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Cuentacuentos: Relatos que cobran vida a través del cuerpo y la voz

Cautivan con su destreza vocal y escénica en esta práctica tan antigua como la humanidad. Cada vez hay más lugares donde ver sus espectáculos, para grandes y para chicos.

Por Dolores Sosa
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Se cuenta que en la década del 30, dos familias adineradas de Buenos Aires se vieron enemistadas por una historia de amor que dejó su marca en la arquitectura de la ciudad: los Anchorena, que vivían en el actual Palacio San Martín, y los Kavanagh, adinerados, pero no patricios. En esa época, los Anchorena decidieron construir la iglesia del Santísimo Sacramento, una de las más lindas de la ciudad, que ellos usaban como sepulcro. Parece ser que por esos días, uno de los Anchorena se enamoró de una Kavanagh, pero la relación no fue aprobada por su familia. Entonces la madre de la niña rechazada ordenó la construcción de un edificio cuyo único requisito era que impidiera la vista desde el palacio a la iglesia. ¿Resultado? La construcción del Edificio Kavanagh, por muchos años el más alto de Sudamérica, que impidió para siempre la vista de la iglesia desde la mansión de los Anchorena.

Buenos Aires es una ciudad que cuenta. A través de su arquitectura, en las fisonomías de sus habitantes, en sus artistas y en sus barrios, en sus leyendas, mitos y cuentos. Con dos fundaciones en su historia –la primera por Pedro de Mendoza en 1536 y la segunda por Juan de Garay en 1580–; con la huella de inmigrantes que la convirtieron en una metrópoli cosmopolita; con escritores de la envergadura de Jorge Luis Borges o Adolfo Bioy Casares, Buenos Aires tiene mucho que contar. Tal vez sea esa misma impronta la que haya viajado por los ADN de sus habitantes y hoy se acentúe a través de una mayor presencia de la técnica de la narración oral.

El arte de contar historias, como aquellas narradas por abuelos en la infancia, se mantiene encendido a través de los narradores orales. Aunque en este caso no se trata sólo de historias para chicos, porque los adultos son grandes escuchadores también. “Se suele asociar el trabajo del cuentacuentos con lo infantil, pero aquí, donde más campo de trabajo hay es con los adultos”, explica Claudio Ledesma, contador profesional de historias; así lo señala su tarjeta personal.

Hoy hay muchas formas de contar cuentos y esas diferencias se deben a objetivos, escenarios e intenciones. En Buenos Aires, pueden suceder en un café, en el teatro, en la radio, en el aula o hasta en una fiesta. Incluso, en campañas publicitarias. Además, existe un Encuentro Internacional de Narradores Orales organizado por la Feria del Libro y el Festival Internacional de Cuentacuentos “Te doy mi palabra”.

Usar la voz y el cuerpo
La narración oral consiste en contar cuentos, historias o leyendas. Además del mensaje, en la disciplina es importante la voz, las pausas, los gestos, las miradas; un contexto que se construye con la presencia de quien cuenta y quien escucha.
Juan Parodi, director teatral y formador de narradores orales, opina que el auge del género en el país se vincula con la aparición de escuelas de narración y con el trabajo y la calidad de narradoras pioneras como Ana María Bovo o Marta Lorente. Como propuesta de trabajo, él toma a la narración oral como un acontecimiento escénico e incorpora herramientas provenientes del teatro. En su experiencia como director durante 10 años del grupo “Cuentos y Encuentros” en el Café Tortoni, decidió llevar la narración “a un plano más profesional, con un rigor de trabajo, de ensayo y de producción”: “Sumé recursos teatrales habituales como vestuario, objetos, iluminación y banda sonora”.

Sin embargo, existen diferencias con el teatro. “En la narración oral, la conexión entre el narrador y el público es directa. No hay personaje. El narrador siempre mira al que le está contando; en teatro en general se le cuenta al universo”, aclara Parodi, quien además dirige “Rosa Brillando”, una obra inspirada en la poeta uruguaya Marosa Di Giorgio. A través de relatos, canciones e imágenes, se propone un encuentro entre lenguajes escénicos, literarios y visuales, en una antigua casona cercana a Parque Lezama.

Por su parte, Ledesma se inclina por contar relatos de autores contemporáneos como Abelardo Castillo, Liliana Heker o Graciela Cabal. Pero no sólo cuenta cuentos, también anécdotas, artículos periodísticos o ponencias. “Mis espectáculos duran en general una hora para adultos y 45 minutos para niños. En esa hora se cuentan entre seis y ocho cuentos para que el espectador pase por distintas emociones”, argumenta.

Otras formas de contar en Buenos Aires son las leyendas urbanas. Algunas con orígenes en fundamentos históricos y otras que se pasan de boca en boca. Lo cierto es que existen libros como “Buenos Aires es leyenda”, páginas Web y perfiles de redes sociales –Rincones, historias y mitos de Buenos Aires-, y circuitos turísticos por los barrios de la Ciudad -como el tour Buenos Aires Misteriosa-, que recuperan parte de esas historias.

En tiempos donde parece que los momentos de reunión familiar no son ya tan frecuentes para escuchar buenas historias, el movimiento de la narración oral cada vez atrae más público y se posiciona como una de las actividades que desencadena con mayor intensidad la creatividad, la imaginación y la comunicación. Como señala Parodi: “Contar un cuento es una experiencia sensorial, se cuenta con todos los sentidos”.

 

Voces en la web
Además de espacios como teatros, bares o eventos, las redes sociales también se convirtieron en un lugar para contar historias. Ana María Bovo, una de las narradoras más destacadas del país, explica que si bien suele narrar en salas de café concert o en teatros, encontró un lugar para relatar en las redes sociales, a través de la difusión de sus “foto-relatos en Facebook”: “Mis cuentos superaron las 100.000 reproducciones, tienen una enorme repercusión”, afirma la artista.

A través de las redes sociales como Facebook, Twitter o YouTube es factible utilizar recursos como enlaces, vídeos o imágenes, para facilitar la narración de cuentos. Pero a diferencia de otros espacios, en las plataformas online queda relegado un aspecto importante para la disciplina como lo es la mirada, que conecta en forma directa al narrador con el espectador. Ana María Bovo, a partir de su experiencia en la narración oral y online, sostiene: “Confío en la calidad y la calidez de la voz. Ahí se hace presente también la corporalidad y la calidad expresiva”. Ella afirma que la narración oral “atrae cada vez más público y resulta tentadora para trasmitir emociones”.

 

Los gajes del oficio
Había una vez una vieja, virueja virueja, de pico picocuesca de pomporerá. Así empezaba el cuento que la mamá de Claudio Ledesma, narrador de cuentos profesional y director del Festival Internacional de Cuentacuentos, solía contarle en la cocina de su casa. Para él, a través del narrador, el relato “adquiere una fuerza de vivencia”.
¿Cómo se realiza la adaptación de un cuento a la técnica de la narración?
La técnica de la narración oral entiende que el narrador no cuenta el cuento de memoria, entonces hay un trabajo de adaptación que hace el artista para respetar el mensaje y las marcas del autor. La idea es que se converse en la oralidad el espíritu que el autor le dio a su libro. Así como se pasan textos literarios al cine, lo mismo sucede con los cuentos: de un lenguaje escrito se pasa a uno oral.
¿Qué se precisa para ser un cuentacuentos profesional?
Es importante la lectura. Si quiere ser un profesional, el artista tendrá que desarrollar su propia identidad. Y eso se consigue leyendo mucho, buscando material y preparándolo.
¿Cuál es la diferencia entre contar para chicos que para adultos?
Los niños son el público más exigente. Tengo que gastar el doble de energía que para el público adulto. Sin embargo, en cuanto a literatura, no considero que haya una para chicos y otra para adultos. La literatura infantil, antes que nada, es literatura.
¿En qué ámbitos contás tus cuentos?
Puedo contar en un café, en una biblioteca, en la radio y en un teatro también. Me contrataron para hacer publicidades para heladerías y bodegas de vino, y en muchas oportunidades tuve que viajar como los bailanteros a la noche para hacer tres o cuatro eventos; iba de Lomas de Zamora a cumpleaños y casas.

 dz/lr

 

Fuente Redacción Z
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