Tiempo en Capital Federal

28° Max 21° Min
Cubierto con lluvias
Cubierto con lluvias

Humedad: 67%
Viento: Nordeste 27km/h
  • Domingo 29 de Noviembre
    Parcialmente nuboso21°   31°
  • Lunes 30 de Noviembre
    Muy nuboso con lluvia17°   23°
  • Martes 1 de Diciembre
    Nubes dispersas20°   26°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Cúpulas: las 400 coronas de la Reina del Plata

Mágicas y elegantes, la mayoría fueron construidas entre 1890 y 1930. Signo del progreso de la burguesía argentina, hoy una ley las protege de la demolición.

Por Eduardo Diana
Email This Page
_DSC0467

Están allí, majestuosas y distinguidas, en las alturas de la ciudad. Quien las descubre, queda impactado. Sin embargo, suelen pasar desapercibidas. En­tre legiones de peatones que obli­gan a apurar el paso y cientos de autos que recorren las calles por­teñas, nos perdemos de disfrutar de algunos detalles de la magní­fica arquitectura de la ciudad de Buenos Aires. Pero basta con al­zar un poco la vista para descubrir otro cielo, salpicado de cúpulas de diversos tamaños y formas que coronan centenarios edificios.

“La cúpula es la marca final del edificio. Y aporta otro valor al paisaje de Buenos Aires”, dice la licenciada Liliana Barela, directora de la Dirección General de Patri­monio e Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires. “Es difí­cil que la gente pueda apreciar las cúpulas, no se puede ir por la ciu­dad mirando para arriba. Por eso, hace cuatro años implementamos el Programa de Miradores, que permite tener otra visión de Bue­nos Aires”, agrega.

De diversos estilos, entre los que sobresalen el árabe, el espa­ñol y el ruso, hace más de un si­glo que las cúpulas se recortan en el cielo porteño. Y le aportan una dosis de magia y elegancia a la ciu­dad. La Dirección de Patrimonio hace un año que viene realizando un relevamiento de las cúpulas. “Hemos contabilizado unas 400. En total, estimamos que debe de haber cerca de 600 en toda la ciu­dad”, apunta Barela.

En general están emplazadas en las esquinas, como una forma de resaltar los ángulos de las man­zanas y también para ofrecer me­jores vistas. Hay algunas que tie­nen forma de media naranja o de piña y otras son acebolladas. La mayoría se encuentra en Avenida de Mayo, el Centro, Congreso y la zona de Tribunales. Un programa las protege de la demolición.

El gusto dela burguesía

Si bien el horizonte de la ciu­dad virreinal ya exhibía las cúpu­las de las primeras iglesias católi­cas, el período de mayor auge de su construcción se extendió entre 1880 y 1930. Y fueron el símbo­lo de una época de opulencia. El proyecto político que gobernaba en esos tiempos en el país quería mostrar su poderío y la arquitectu­ra de Buenos Aires era un escena­rio inmejorable para exhibirlo. “Las cúpulas fueron un signo de progre­so y ostentación”, afirma Barela.

La elección de las cúpulas como elemento ornamental tam­bién denotaba el gusto de la bur­guesía porteña de fines del siglo XIX y principios del XX. En lo cul­tural, esa elite rechazaba las tradi­ciones locales y quería parecerse a Europa. La ciudad a principios del siglo XX se construyó a semejanza de París y los edificios se multipli­caron en espectacularidad.

Así fue que las familias más adineradas de Buenos Aires rema­taron sus grandes edificios con cú­pulas, y descubrieron que además de otorgarles un signo de estatus multiplicaba el valor de las pro­piedades. Luego los hoteles cuyos dueños eran inmigrantes europeos adoptaron ese recurso arquitectó­nico y el fenómeno comenzó a ex­tenderse por la ciudad.

Con vocación decielo

Tal vez una de las cúpulas que más llama la atención es la del Con­greso de la Nación, una de las más grandes que luce la ciudad de Bue­nos Aires. Se eleva 65 metros sobre el Salón Azul del Congreso y está a 85 metros sobre el nivel de la calle. Está revestida en cobre y trabajada en mármol con rosetones. Enorme, con forma de piña y de color verde esmeralda, se la puede llegar a ver desde la avenida 9 de Julio. Enfren­te del Congreso, la cúpula del edifi­co art nouveau de la Confitería del Molino, un clásico de Buenos Aires, siempre al borde del olvido.

Hacia Plaza de Mayo, el enorme edificio La Inmobiliaria, que ocupa una cuadra, en Avenida de Mayo al 1400, exhibe dos enormes cúpulas gemelas de color rojo sobre sus ex­tremos, una en la calle Sáenz Peña y la otra en San José. El espléndido edificio neorrenacentista fue inaugurado el 25 de mayo de 1910, durante los feste­jos del Centenario.

A una cuadra de allí se encuentra el Palacio Barolo, otra joya arqui­tectónica de la ciu­dad, que atrae con sus infinitos balcones y su cúpula que sos­tiene un faro, desde donde se obtiene una fantástica panorámi­ca de Buenos Aires. El edificio de Aveni­da de Mayo al 1300 está inspirado en La Divina Come­dia, de Dan­te Alighieri, y se terminó de construir en 1923. En­tre los fes­tejos del Bi­centenario, el 25 de mayo de 2010, se encendió nue­vamente su faro, luego de perma­necer apagado durante 40 años.

Joyas del casco histórico

Más allá de la peatonal Florida, en Avenida de Mayo al 500, otra deslumbrante cúpula, la del antiguo edificio del diario La Prensa, donde actualmente funciona la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciu­dad. La cúpula está coronada por la estatua de una mujer (representa a la diosa de la sabiduría Palas Ate­nea, que sostiene un farol, y pesa más de cuatro mil kilos). Cuenta una antigua leyenda que los barcos que llegaban al puerto de Buenos Aires tomaban la luz de ese farol como guía. Sin embargo, la histo­ria es poco creíble, dada la gran dis­tancia que separa al edificio del Río de la Plata. Además, la Casa Rosa­da bloquea su visión.

Desde Plaza de Mayo, si se mira hacia Hipólito Yrigoyen, Avenida de Mayo y Diagonal Norte se obtiene una panorámica deslumbrante, donde se pueden contabilizar, entre el edificio de la Legislatura y la Catedral, nue­ve cúpulas, apenas separadas por algo más de 150 metros. Allí se puede disfrutar, tal vez como en ningún otro lugar, de todo el esplendor del casco histórico de Buenos Aires.

Otra imagen des­lumbrante es la de las tres cúpulas que se pueden observar en el cruce de Flori­da y Diagonal Nor­te. Son las que es­tán emplazadas en los edificios La Equitativa del Plata, Miguel Bencich y Bencich y el edificio del Banco ICBC. Los tres emblemáticos edifi­cios fueron construidos en la déca­da del 20. El año pasado, al cum­plirse el centenario de Diagonal Norte, sus cúpulas se iluminaron como parte del plan de recupera­ción de fachadas y puesta en valor de Diagonal Norte y Florida.

La cúpula más grande de Bue­nos Aires es la del edificio central del Banco Nación, considerada como una de las más impactantes del mundo, junto con la de San Pe­dro, en el Vaticano; la del Capito­lio, en Washington, y la del Duomo de Florencia, en Italia. El imponen­te edificio está en la manzana de­limitada por Rivadavia, Reconquis­ta, Bartolomé Mitre y 25 de Mayo, y su cúpula tiene 36 metros de alto y 50 de diámetro.

Tradiciones y homenajes

Otra cúpula que acapara la atención es la de la Catedral or­todoxa rusa de la Santísima Trini­dad, frente al Parque Lezama. En­tre las casas bajas de San Telmo, sobresale el edificio de estilo mos­covita. Tiene cinco cúpulas en for­ma de cebolla de color azul, que están coronadas por pequeñas cruces que miran al Este, como marca la tradición ortodoxa rusa. Cada cúpula además tiene varias estrellas doradas.

En avenida Belgrano y Pasco, otra perlita: la iglesia Santa Rosa de Lima, construida sobre una cripta que le sirve como cimiento. Tiene un espacio central con 18 columnas de mármol verde que sostienen su cúpula recubierta de pequeñas tejas de cobre.

Hay más curiosidades ente las cúpulas porteñas. A una cuadra del Congreso, en la ochava de Ri­vadavia y Ayacucho, una bellísima y singular cúpula con aires catalanes rinde homenaje a Antonio Gaudí. Inaugurada en 1914 y restaurada en 1999, la cú­pula vidriada del edificio, una de las más vistosas de la Ciudad, tiene tres niveles, con un cupulín y una cons­trucción con forma de cebo­lla, rematada con una veleta de hierro. En el último nivel se colocó un gran telescopio. Al ser restaurada se agrega­ron en homenaje a Gaudí un escudo de Catalunya y una frase en catalán “No hi ha somnis impossibles” (No hay sueños imposibles). Entre la cúpula y el cupulín se dispu­sieron más de 900 piezas de vidrio espejado.

Hay muchas cúpulas más en Buenos Aires. Con otras formas y otras histo­rias. Como la del Club Espa­ñol, en Bernardo de Irigoyen al 100; la de la iglesia de San Pedro Telmo, en Humberto I al 300 o la del edificio Otto Wulff, en avenida Belgrano y Perú. A veces están algo escondidas, pero no convie­ne perdérselas.

Hay que levantar la ca­beza, olvidarse por un rato del bullicio de las calles y encon­trarse con ese cielo porteño habi­tado por delicadas formas. Otro cielo, acaso más poético. Y  donde no hay sueños imposibles.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario