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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

De hechos y palabras: la gran Galluccio

Análisis político por Eduardo Blaustein.

Por Eduardo Blaustein
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Para decirlo en términos futboleros, la designación del ingeniero Miguel Galluccio al frente de la nueva YPF dejó en clara posición fuera de juego a quienes alertaron sobre el riesgo de convertir a la petrolera en «un chiche de La Cámpora». Entre otros y otras, fue la diputada PRO, Paula Alonso, la que advirtió en el debate en Diputados acerca de ese peligro, mientras bramaba contra los excesos del patrioterismo y se envolvía en una bandera y mientras decía algo parecido sobre las malas emociones y dirigía su dedo mayor enhiesto en dirección a los palcos. Son muchos los desafíos de la gestión de YPF como para decir que una designación garantiza algo. Pero, por ahora, hasta el diario La Nación, furiosamente opositor, dedicó artículos más que elogiosos a la trayectoria de Galluccio.

Fue un gol de Cristina, otra vez. Porque manejó esa designación en secreto y con tiempo para contactarlo y conocerlo. Porque entre pausa y pausa en el debate sobre los problemas energéticos anticipó la idea de que YPF debe manejarse con valores de profesionalidad, pero con el Estado asumiendo la «dirección política». Porque agradeció repetidamente el apoyo de espacios opositores a la recuperación de la empresa. Porque dejó pasar la épica de la aprobación en el Congreso y se puso por encima de los festejos para coronar la semana pasada confirmando el nombre de Galluccio, convenientemente filtrado a los medios. Estos aciertos seguramente contrastan con lo que antes no hizo el Gobierno con YPF y el resto de las petroleras. El kirchnerismo se defiende de ese cuestionamiento con dos argumentos: «la autocrítica la hacemos modificando las políticas» y «sólo ahora, tras otras grandes medidas que tomamos desde 2003, más la consolidación del proyecto, podíamos recuperar YPF».

Buena cintura

El lunes Galluccio hizo su presentación oficial y no le faltó astucia (o fue bien guiado). Eligió a Comodoro Rivadavia, ciudad emblemática y en la que se formó en sus primeros años de profesión, para hacer una convocatoria a lo Bambino Veira, con mística pero también con razones. Habló de profesionalidad, de integridad, de trabajo en equipo, de transparencia, de una empresa con sentido nacional. Trazó un plan de cien días para recuperar productividad y de otro a largo plazo (recién en cinco años el país recuperaría el autoabastecimiento). Dijo que YPF puede ser una empresa de vanguardia a la hora de recuperar esos «pozos maduros» que Repsol abandonó por menos rentables. Y fue llamativamente audaz cuando afirmó que la empresa debe construir «una identidad basada en el desarrollo de los yacimientos no convencionales en Latinoamérica». Tenemos todo para ser la número uno en esa materia en América Latina, se animó a decir.

La exploración y explotación de recursos no convencionales es una especialidad de Galluccio, de modo que se supone que habría que creerle. Sin embargo el panorama a afrontar no es fácil. Aunque exista el célebre informe estadounidense que nos posiciona como dueños de la tercera reserva mundial de recursos no convencionales, a esas reservas hay que encontrarlas, certificarlas, y antes de poder explotarlas se debe evaluar de qué modo pueden ser económicamente viables. La explotación de los recursos no convencionales es mucho más cara que la tradicional (sólo un equipo para extraer gas implica una inversión de 20 millones de dólares). ¿Qué margen de ganancia, qué garantías y qué precios van a pedir los eventuales inversores?

El nuevo responsable de YPF también enumeró tres asuntos que calificó como de extrema importancia: «salud, seguridad y medio ambiente». Aunque con menos visibilidad que en el caso de ciertas mineras, y acaso ante la negligencia estatal, YPF y otras empresas han cometido verdaderos desastres ambientales (ese pasivo entrará en la cuenta a la hora de indemnizar o no a Repsol). El problema es que la explotación de petróleo y gas no convencional implica riesgos ambientales muy altos, derivados del tipo de perforaciones que necesita y la fractura de rocas. Como en la minería a cielo abierto, se utilizan grandes cantidades de agua inyectada a presión; agua que contiene químicos. En Estados Unidos ciertas prácticas de explotación, aunque relativamente flamantes, ya fueron prohibidas. Ese país, junto con Canadá, es vanguardia en materia de explotación de recursos no convencionales. Lo que también implica decir que la agencia ambiental estadounidense ya evalúa el impacto de la actividad en la contaminación de ríos y acuíferos.

Diálogo, materia gris, Macri

El altísimo consenso que obtuvo la aprobación en general de la recuperación de YPF desató una furia terrible y el consiguiente castigo divino de los medios dominantes contra la mayor parte de la oposición. Se sabe: piden consensos y cuando los hay se enojan también. Radicales, socialistas, lozanistas, solanistas, deberán ver si siguen apostando a ganar en consistencia, autonomía e identidad a riesgo de recibir ese castigo mediático. Por lo pronto es Lilita Carrió, tan derrotadísima en las últimas elecciones, la que circula por diarios y espacios televisivos como si hubiera salido segunda, y no Ricardo Alfonsín, Pino Solanas o Rubén Giustiniani. Esos mismos medios que declaman la necesidad de grandes acuerdos son también los que clausuraron otra noticia poderosa: la reunión de la Presidenta con jueces de la Corte Suprema y referentes de la oposición (Ricardo Gil Laavedra y Federico Pinedo entre ellos) para comenzar a discutir la reforma del código Penal. Antes se había hecho algo similar con el código Civil.

Deliberadamente por afuera de estos circuitos de diálogo, Mauricio Macri, el que siempre pide «bajar los niveles de agresión», eligió por enésima vez apostar a la construcción de su figura como Opositor Supremo, tratando de mostrarse como el único político que está en condiciones de (presuntamente) dirigirse a la Presidenta. Lo hizo una vez más victimizándose, ante un tema de gestión que no sabe cómo resolver, el destino de la basura porteña. Dijo que la Presidenta buscar «asfixiar» y «fundir» las finanzas del gobierno porteño, con la misma liviandad con que afirmó que parte del problema son los habitantes del conurbano que «dejan su bolsita de basura» en la ciudad. Mucha puesta en escena, como siempre (imagen con recortes de prensa a su espalda) y mucho gesto cariacontecido. Pero poca consistencia y menos datos duros para explicar cómo es que, gastando mucho más que las gestiones precedentes gracias a una mayor capacidad recaudatoria que le viene de afuera, su gobierno ha sido incapaz de afrontar siquiera con algún avance los desafíos que planteó la ley de Basura Cero.
Se demostró en el debate por YPF en el Congreso: hay opositores que tienen cosas importantes por decir y propuestas que el Gobierno eligió desestimar. Sería bueno que el oficialismo amplíe mecanismos de diálogo como en el caso de las reformas aludidas. Entre otras razones porque más allá de la firmeza de la conducción presidencial, de su capacidad de iniciativa, de la debilidad de los espacios opositores, hay frentes que siguen siendo peliagudos. Ejemplo 1: apenas si hay señales de qué se hará con los trenes tras la tragedia de Once. Ejemplo 2: la economía no afronta abismos pero se desacelera el crecimiento. ¿La inflación? Irrita como siempre.

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