurado en 1993, también diseñado por Testa.

Diferentes pero iguales, como unos siameses, el centro cultural y el centro comercial están entrelazados. Buenos Aires Design se ubica debajo del Centro Cultural Recoleta y también de parte de la plaza. Ahí está el patio de comidas que supo ser el muro del asilo y, rescatado, se convirtió en una hermosa recova gastronómica que se llena todos los días y explota los fines de semana.

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A inicios del siglo XX la recova gastronómica era el muro de un hospicio.

 

El centro comercial es como un bello hormiguero, con locales especializados en diseño, arquitectura y decoración. Desde 1997 es sede de la sucursal porteña de Hard Rock Café. Además, desde el piso superior se accede al Paseo del Pilar, una terraza enorme que tiene restaurantes refinados, modernos y hasta fast foods.

Buenos Aires Design es parte del complejo Terrazas del Pilar, desarrollado por la firma Emprendimiento Recoleta SA, con la colaboración de Alto Palermo SA (del Grupo Perez Companc) y el Grupo Banco Provincia. Como un pulpo, tan hermoso como monstruoso, el centro comercial se reinventa constantemente y no baja nunca de la cresta de la ola. Es el presente y el pasado entrelazados. ¿Qué da más miedo?

DZ/JPC

Fuente Redacción Z
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