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TEMAS DE LA SEMANA

Cuidar la salud y el medio ambiente

Al tiempo que cumplen con su misión de sanar enfermedades, los hospitales son fuente de contaminación a través de sus insumos e instrumentales.  La separación de basura y la eliminación de tóxicos, las prácticas centrales. 

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Hace cinco años la ONG Salud sin Daño logró que el Gobierno de la Ciudad prohibiera el uso de termómetros con mercurio en los hospitales porteños. Este primer paso los impulsó a crear la Agenda Global para Hospitales Verdes y Saludables que contiene un decálogo de objetivos que las entidades pueden llevar a cabo para transformarse en lugares más amigables con el medio ambiente y con sus pacientes, trabajadores y visitantes.
“El cambio empieza cuando el hospital comienza a pensar en qué se puede hacer para disminuir el impacto que produce en la comunidad en la que está inserto. A partir de ahí, los invitamos a sumarse a la Red de Hospitales Verdes y tomar, como mínimo, dos objetivos que esperamos puedan cumplir en un año”, explica María Della Rodolfa, responsable de Programas de Salud sin Daño para América Latina.
Entre los propósitos se encuentra el tratamiento y separación de residuos, la eliminación y el reemplazo de sustancias químicas, el ahorro de energía y la disminución del consumo de agua. (Ver recuadro)
En el ámbito de la ciudad, los hospitales Rivadavia, Fernández e Italiano forman parte de la Red que, en todo el país, reúne a doce entidades y que en Latinoamérica agrupa a más de 150 organizaciones relacionadas con el cuidado de la salud.
Della Rodolfa es clara para entender la importancia de transformar los hospitales en lugares ambientalmente seguros: “Es necesario poder mirar a largo plazo. Si contamos con una población que va a tener una menor cantidad de tóxicos en su organismo seguramente va a estar mucho menos enferma y entonces vamos a estar ganando en los próximos 10 o 15 años en salud y, por ende, se ahorrará mucho dinero”.
El hospital Fernández fue el primero en eliminar de todos los servicios a la vez los termómetros de mercurio, a los que siguieron los tensiómetros y las amalgamas del Servicio de Odontología. Luego de esto, la Dra. Mirta Borrás, a cargo del área ambiental del Servicio de Toxicología, se propuso avanzar en otras direcciones. De este modo, adoptaron dos de los objetivos de la agenda: el reemplazo de sustancias químicas y la reducción y el tratamiento de manera segura de los residuos.
“Cuando comenzamos a recorrer los pasillos, empezamos a ver alteraciones en el modo en que se acopiaban o manipulaban ciertas sustancias químicas: derrames de productos, fraccionamiento indebido de limpiadores, falta de etiquetado de bidones y botellas. La solución fue la instalación de campanas extractoras y la construcción de nuevas torres de ventilación, la clasificación de los elementos de limpieza, la prohibición del fraccionamiento de productos y el etiquetado de los bidones a lo que se suma una hoja de seguridad con el detalle de las sustancias que se utilizan y que deben quedar archivadas en el área de compras, en la Guardia y en Toxicología”, cuenta Borrás.
En cuanto a los residuos, el Fernández lleva adelante la separación de los desechos en orgánicos y reciclables y dispone de manera segura todos los residuos peligrosos.
“Tomamos la decisión de eliminar depósitos y residuos que no pueden estar en un hospital como éste donde todo lo que se hace afecta a quienes viven cerca. Para evitar el acopio, semanalmente se retiran todos los residuos. Además, se eliminaron los líquidos de los servicios de rayos X y se reducen y esterilizan los residuos del laboratorio”, agrega Borrás.
La ciudad de Buenos Aires cuenta con 33 hospitales públicos en los que trabajan 32.000 personas, atienden más de 9 millones de consultas al año y 181.000 partos, de acuerdo con cifras difundidas por el Ministerio de Salud porteño a fines de 2011.
“Es importante entender que todos nosotros estamos expuestos a muchos tóxicos todo el tiempo. La gente siempre relaciona la enfermedad con lo inmediato pero cuando uno se expone a sustancias tóxicas el efecto puede aparecer en 10 o 30 años. Por eso es fundamental trabajar en no exponer o en reducir la exposición al mínimo posible. La salud debe regirse por el principio de precaución y cautela. Un hospital verde debe partir desde ahí”, concluye Della Rodolfa.

Cumplir con las tres R

La correcta separación y disposición final de los residuos es otra de las características de los hospitales verdes. El 85% de los desechos médicos es similar a los domiciliarios (papel, cartón, alimentos, plásticos, etc.). El objetivo de máxima es aplicar la regla de las tres R: reducir, reusar y reciclar. En la ciudad de Buenos Aires, por decisión del gobierno, los hospitales públicos deben realizar la separación de residuos según lo establece la Ley de Basura Cero.
Del total de desperdicios el 10% se puede considerar patogénico o infeccioso y un 5% son sustancias químicas y radiactivas. En el caso de los residuos patogénicos (gasas muy sucias, todos los elementos corto punzantes que, previamente, deben desecharse en contenedores rígidos hayan sido usados o no, todo el material de los pacientes con enfermedades infectocontagiosas), se disponen en bolsas rojas que luego deben ser tratadas por autoclave o microondas. El objetivo del tratamiento es inertizar los residuos para luego ser depositados en un relleno de seguridad porque, aunque estén esterilizados, se los sigue considerando residuos peligrosos.
De acuerdo con la Ley 154 de Residuos Patogénicos que fue sancionada en 1999, todos los hospitales públicos cuentan con un servicio que retira los residuos y los trata para luego disponerlos de manera segura. Sin embargo, las instituciones privadas no están obligadas a esterilizar sus residuos por lo que entregan este tipo de materiales a empresas que los trasladan a la provincia de Buenos Aires en donde son incinerados. La incineración está prohibida en la ciudad desde la sanción de la ley 747 en 2002.
Los desechos químicos presentan un problema previo ya que, en muchos hospitales, se realizan compras excesivas de productos que luego se vencen y, en ese caso, se transforman en insumos químicos peligrosos. Lo más importante es pensar si ese insumo es necesario y si podría reemplazarse por otro que no contenga sustancias contaminantes ya que la disposición final debe llevarse a cabo en rellenos de seguridad.

Para saber más
Salud sin Daño: http://www.noharm.org/salud_sin_danio/www.hospitalesporlasaludambiental.

 

dz/lr 

Fuente Redacción Z
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