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Cuentos y canciones para bebes: Desde la panza

Los especialistas destacan los beneficios de leerles libros a los nenes desde los primeros días de vida.

Por Valentina Herraz Viglieca
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Child playing indoors 09 Jul 2013, France --- Child playing indoors --- Image by © B. Boissonnet/BSIP/Corbis

Mucho antes del momento del parto, las madres, los padres y los hermanitos le hablan al bebé a través de la pan­za: “Hermanito, yo antes estaba ahí, en mi mamá”, “¡Ey! Movete, así yo también te puedo sentir, abrojito” y otras tantas fra­ses similares se pueden escuchar dirigidas a una panza de embarazada. Hace bastante se empezó a recomendar poner música y, después del nacimiento, se verá cómo esas canciones ayudan al bebé a relajarse.

Hablarle a la panza, cantarle, ponerle música, acariciarla son todos actos instin­tivos de quienes están esperando ansiosos la llegada de un bebé. La Sociedad Argen­tina de Pediatría (SAP) también recomienda leerles a los bebés y dejarlos relacionarse con los libros desde el primer día. Es más, aclaran que “el primer camino para re­lacionar a los niños con los libros es hablarles, cantarles y contarles his­torias desde antes de nacer”.

Se podría pensar que no tiene sentido relatarles historias o leerles poesías o cuentos a los bebés. Pero aunque no sepan leer, escuchar rela­tos sirve para aprender a comunicarse con otros, ayuda a conocer palabras nuevas y facilita la posibilidad de hablar. La SAP acla­ra que: “Los bebés disfrutan cuando se los tiene en brazos para contarles historias, de­cirles rimas, cantarles canciones o mostrar­les fotos y dibujos de colores”.

Noni noni libros

Amedida que los bebés van crecien­do existen distintos tipos de libros que se adaptan a cada edad: leer ayuda a relajar­se y siempre es mejor ir a la cama a contar una historia que tener la tele prendida has­ta cinco segundos antes de dormir. Através de las historias se aprenden palabras y con­tribuye a la imaginación. No siempre es necesa­rio tener un libro en la mano, se puede con­tar un cuento tomando de persona­je a cualquier objeto que haya en la habita­ción o dejar que el niño proponga.

Hay momentos “aburridos” que son ideales para contar una historia, como un viaje en colectivo o la espera en un consul­torio. Con una historia se puede ayudar a imaginar y la historia puede terminar cuando la situa­ción que la inició se ter­mina: bajar del colec­tivo o pasar a ver al doctor.

Los pediatras reco­miendan leerles cuen­tos a los niños, porque “es un modo de com­partir momentos de inti­midad, brindando seguridad y afecto”.

Los más pequeños adoran la re­petición, van a pedir la historia una y otra vez. Por eso, cambiar las voces, su­mar nuevos personajes o pedirles que cuenten una parte de la his­toria son maneras de involucrarlos cada vez más con el relato.

Los chicos quieren agarrar los libros, chuparlos o tirarlos. Y es sano que lo hagan. Aveces quieren arrancar los personajes que más los atraen y si hay al­guno que no les gusta lo quieren tapar con marcadores. Hay que tener en cuenta que es importante que agarren los libros, si no cuando sean un poco más grandes va a costar más que se relacio­nen con ellos. Para evitar que rompan el libro, hay que elegir aquellos que son adecuados a la edad de los hijos.

Existe una variada oferta de libros, algu­nos intercalan distin­tos materiales para que los bebés empiecen a di­ferenciar texturas. Hay libros de tela, de plástico y otros im­permeables, que se pueden meter en el agua o chupar, sin arruinarlos. También hay libros que tienen sonajeros o mordi­llos, y otros de hojas gruesas y duras para que no se rompan con facilidad. En gene­ral no tienen texto o tienen breves historias que se pueden leer mientras el bebé juega. También se pueden comprar libros para co­lorear y enseñarles que en esos sí se pue­de pintar.

Un mundo infinito 

Amedida que van creciendo, cada vez aparece más texto y las hojas se van haciendo más finitas. Los chicos pueden elegir sus pro­pios libros y cuando no hay plata para com­prar nuevos, se puede buscar una biblioteca en el barrio, anotarse e ir a elegir juntos cuál será el libro para compartir esa semana.

El mundo de los libros es infinito, cada historia puede servir para distintas cosas, conocer el lugar donde se crece, los ani­males, dejar los pañales, asimilar la llega­da de un hermanito, no tener miedo a la oscuridad, saber cómo va a ser el jardín y la escuela o el primer amor. Los libros abren puertas para ir a jugar, puertas que ya no se cierran.

Fuente Redacción Z
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