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Daniel “Pipi” Piazzolla: “El apellido no me pesa para nada”

El nieto de Ástor hace su propia historia al frente de Escalandrum, su grupo de jazz urbano.

Por Norma Rossi
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escalandrum y hernan_pipi_piazzola

Es Pipi desde el secundario. “Por bajito –crecí de golpe– y porque nos llamábamos por el apellido. El mío era estruendoso.” La genética se le coló en los rasgos. Igual que la música en las venas.

Tres generaciones de Piazzolla, desde el enorme Ástor, pasando por Daniel padre, se enlazan en la historia del nombre de la banda que Pipi fundó en 1999 y lidera desde la batería: Escalandrum, remozado del tiburón escalandrún que solían cazar su abuelo y su papá con drum, tambor en inglés. Jazz contemporáneo con color de música argentina. Ahora, la Legislatura porteña lo nombró por unanimidad Personalidad Destacada de la Ciudad, y a la obra de su banda “de interés cultural”. “Me tomó por sorpresa y sin haberlo provocado ni mucho menos.” Los “escalandrunes” están recién llegados de Festival de Montreal, pronto embarcarán de nuevo para girar por Brasil y México y, a su regreso, les esperan más compromisos en el interior del país. En octubre, celebrarán 15 años juntos con un concierto en el teatro Coliseo. En un respiro de su agenda, Pipi Piazzolla habló con Diario Z.

¿Cuánto te pesa ser Piazzolla?
Nada. Si no, me hubiera dedicado a otra cosa. Nací prácticamente en un escenario, y siempre me dijeron que para estar ahí me iba a tener que matar estudiando. Eso hice. Practico las 24 horas. Para mí, tocar es algo natural y eso suaviza la responsabilidad del apellido. Me tomó 12 años hacer Piazzolla plays Piazzolla, el disco en homenaje a mi abuelo, hasta que sentí que el grupo estaba preparado para tremendo desafío. Finalmente ganamos el premio al mejor álbum y el Gardel de Oro en 2012 por ese disco. Fue muy importante para mí, precisamente por tratarse de un homenaje a mi abuelo. Entonces, más que nunca me quedé tranquilo al respecto.

¿Cuánto lo conociste?
Muchísimo. Me regaló mi primera batería, me llevó al mítico concierto que dio en el Colón. Tuve la suerte de que durante toda mi infancia mi papá tocaba en su grupo –El Octeto Electrónico–, por lo que vi todos sus conciertos desde los cuatro años: todas las versiones de “Libertango”, “Meditango”, “Zita”, “Whisky”, “Escolazo”; todos los homenajes que le hizo a Troilo. Para mí esa música es prácticamente de cuna. Y lo tuve hasta mis 20 años, así que lo curtí bastante.

¿Cómo nació Escalandrum?
De la amistad entre quienes lo integramos. Nos conocíamos, nos llevábamos bien, habíamos viajado varias veces a ver festivales de jazz. Todos tocábamos como sesionistas y nos juntábamos a la madrugada en un bar de Plaza Serrano a hablar de música, política, fútbol. Éramos un pianista (Nicolás Guerschberg), un contrabajo (Mariano Sívori), tres saxofonistas (Gustavo Musso, Damián Fogiel y Martín Pantyrer) y yo, todavía sin trompetista. Compartíamos casi el mismo gusto musical y un día decidí armar el grupo. Llevamos 15 años juntos, ensayamos todas las semanas, nos vemos bastante y nunca tuvimos problemas.

Pero fueron cambiando el perfil musical.
Arrancamos con una onda medio latina, pero después de la crisis de 2001 empezamos a mirar para adentro y a incorporar nuestros ritmos al jazz local. Lo hacían muy pocos, ahora hay muchos y está buenísimo. Pero Escalandrum, por su sonoridad y formación, llamó muchísimo la atención. Se caracteriza por sonar bien local. Creo que por eso nos convocan de todos los festivales de jazz del mundo y nos proponen giras: es necesario algo distinto en ese marco.

¿Hacen música porteña?
Últimamente estamos más urbanos, aquí nacimos. El tango es la música que nos representa a los argentinos. Los escalandrunes amamos este país, pero también mucho a esta ciudad. Nos sentimos re porteños. En realidad, la música de Piazzolla suena a Buenos Aires.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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